Actualizado Sábado, 8 agosto 2026 - 02:35
Cuando el eclipse solar total cruce el cielo de la península Ibérica el próximo 12 de agosto, Carolina, una turista española, estará con su familia en un camping entre las montañas de Arzúa (Galicia). Reservó el alojamiento hace 19 meses, cuando empezaron a aparecer las primeras noticias sobre su llegada al país. "Sabía que, mientras más se acercara la fecha, más iban a subir los precios y más gente iba a querer ir a donde se viera mejor. Entonces lo hice para abaratar costes y no quedarme sin opciones", cuenta a este diario.
El gobierno calcula que el eclipse atraerá 446.000 visitantes adicionales y aportará a la economía española 347,60 millones de euros. Pero la pregunta no es sólo cuánto dinero dejarán esos visitantes, sino por qué miles de personas toman decisiones como las de Carolina: reservar con meses de antelación, asumir la incertidumbre meteorológica y reorganizar sus vacaciones para contemplar un fenómeno gratuito que apenas durará unos cuantos segundos. La respuesta está en la escasez.
Una oferta limitada
A diferencia de un concierto, que puede añadir nuevas fechas, o de un festival, que puede ampliar el aforo, un eclipse total sólo puede contemplarse durante unos minutos, desde una franja geográfica concreta y en un momento inaplazable, explica a EL MUNDO Pedro Rey Biel, profesor de Economía del Comportamiento y director del ESADE EcPol Policy Impact Lab. "Eso genera una escasez real en tres dimensiones: temporal, espacial y de capacidad. Además, no existe un sustituto perfecto: observarlo al día siguiente, desde otra ciudad o por televisión no proporciona la misma experiencia", señala.
Carolina no fue la única que planificó el viaje con tanta antelación. Kasya, una turista polaca, también lleva más de un año preparándolo. Recuerda que, cuando estaba en secundaria, su hermana la recogió en el colegio para que vieran juntas su primer eclipse parcial desde Polonia y, desde entonces, siempre ha querido ver un eclipse solar total. "A mi novio y a mí nos encanta ir en búsqueda de fenómenos astronómicos. Así que cuando encontré el artículo sobre el eclipse, marqué la fecha en mi calendario y organicé todo para que pudiéramos estar ahí", asegura a este diario.
El placer de anticipar
Detrás de estas reservas con más de un año de antelación hay algo más que previsión, sostiene Rey Biel. "Una experiencia extraordinaria se consume dos veces: primero al imaginarla y luego al vivirla", explica. La economía del comportamiento llama a esto utilidad anticipatoria y "empieza en el momento en que la reservamos. Desde entonces anticipamos el viaje, lo comentamos, buscamos información y nos imaginamos viviéndolo".
Todo ese esfuerzo culminará en un instante. La totalidad apenas durará algo más de un minuto en algunos puntos del recorrido y cerca de un minuto y 40 segundos en las zonas privilegiadas del norte peninsular. Y, precisamente, ese carácter efímero forma parte de su atractivo. "Las formas de consumo que habitualmente se retrasan suelen proporcionar un placer breve pero intenso. En esos casos, la anticipación y, a veces, el recuerdo sirven para prolongar el beneficio que, de otro modo, sería fugaz", escribió el economista George Loewenstein en 1987.
Carolina encuentra en esa excepcionalidad la razón para vivirlo: "creo que es un evento casi único. Eso hace que quieras vivirlo y gastar el dinero en una experiencia que dura tan poco y te va a dejar un recuerdo especial". Esa valoración también se refleja en lo que algunos viajeros están dispuestos a hacer para no perdérselo. Kasya admite que, incluso si los vuelos hubieran sido más caros, "habríamos hecho varias escalas si hubiera sido necesario con tal de asegurarnos de llegar a España a tiempo para el eclipse".
Miedo a perder
Pero pagar más o asumir ciertas incomodidades para vivir una experiencia extraordinaria no implica actuar de manera irracional. "No existe una frontera exacta", advierte Rey Biel. El componente conductual comienza a imponerse, explica, cuando la decisión empieza a estar condicionada por la posibilidad de perdérsela: "La pregunta deja de ser ‘¿merece la pena pagar este precio?’ y pasa a ser ‘¿cómo me sentiré si todo el mundo lo vive y yo no estoy allí?’".
El experto agrega que es entonces cuando entran en juego la percepción de escasez, la prueba social y la aversión a la pérdida. El eclipse solar del 12 de agosto cruzará cerca del 40% del territorio español. Será el primer eclipse total visible desde la Europa continental desde 1999 y el primero del ‘Trío de Eclipses’: dos eclipses solares totales, en 2026 y 2027, y uno anular en 2028. Esta concentración de fenómenos hizo que el Gobierno creara una comisión interministerial para coordinar su impacto en la seguridad, la movilidad y el turismo.
El interés por el fenómeno ha ido en aumento. Google Trends refleja que las búsquedas de "eclipse de España" han crecido un 600% en el país durante el último año y un 1.100% a nivel mundial. Esa atención creciente hace cada vez más visible el interés colectivo por el acontecimiento. "Si tanta gente lo desea, pensamos que debe de valer la pena", concluye Rey Biel.