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A raíz de la Reforma protestante y de que la Iglesia Anglicana se convirtiera en la oficial del país bajo el reinado de Isabel I, los católicos quedaron marginados hasta el punto de carecer de plena ciudadanía, tener que pagar impuestos adicionales, no poder votar, comprar propiedades, practicar el derecho o ejercer cargos públicos, tanto civiles como militares, desde rector de universidad a primer ministro.

Andy Burnham –el primer católico que accede como tal al 10 de Downing Street– no estará sometido a ninguna de esas discriminaciones, que fueron eliminadas a partir de las Leyes de Emancipación de 1829, pero su religión impone algunas limitaciones constitucionales, como que no podrá recomendar al rey el nombramiento de obispos y arzobispos (tendrá que hacerlo un miembro de su Gabinete que profese la religión anglicana).

Su filosofía política está influida por las enseñanzas de la Iglesia y la idea de la responsabilidad

De todos modos, esa es la menor de las preocupaciones de Burnham al iniciar sus vacaciones. Si algo le quita el sueño, no es quién será obispo de Newcastle o Liverpool sino de dónde sacar el dinero para financiar las reformas que quiere emprender, cómo financiar el aumento del gasto de defensa, el cuidado de las personas mayores y la construcción de vivienda e infraestructuras, si subir o no los impuestos, si recortar o no un Estado de bienestar descontrolado que muchos aprovechan para vivir de las ayudas sin pegar ni sello.

Tony Blair se convirtió al catolicismo de su mujer Cherie una vez que dejó Downing Street, porque un cambio de religión siendo primer ministro habría sentado mal a los protestantes del Ulster y complicado las negociaciones que desembocaron en los acuerdos de paz del Viernes Santo; Boris Johnson hizo el viaje en la dirección contraria, siendo bautizado católico en Nueva York, donde nació, y adoptando después la fe anglicana.

Burnham, de 56 años, creció en el Manchester y Liverpool de las décadas de los setenta y ochenta, con una amplísima comunidad de católicos de origen irlandés que sufrían el impacto de la desindustrialización de Thatcher y el consiguiente paro. Su madre lo educó como tal, con los valores de las enseñanzas sociales de la Iglesia –la responsabilidad individual, la importancia del bien común, de combatir la injusticia y la pobreza– que han influido en su manera de pensar y su filosofía política, aunque ahora no sea de ir a misa todos los domingos ni se considere “particularmente religioso”. Dos de sus primeros objetivos declarados son acabar con el sinhogarismo y revolucionar la asistencia a los ancianos.

El nuevo premier habla de la “cultura del encuentro” (concepto del papa Francisco I) para trabajar con la oposición política en la búsqueda de solucione consensuadas a los problemas (aunque no parece que ni los conservadores ni la ultraderecha estén interesados en el diálogo).

De niño, cuando era monaguillo, Burnham apretaba en la iglesia el botón del casete para que los fieles escucharan el sermón grabado por el cura haciéndose eco de las encíclicas que siguieron al segundo Concilio Vaticano. Ya de mayor, visitó Roma con su madre, tuvo una audiencia con el papa Francisco, y un hermano es director de un colegio católico.

En la Gran Bretaña del 2026 un católico no puede ser rey, pero sí primer ministro.

Rafael Ramos

Abogado y periodista. Corresponsal de 'La Vanguardia' en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.