Dormir con los hijos puede ser beneficioso en algunos casos, según el neuropsicólogo Álvaro Bilbao. (Magnific)

Uno de los comportamientos que más dudas suelen generar en las familias es si resulta beneficioso o no compartir cama con los hijos pequeños. Sobre esta cuestión, muchos profesionales han recibido preguntas por parte de los padres, especialmente por el temor a que, con esta práctica, los niños se acostumbren demasiado y después resulte complicado que duerman solos.

Por este motivo, son muchas las personas que recomienda —no siempre de una manera demasiado acertada— que se evite a toda costa el colecho con los hijos pequeños. Así, aseguran que que obtengan esa independencia desde el principio les resultará más beneficioso a largo plazo.

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Sin embargo, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao (@soyalvarobilbao) explica que hay algunas situaciones en las que esta práctica “está más que indicada”: “Trabajo con familias y estas son las situaciones en las que prescribo a los padres que duerman con sus hijos por sus beneficios psicológicos”.

Un niño pequeño junto a su padre en la cama, mientras leen un cuento infantil antes de dormir
Este momento compartido en familia puede tener beneficios psicológicos para el menor. (Pexels)

De esta manera, el colecho no tiene por qué ser una práctica perjudicial para los menores, sino que, por el contrario, puede incluso favorecer al estado emocional del niño.

En primer lugar, Bilbao señala que uno de los supuestos en los que suele recomendar el colecho es cuando fallece uno de los progenitores o el hijo sufre una pérdida importante. “En estos casos, los niños necesitan más que nunca sentir que tú no te vas a ir de su lado”.

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También cuando tienen pesadillas recurrentes, que, aunque son normales, si se repiten en el tiempo, implica que “la amígdala está hiperactivada y que el niño está pasando por un periodo en el que siente miedo y necesita una dosis extra de seguridad”.

Un niño pequeño durmiendo. (Pixabay)
Un niño pequeño durmiendo. (Pixabay)

En tercer lugar, el neuropsicólogo explica que compartir cama con los más pequeños puede indicarse cuando hay cambios importantes en la estructura familiar. Puede ser, por ejemplo, en caso de separación o mudanza.

Bilbao, además, recomienda el colecho “cuando aparecen problemas de comportamiento después de la llegada de un hermanito”. Esto, según explica el experto, puede indicar que el niño “teme perder su posición”, por lo que “acurrucarlos a nuestro lado les hace olvidar ese miedo”.

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Cuando los más pequeños comienza el colegio es un momento de muchas emociones y medios, marcado por largos periodos de tiempo separados, nuevos estímulos y una socialización muy grande a la que pueden no estar acostumbrados. Por eso, cuando lo están pasando mal, dejar que duerman en la misma cama que los padres “les ayuda a recuperar seguridad”.

Por último, Bilbao pone el foco en una cuestión fundamental: si a ambas partes les apetece y les parezca bien, no tiene nada de negativa esta práctica. “No hay nada de malo en compartir la cama cuando son pequeños y disfrutar de estar al lado de las personas que más quieres”.

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Estos momentos juntos pueden fortalecer la relación y no implican necesariamente que el hijo, cuando crezca, vaya a tener dificultades para dormir en su propio cama. Tal y como señalan muchos expertos, cuando cumpla una cierta edad, posiblemente sea él mismo el que quiera esa cierta independencia que le da su propia habitación.