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02/08/2026 a las 00:46h.
¿Qué fue de Pablo Casado? El itinerario del que fuera líder nacional del PP es un buen ejemplo de los procesos de primarias. Ese método de elección interna importado, que en su momento se exhibía como una prueba inequívoca de democracia orgánica, los partidos valencianos le han dicho adiós de una manera prácticamente definitiva a diez meses de elecciones. ¿Para qué hace falta unas primarias habiendo un buen dedazo o una negociación propia de los reservados de los restaurantes? Las primarias han quedado orilladas, esquinadas y relegadas en pro de la imagen de unidad. A la hora de elegir entre democracia interna y cohesión interna, en los partidos valencianos también ha ganado la segunda opción.
Compromís ha dejado aparcada para septiembre la negociación de la implantación de este proceso. Hace cuatro años, sin embargo, fue un 6 de septiembre cuando se ratificó una hoja de ruta para ese tipo de elección que ahora, sin embargo, se ha quedado pendiente de negociar.
En el PSPV, las primarias son como el rinoceronte de Java o el oso polar, especies en peligro de extinción. Tal y como admiten diputados y dirigentes provinciales, las primarias socialistas solo se celebrarán, paradójicamente, en los sitios donde no hagan falta para convertirlas en una exaltación de sus líderes, o en los municipios donde la sangre llega al río y no haya manera de imponer un candidato.
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El PPCV, que hizo un amago en la Comunitat cuando Isabel Bonig lideraba el partido, nunca volvió a repetirlo y ahora incluso parece bien complicado celebrar incluso un congreso, por mucho que lo pida Paco Camps.
En Vox, las primarias, ni están ni se las espera. Los dirigentes voxistas admiten por activa y por pasiva, en público o en privado, que sus candidatos en la Comunitat, ya sea para la Presidencia de la Generalitat como para las capitales de provincia, los decidirá Abascal en Madrid. Y que además lo hará en el último momento porque, alegan, que los candidatus autonómicos o locales se mueven todos en una misma sintonía, por lo que, poco más o menos, importa poco el quién y mucho el para qué. Como para celebrar primarias.
Sin embargo, hubo un tiempo en que las primarias no eran secundarias, residuales. El recorrido histórico de las primarias en la Comunitat muestra un ciclo muy definido, como si fuera una espiral de emociones o una montaña rusa participativa. Por un lado, una fase de eclosión, entre 2014 y 2018, cuando los partidos compitieron por ver quién era más abierto a la ciudadanía para conectar con un electorado desencantado.
Compromís llegó a reivindicarse como inventor de un laboratorio democrático a la vanguardia de la tecnología participativa. Sin embargo, todo aquello comenzó a decaer a partir de 2019, cuando las primarias fueron percibidas por los aparatos de los partidos como focos de división interna, desgaste público y pérdida de control por parte de las direcciones. En la actualidad, la selección de candidatos en la Comunitat ha vuelto a delegarse casi en su totalidad en los órganos de dirección autonómicos y nacionales.
Muchos de los que llegaron al poderío orgánico a través de esos procesos son, actualmente, sus enterradores en la práctica, aunque en términos teóricos se intente mantener el pulso de las constantes vitales primarias.
Faltan ya menos de 300 días para la celebración de las próximas elecciones autonómicas generales en España. Ni diez meses. ¿Alguien ha visto un rastro de primarias, una huella primitiva, una brizna de votación interna en los partidos de la Comunitat? No.
El uso y el desuso de las primarias en la Comunitat es un reflejo, paralelo y sin distorsión alguna de la imagen, respecto a las dinámicas políticas nacionales: arrancó como un símbolo de regeneración e «higiene democrática» tras la crisis de la primera década del siglo y se ha ido, paulatinamente, arrinconando por las cúpulas para evitar fisuras internas y garantizar el control territorial.
PSPV y Compromís
En el PSPV se han ahorrado las primarias para elegir a su candidata a la Generalitat, Diana Morant, y de las tres capitales de provincia (Bernabé en Valencia, Amorós en Alicante y Simó en Castellón), ya que el proceso se ha convertido en una especie de paripé al servicio de un conjunto de líderes para las cuales estaba todo encauzado, atado y bien atado.
«Es una lástima. Ya no son una herramienta de competencia interna, sino de reafirmación de la decisión de la directiva», admite un dirigente provincial del PSPV, partido que fue pionero en este tipo de lances, como cuando Puig, en 2014 se impuso a Toni Gaspar, ahora diputado en Les Corts y antes presidente de la Diputación.
«No puedes vender primarias abiertas por doquier en un comité nacional, como hizo Morant, pero por detrás escatimarlas por donde puedas. Es contradictorio. O se cree o no se cree», admite un dirigentes socialista valenciano de ámbito autonómico. En 2017, Puig volvió a imponerse, en aquella ocasión frente a la candidatura de Rafa García, impulsada por los abalistas, ahora reciclados y camuflados.
Consolidado Puig, finiquitado Ábalos y, más adelante, asimilados todos por el sanchismo, las primarias serán el recurso para resolver batallas municipales en municipios en situación muy singular, como Paiporta. Para el resto, las primarias serán aclamaciones a la búlgara.
Compromís lleva años dándole vueltas a las primarias tras comprobar el modo en que los grupúsculos bien organizados logran manejarse con habilidad para escalar en las listas municipales, e incluso en la autonómica. La mayoría nacionalista es tan abrumadora que el proceso de elección interna aparece trufado de salvedades y cuotas, y aún así, el entusiasmo generado en la coalición por este método se ha diluido mucho.
Ya de cara al último ciclo electoral de 2023, Compromís flexibilizó el sistema e introdujo correcciones directas desde las ejecutivas, reduciendo la efectividad del voto directo de la base para evitar guerras de familias antes de la cita electoral, lo que no impidió que incluso la entonces vicepresidenta Aitana Mas tuviera que amenazar con dimitir para que los nacionalistas de Més le permitiesen encabezar la lista por Alicante.
Carpetazo en el PP
En el PP, el modelo tradicional siempre ha sido el de congresos basados en compromisarios y designación orgánica de candidatos. Sin embargo, hasta los populares oyeron los cantos de sirena de las primarias. Ese Pablo Casado del que ya no se acuerda nadie alcanzó el poder en el 'Congreso del Cambio' de 2018. El PP aplicó por primera vez en su historia un sistema de primarias a doble vuelta. En la Comunitat se votó mayoritariamente por Soraya Sáenz de Santamaría en la primera vuelta.
El PPCV estaba entonces liderados por Isabel Bonig, quien no le hacía ascos a las primarias. Al contrario. Ella misma se aupó en unas primarias celebradas un año antes en las que José Luis Bayo se retiró en el último momento.
Aquel Pablo Casado decidió en 2021 situar al frente del PP a Carlos Mazón, que vio como Génova despachó a su valedor y la llegada de un Feijóo que ha ratificado a puro dedo a los candidatos para las tres capitales de provincia y ha dejado a Pérez Llorca para septiembre, asignatura pendiente que, en cualquier caso, tampoco se verá sometido para su elección a esas primarias tan olvidadas.
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