
La falta de lluvias ya provocó pérdidas de maíz y frijol en Nicaragua, mientras productores del corredor seco advierten que el próximo ciclo agrícola también puede quedar comprometido si persisten las condiciones asociadas al Fenómeno de El Niño. Habitantes de Chinandega, Managua, León y otras zonas del Pacífico describieron siembras fallidas, escasez de agua y dificultades para sostener cultivos que dependen de las precipitaciones.
“Todo el mundo está afectado. Ahí no podemos decir que a unos sí y a otros no”, afirmó un poblador de San Pedro del Norte, en Chinandega, consultado por Artículo 66. Según su testimonio, las cosechas de primera no dieron resultados y los agricultores esperan definiciones sobre la siembra postrera, prevista para el último trimestre de 2026.
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El habitante indicó que varios productores optaron por sembrar en seco ante la expectativa de que las lluvias regresen. Una precipitación intensa cayó días atrás en la zona, pero el tiempo seco volvió poco después. “Todo el mundo está sembrando en seco, con la fe, con la esperanza de que pueda llover”, sostuvo.
La situación presenta diferencias entre regiones, aunque la falta de precipitaciones afecta de forma particular al Pacífico de Nicaragua. Algunos pobladores observan relámpagos y señales de lluvia, pero aseguran que el agua todavía no alcanza para recuperar la humedad del suelo ni garantizar el desarrollo de las plantaciones. En áreas con pozos o acceso a agua potable, las familias pueden mantener ciertas actividades; en el campo, las pérdidas se extienden con mayor rapidez.
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En el oeste de Managua, cerca de Ciudad Sandino, una residente describió el sector como “absolutamente seco”. Allí, pese a la cercanía del lago Xolotlán y a la presencia ocasional de brisa, la sequía alcanza cultivos de maní, caña, maíz y frijol. “Maíz y frijoles se perdieron totalmente”, dijo la mujer, quien pidió mantener su identidad en reserva por temor a represalias, de acuerdo con Artículo 66.
Un agricultor de León también cuestionó las cifras divulgadas por el Ministerio Agropecuario (MAG) sobre el ciclo agrícola 2026-2027. El organismo informó en julio un avance de siembra de 92,600 manzanas de frijol rojo para la época de primera, con participación de más de 70,000 fincas. El productor contrapuso esos registros con la situación que observa en el terreno y afirmó que no hubo producción de primera en el Pacífico.
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El Ministerio sostiene que la producción busca cubrir el consumo interno, estabilizar los precios y abastecer exportaciones hacia otros países de Centroamérica. Las denuncias de los productores, sin embargo, apuntan a que la ausencia de lluvias ya redujo las perspectivas para la segunda y tercera etapa del ciclo agrícola.
La preocupación también alcanza al plátano. En Chinandega, un productor señaló que la cosecha actual mantiene buenos niveles, aunque la disponibilidad de agua pone en riesgo las nuevas siembras. Añadió que las temperaturas elevadas limitan el efecto del riego artificial, porque el agua aplicada no resulta suficiente ante el calor. En los campos de caña de azúcar, algunas parcelas quedaron en descanso y sin riego antes de lo habitual.
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El Observatorio de Fenómenos Naturales (OFENA) ubicó a los departamentos de León, Chinandega, Managua, Masaya, Carazo, Granada y Rivas entre las zonas con mayor exposición al déficit hídrico. El organismo prevé menos lluvias, períodos secos más extensos y menor humedad en los suelos. Los rubros con mayor riesgo son el maní, la caña de azúcar, el maíz, el frijol y la ganadería.
Para el sector ganadero, OFENA alertó sobre una menor disponibilidad de pastos y agua, además de estrés térmico para los animales. El período entre septiembre y diciembre de 2026 aparece como la fase más delicada. Entre las recomendaciones figuran el monitoreo de la humedad del suelo, el uso eficiente del agua y la planificación de forrajes.
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La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó el 3 de septiembre que El Niño continúa fortaleciéndose y podría alcanzar una intensidad “muy fuerte” hacia fines de 2026. La entidad indicó que existe una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027, un escenario que mantiene en alerta a las zonas agrícolas nicaragüenses.