Un hombre sostiene una barra con discos de pesas sobre sus hombros, agachado, en un gimnasio con espejos y otras personas y equipos de ejercicio.

La adicción al ejercicio puede afectar tanto a aficionados como a deportistas de alto rendimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

La preocupación por el bienestar físico y la disciplina deportiva encontró en la cultura del fitness un terreno fértil para crecer, especialmente en un contexto donde la consigna de “no pain, no gain” se repite en gimnasios y redes sociales. Sin embargo, especialistas advierten que el ejercicio puede transformarse en una conducta adictiva, con riesgos físicos y emocionales cuando deja de ser una elección y se convierte en una obligación. Estudios recientes y testimonios recogidos por Infobae revelan las señales que permiten identificar cuándo la dedicación al entrenamiento cruza una línea peligrosa.

De acuerdo con un estudio publicado en Journal of Behavioral Addictions, la adicción al ejercicio no solo existe, sino que resulta más común de lo que muchos imaginan, aunque suele ser malinterpretada. Investigadores de la Universidad de Flinders, en Australia, lideraron la investigación, que concluyó que, si bien la actividad física regular es beneficiosa, un pequeño grupo de personas desarrolla patrones problemáticos que conllevan consecuencias negativas. “La diferencia clave radica en si el ejercicio es una elección o algo que una persona se siente obligada a hacer”, explicó el profesor Zsolt Demetrovics, director del Instituto Flinders para la Salud Mental y el Bienestar.

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La adicción al ejercicio, definida como una pérdida de control sobre la conducta de entrenar, puede llevar a las personas a continuar con su rutina a pesar de lesiones, enfermedades o incluso a costa de relaciones, trabajo y descanso. Según el trabajo, “las consecuencias negativas incluyen lesiones físicas, angustia emocional y tensión social”. A pesar de su impacto, la adicción al ejercicio todavía no cuenta con un reconocimiento formal en los principales sistemas de diagnóstico, lo que complica su identificación y tratamiento.

Una mujer en ropa deportiva negra hace ejercicio con mancuernas en un gimnasio, frente a una cámara de video en un trípode que graba.
La presión social y los mensajes en redes influyen en la relación con el cuerpo y el entrenamiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

El psicólogo deportivo y director de la Diplomatura en Psicología del Deporte de la Universidad Austral Sebastián Blasco (MN 52.655) comenzó a explicar a Infobae que el mecanismo adictivo no depende únicamente de la cantidad de entrenamiento, sino del vínculo que se establece con la actividad. “La adicción al ejercicio se caracteriza por la pérdida de libertad. El deportista ya no elige entrenar, sino que siente la necesidad de hacerlo para estar bien o como una forma de escapismo disfuncional. El problema aparece cuando ese alivio se convierte en la única vía de escape o la única estrategia para regular las emociones”, detalló Blasco consultado por este medio.

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Blasco explicó que el ejercicio suele asociarse con la liberación de endorfinas y una sensación de bienestar, pero cuando se convierte en la única respuesta automática ante la ansiedad, el enojo o el vacío existencial, deja de ser un recurso saludable. “La actividad pasa a ser una dependencia emocional”, sostuvo.

El estudio de Journal of Behavioral Addictions respalda esta mirada al señalar que la adicción al ejercicio responde a una compleja interacción de factores biológicos, psicológicos y conductuales. Las presiones sociales, la cultura de la imagen corporal y los problemas de salud mental, como la ansiedad o los trastornos alimenticios, suelen estar presentes en quienes desarrollan este tipo de dependencia.

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Mujer con ropa deportiva gris realiza flexiones sobre dos mancuernas negras. Su rostro sudado mira al frente. Fondo de gimnasio con máquinas de ejercicio.
La ansiedad o culpa por faltar a una rutina puede indicar una relación poco saludable con el entrenamiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cultura deportiva y el entorno digital influyen notablemente en la normalización del exceso. Blasco observó: “Vivimos en una cultura que premia el exceso constante. Admiramos a quien nunca afloja, quien entrena todos los días, quien no pone excusas. Pero a veces en esa falta de poner excusas perdemos compasión con nosotros mismos y no somos conscientes del costo psicológico que conlleva eso”.

La profesora de Educación Física, licenciada en Alto Rendimiento Deportivo y especialista en Medicina del Ejercicio y Salud Claudia Lescano, señaló en este punto que las redes sociales amplifican la presión al mostrar “versiones demasiado editadas de la realidad: cuerpos perfectos, rutinas extremas y mensajes que equiparan el valor interno con la disciplina”. Esta exposición puede llevar a muchas personas a confundir salud con obsesión y a equiparar disciplina con bienestar, cuando en realidad la diferencia es profunda.

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“La disciplina nace de la capacidad de mantener el hábito para cuidar la salud o alcanzar una meta, mientras que en la compulsión el ejercicio deja de ser una elección para convertirse en una obligación rígida”, explicó Lescano a Infobae.

Cansancio fatiga ejercicio
El sobreentrenamiento puede tener consecuencias físicas, emocionales y sociales (Freepik)

Los especialistas consultados coincidieron en que existen signos claros que permiten reconocer cuándo la práctica deportiva deja de ser saludable:

1. Entrenar a pesar del dolor o lesiones. Tanto el estudio de la Universidad de Flinders como los especialistas remarcan que una de las señales más evidentes es la persistencia con rutinas de ejercicio incluso cuando existen molestias físicas, lesiones o enfermedades. Lescano advirtió que “el cuerpo envía señales clarísimas cuando entra en síndrome de sobreentrenamiento: lesiones recurrentes que no curan, tendinitis, sobrecargas o molestias crónicas porque nunca se le da al tejido el tiempo de reparar”.

