Parecía ser una tarde más para Brian Muñoz, Mario Calfulén y José Gallardo desde que salieron de Manzano Amargo. Una tarde más en la rutina de lo extraordinario del norte neuquino, porque iban por la Ruta Provincial 54, una maravilla de apenas 95 km que avanza entre montañas, puestos de veranada y picos nevados mientras la traza bordea el Neuquén, el río que pasa cristalino desde que nace 50 km aguas arriba como un hilito que baja de la montaña y después suma otros hilitos y arroyos y ríos para dar vida a un caudal cada vez más potente. Es un tesoro de la Patagonia que de a poco deja de ser el secreto mejor guardado.
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