(Crédito: OADM)Cada 17 de agosto, la memoria colectiva suele recordar desde la frialdad del bronce y la solemnidad de los monumentos a uno de nuestros fundadores: José de San Martín. Sin embargo, para descubrir la verdadera grandeza del Libertador de América, resulta indispensable descorrer ese velo mítico y recuperar su dimensión humana: la del estratega militar pero también la del administrador honesto, el líder público comprometido y el ciudadano profundamente ético. En una época donde las sociedades reclaman referentes de honestidad y decencia pública, la figura del Gobernador Intendente de Cuyo recobra una vigencia de moral pública que estremece, interpelándonos ya no desde la lejanía de la monumental epopeya del Cruce de Los Andes y las batallas épicas, sino desde el llano de la conducta diaria y el compromiso cívico.
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