La división de lo inseparable
No es fácil separar las aguas, cuando el cauce las deja correr, aunque las orillas dividan su curso. Fluye de una sola manera, con mayor o menor crecida. Por más que nos aislemos, aferremos juncos, nademos a favor de la corriente, estamos todos embarcados. El curso de la humanidad es inevitable. Como escribe Borges en su también inevitable ensayo “Nueva refutación del tiempo”: “Nuestro destino, es espantoso porque es irreversible y de hierro, el tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río. ”De mejor o peor manera, en la superficie, más hundidos, estamos adentro. De un lado y del otro, enfureciendo las aguas en lugar de propiciar su fluidez, están los que mandan o despotrican; unos enfermos de poder, los otros, de furia, que no saben nadar sin hundir a otros… Y en el medio, el agua que corre, el vértigo, la supervivencia, la alegría de vivir, las dificultades, la corriente que pulsa y arrastra. Pero, ¿se puede dividir un río? ...