Berta González de Vega

10/10/2026

Actualizado a las 01:24h.

Necesitamos admirar, porque corremos el riesgo de que la crítica continua a todo, a todos, nos sumerja en el desánimo, nos convierta al cinismo, nos haga comulgar con ese terrorífico «todos son iguales» . Por eso mi búsqueda -naif y ñoña, si quieren- es la de los admirables que, además, tengan el apellido de «valientes». Necesitamos darnos cuenta de que hay funcionarios que no tragan, jueces que no se asustan tanto como para ceder. Mantener sin peligro de derrumbe al Estado de Derecho exige que haya personas que no pacten con la naúsea. Anónimas. Jugándose mucho. Sin afán de notoriedad, solo con el propósito cotidiano de poder mirarse con tranquilidad la cara en el espejo.

Me gusta escribir de ellas, de ahí este artículo que publiqué el 26 de mayo de 2026. Sin su complicidad, los corruptos, materiales y morales, de arriba podrían hacer poco. Con su ejemplo, los demás nos quedamos sin excusas. Porque existen ellos. Los valientes.

Publicado el 26 de mayo de 2026

Almas de cántaro

Cristóbal Cantos estaba durmiendo mal. Cualquier ingeniero del ICAI debe estar vacunado para la presión, la frustración, cierta injusticia en un cate. Estudiar mucho no te garantizaba aprobar. Ni los sobresalientes del colegio. Notas. Él había ido anotando lo que le quitaba el sueño. Esas inyecciones de dinero público en empresas sin estudiar a fondo sí lo merecían. Lo consultó con la almohada y con algún amigo íntimo. No podía pasar por eso. No estaba en su naturaleza, que le susurraría Marco Aurelio. Decidió grabar alguna conversación. Y así supimos que su jefa se refería a él como «alma de cántaro» cuando el ingeniero experto en finanzas se mostraba extrañado por la ausencia de informes para justificar las inversiones de la sociedad pública. Arrancaba el caso Invercaria en aquella Junta de Andalucía. 2012.

Catorce años después, muchas piezas separadas más tarde, el caso acumula sentencias, condenatorias y absolutorias. Cantos volvería a hacer lo que Bartolomé Lora, vicepresidente de la SEPI, no hizo con la operación de rescate de Plus Ultra. Tragar. Estampó su firma en algo que apestaba, le hubiera tenido que decir un olfato financiero educado en Cunef. Asume la responsabilidad por una operación que ve legal, pese a los informes de subordinados sin firmar, a las carpetas vacías que la SEPI ha mandado al juzgado. Venía la idoneidad del rescate, eso sí, con informes externos de Deloitte. Que se lo haga mirar Deloitte, por cierto. Cajas de ahorro, Plus Ultra, cátedra de Begoña.

Hay veces en que no queda otra que grabar para que te crean. Que no te tomen por loco. Le pasó hace unos meses al fiscal Stampa con Leire Díez. Quiso la socialista quedar con él para sonsacarle mierda de otros fiscales, cuando él ya había publicado la que importaba en un libro, 'El complot', y en varias denuncias contra Dolores Delgado y Álvaro García Ortiz. De no creer, ¿verdad? Una enviada en nombre del Gobierno de los fiscales que le hicieron la vida imposible pidiendo colaboración con los jefes de esa banda. Había que encender la grabadora. Lo hizo, «archivo importante» se llamó el audio y ese, a diferencia de las carpetas de la SEPI, iba lleno. Al juzgado.

Tanto Cantos como Stampa seguro que eran unos almas de cántaro para muchos. Qué te cuesta. Si es un favor. Venga, dale tu teléfono. Si lo hace todo el mundo, pero qué te has creído. Pero cómo te crees que funciona esto. Menudo pringado. De qué árbol te has caído. Si quieres jugar, estas son las reglas. Ves demasiados fantasmas. No puede ser. No te creo. Entonces, grabadora.

  1. Nuestras firmas

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«Y a vos, alma de cántaro, quién os ha encajado en el celebro que sois caballero andante y que vencéis gigantes y prendéis malandrines?».

Almas de cántaro. Unas cuantas más, por favor. Hay molinos gigantes y mandarines. Metafóricos y literales.

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