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2. Ansiedad, culpa o irritabilidad al faltar al entrenamiento. Blasco describió que “quien presenta una adicción vive la posibilidad de postergar el entrenamiento con una gran angustia. Experimenta mucha culpa o ansiedad cuando no puede hacerlo”.

3. Priorizar el ejercicio sobre otras áreas de la vida. La adicción se manifiesta cuando la rutina de entrenamiento desplaza actividades sociales, familiares, laborales o de descanso. “Se descuidan los vínculos personales, el trabajo y el descanso para cumplir con el entrenamiento, como si estuviese vinculado al deber ser moral”, señaló Blasco.

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Un hombre y una mujer se inclinan con las manos en las rodillas, con vapor saliendo de sus bocas, tras hacer ejercicio en un parque al atardecer.
El descanso es fundamental para evitar el desgaste y las lesiones crónicas (Imagen Ilustrativa Infobae)

4. Pérdida de disfrute y sensación de obligación. El ejercicio deja de ser placentero y se convierte en una exigencia ineludible. “Toda la autoestima depende de haber entrenado ese día. La identidad se construye a partir del entrenamiento y del hacer”, ejemplificó Blasco.

5. Entrenamiento oculto o doble sesión. Lescano identificó que algunos alumnos cumplen el plan que ella les diseña “y le suman secretamente horas de cardio por su cuenta”.

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6. Ponerse a la defensiva ante sugerencias de descanso. La entrenadora relató que “ponerse a la defensiva cuando se sugiere un día de descanso activo o regenerativo” es otra señal de alarma.

7. Síntomas físicos de sobreentrenamiento. Entre los síntomas físicos, Lescano mencionó el estancamiento o caída del rendimiento (“entrenar igual o más duro pero rendir menos”), alteraciones del sueño, fatiga crónica e inmunidad baja: “Sensación de agotamiento constante y facilidad para pescar resfriados o infecciones leves”.

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Estas señales forman parte de una constelación de síntomas que, según el Journal of Behavioral Addictions, pueden provocar pérdidas significativas en la calidad de vida y requieren atención especializada.

Un hombre vestido con camiseta sin mangas gris y pantalones cortos negros utiliza una máquina de remo estático en un gimnasio con equipo deportivo
La adicción al ejercicio no está reconocida formalmente como diagnóstico, pero sus efectos son reales (Freepik)

El límite entre la disciplina y la adicción resulta difuso, especialmente en contextos donde el sacrificio y la exigencia se valoran como virtudes. Para Blasco, “el compromiso tiene que ver con una ampliación del repertorio. La adicción va estrechando las posibilidades. La disciplina amplía libertad y ayuda a construir una vida más plena. La compulsión la reduce”.

Lescano coincidió y sumó: “La disciplina es la capacidad de mantener el hábito para cuidar la salud o alcanzar una meta. Si surge un imprevisto, si estás enfermo o necesitas descansar, lo aceptás sin culpa. El entrenamiento suma a tu vida. En la compulsión el entrenamiento no suma, sino que controla la vida de la persona, llevándola a entrenar incluso lesionada o enferma”.

Hombre de pie con un cinturón de medición en el torso frente a un médico con bata blanca en un consultorio con máquina, monitor y portátil.
El apoyo interdisciplinario es clave para abordar la adicción al ejercicio (Imagen Ilustrativa Infobae)

El impacto de la adicción al ejercicio puede ser profundo. El estudio publicado en el Journal of Behavioral Addictions advierte que “los hallazgos epidemiológicos reportan tasas de prevalencia infladas, en parte por instrumentos de autoinforme que no distinguen entre ejercicio patológico y pasión”. Sin embargo, sí hay consenso sobre las consecuencias: lesiones físicas, angustia emocional, tensión social y una identidad personal atada exclusivamente al rendimiento físico.

El abordaje requiere un trabajo interdisciplinario. Blasco recomendó que “el tratamiento debería ser interdisciplinario, donde intervengan un psicólogo, un médico, un nutricionista, un entrenador y un psiquiatra si fuese necesario. Gran parte del trabajo tiene que ver con ampliar las fuentes de bienestar y colaborar para que el deportista no forje su identidad en el desempeño físico”.

Lescano agregó que la recuperación implica reeducar el plan de entrenamiento: “No se negocian los días de descanso total, el descanso ante el dolor, y el sueño y la nutrición adecuada. En lugar de cortar el ejercicio de golpe, se reduce la intensidad y el volumen, y se reemplazan días de alta intensidad por actividades regenerativas”.

Blasco planteó en este punto, que el primer paso es reconectar con el sentido y el disfrute de la actividad: “Entreno porque disfruto, porque me hace bien, o entreno porque siento que si no lo hago soy menos valioso. El trabajo consiste en aprender nuevas formas de regular la emoción y poner palabra a lo que nos pasa”.

Una mujer de cabello recogido y camiseta sin mangas naranja, pantalones negros, está en postura activa al aire libre; el sol brilla al fondo.
Redefinir el sentido del entrenamiento ayuda a recuperar una relación positiva con la actividad física (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio internacional liderado por la Universidad de Flinders subraya la necesidad de mayor conciencia entre profesionales de la salud, entrenadores y la comunidad. “Más no siempre es mejor, y mantenerse sano significa saber cuándo retroceder y cuándo seguir adelante”, concluyó Demetrovics.

La prevención y la detección temprana, según el Journal of Behavioral Addictions, dependen de una mayor investigación clínica y de una mirada empática hacia quienes cruzan el umbral del ejercicio saludable hacia la adicción. El desafío consiste en distinguir el compromiso genuino de una compulsión que limita la vida y pone en riesgo la salud.