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Matthias Goerne y Markus Hinterhäuser ★★★★★

Lugar y fecha: Schubertíada. Canónica de Santa Maria de Vilabertran (29/VIII/2026)

Algún día hemos de hablar de las importantes raíces que nutrieron el modernisme catalán, y las que realmente dejaron huella en su culminación en Falla, Mompou, Toldrà, Gerhard,… hasta Montsalvatge o Guinjoan, al margen de las más visibles y a la vez menos eficaces para el futuro.

A las mismas horas que en Barcelona se rendía culto a la maravillosa y sensible magnificencia de Wagner, en la Canónica de Vilabertran se homenajeaba, de forma íntima –aunque con entradas agotadas– al Dr. Jordi Roch. Y lo hacía uno de los mejores barítonos del mundo con un programa pensado para esta personalidad que promovió en el país acciones musicales memorables en Cadaqués (Festival y Orquesta), antes en Barcelona, el gran Festival Internacional, y para sintetizar, esta Schubertíada de alcance mundial.

Por ello estas palabras exceden los límites de la crítica, al comentar una sesión en la que la música de Schubert cumplía aquel papel relevante de la comunión espiritual, casi religiosa para algunos, de rememorar, agradecer y compartir belleza. Goerne cantó el programa Schubert con sentimiento y libertad, con momentos de fraseo exquisito en la íntima Frülingsglaube en que la unión música-poesía surge ya en la primera frase del piano. Con un pianista sensible, sutil, también al servicio de aquella síntesis.

Canciones marcadas no por situaciones dramáticas, sino por aquella esperanza y optimismo schubertiano en su relación con el devenir de la vida, el amor y la naturaleza, tan bien expresado por el barítono, mostrando, hasta en algún sutil guiño en frase subrayada, una sonrisa, cómplice –como en aquellos tiempos– de agradecimiento al amigo ausente.

Un verdadero diálogo con la belleza, y en este sentido sí, trascendente y a la vez íntimo… que dejó ver las bondades de la veteranía en el sentido de expresar un lenguaje decantado y vital a la vez, y comprometida con el recuerdo de este amigo promotor de la belleza –que también es salud– que conoció hace 34 años en el festival de Schleswig-Holstein cuando cantaba junto a Juliane Banse, soprano que precisamente cerró esta buena edición de la Schubertíada de Vilabertran.