Una taza en la que todavía queda un poco de café con leche reposa en la mesa de la cabaña de Uishèra, a primera hora del sábado 4 de julio. Imaginamos que el pastor ha salido hace poco a controlar los rebaños, aunque en la montaña no vemos a nadie. Tampoco divisamos cabras ni ovejas, ni a sus perros guardianes. En el caso de que hiciera acto de presencia un can protector, Manu tiene un plan B, ascender el vecino Montlude para evitar eventuales problemas. Pero no es necesario ponerlo en práctica.

El punto de encuentro es Vilamòs, a 1.255 metros de altura, y, según cuentan, el pueblo más antiguo de la Val d’Aran. Las calles emergen en la vertiente sur de la montaña de Uishèra, aunque la cima está en el término municipal de Arres. Manu Sánchez, mosso d’Esquadra de la Unitat d’Intervenció de Muntanya (UIM) en Vielha, se conoce muy bien los rincones de los Pirineos al sumar doce años en este grupo que cubre la Val d’Aran, la Alta Ribagorça, el Pallars Jussà, el Pallars Sobirà y la Noguera.
La montaña de Uishèra nos depara una ruta tranquila y con espléndidas vistas del Aneto
Subimos en todoterreno por una pista forestal hasta la cabaña de Uishèra. En total unos diez kilómetros por una vía, a ratos asfaltada a ratos de tierra, que también conduce al área de recreo de la Bassa d’Arres, donde pueden visitarse en verano las minas Victoria. La Val d’Aran atesora un pasado minero; a comienzos del siglo XX se inició la explotación de blenda, de la que se extraía zinc, principalmente en Arres y Bossòst.
La salida de hoy es un cómodo paseo, la ascensión más asequible de esta serie, que puede complementarse recorriendo otros atractivos de la zona como las citadas minas. Es una cima muy recomendable pues con muy poco esfuerzo disfrutamos de excelentes vistas del macizo de la Maladeta presididas por el Aneto.

Con Manu y su pareja, Marta Llordés, muy habituados a estas cumbres pues residen en Vilamòs, subimos y bajamos en dos horas y 22 minutos, incluyendo las paradas para charlar y tomar fotos. Son solo 376 metros de desnivel positivo y poco más de tres kilómetros. Una excursión perfecta para entrenar y realizar antes del desayuno o al atardecer. Los que quieran más marcha tienen la opción de alargar el recorrido ascendiendo también el Montlude (2.518 metros). Ambos picos forman parte del reto de los 100 Cims de la Federació d’Entitats Excursionistes de Catalunya (FEEC).

Antes de llegar a la cabaña de pastor un cartel con dibujos alerta, en francés, de cómo actuar en caso de que topemos con alguno de los perros que protegen el ganado que pace en el monte desde finales de mayo. Los consejos y el sentido común indican que lo esencial es mantener la calma, entrar en pánico es lo peor. No deben hacerse movimientos bruscos, ni echar a correr pues el can lo interpretará como una amenaza. Es importante no mirarle fijamente a los ojos ni gritar, andar despacio y alejarse de los animales dando un rodeo. El alcalde de Vilamòs, Oriol Salas, responde por teléfono que en total ocho rebaños trashumantes, siete del Baish Aran Aran y uno de Francia, que suman unas 1.300 ovejas y cabras, camparán por estas montañas hasta finales de octubre. Un año más se ha procedido a la agrupación del ganado ovino y caprino para unir recursos y evitar en lo posible el ataque de osos y otros carnívoros. Salas añade que la presencia de mastines y el trabajo durante estos cinco meses de un pastor, en este caso llegado de Francia, es esencial.

Intuimos que este es el pastor que ha dejado su café con leche a medio terminar en la confortable barraca de Uishèra, abierta también a los vecinos, según consta en un cartel.
No hay ningún sendero pero la ruta es muy evidente hasta el collado por un prado alpino salpicado de algún que otro pino. Dejamos las vistas de la Maladeta a nuestras espaldas y nos giramos con frecuencia para disfrutar del panorama cuando las nubes lo permiten. Manu advierte que quien quiera subir en verano este pico mejor que se cerciore antes de que los rebaños corren por otras vertientes. Durante el tranquilo ascenso cuenta que su trabajo como mosso de montaña consiste en acceder a aquellos entornos a los que una patrulla no puede llegar para proceder al levantamiento de cadáveres, además de realizar la inspección y el pertinente informe técnico del suceso. “En junio la unidad de Vielha actuamos en cuatro muertes en la montaña, la última fue en Àreu, en el pico Baborte, donde tras el aviso de desaparición dado por la familia hallamos el cadáver de un hombre. Afortunadamente no ha habido fallecidos en julio. La media anual en la zona de nuestra competencia es de doce a quince víctimas mortales”, detalla.

Las tareas habituales de esta unidad de los Mossos son acudir al parque nacional de Aigüetortes i Estany de Sant Maurici para verificar que no se incumpla la normativa, revisar vías de escalada, visitar refugios, inspeccionar barrancos, además del trabajo de oficina, entre otras labores.
Una vez en el collado enfilamos con rapidez hacia la solitaria cima, a 2.339 metros, desde donde también disfrutamos de las cumbres del lado francés, del Montlude, de Artiga de Lin, del Montcobison... Deshacemos el camino sin prisas, miramos a ambos lados y al desembocar de nuevo en la cabaña de pastor comprobamos que no hay ningún perro protector a la vista.

Lee también
- Reivindicaciones de altura con vistas al Aneto
- Lecciones de geodesia en una montaña solitaria
- Una ascensión con vestigios de la guerra civil
- Marmotas, rebecos y el festín de los buitres

Periodista.