Franco Baresi, uno de las mayores leyendas del fútbol siendo defensa, ha fallecido a los 66 años de edad. Su figura es de tal calibre que no es extraño que en cuanto el fútbol pone en circulación a un gran talento emergente su nombre se emplee como referencia comparativa. Eso, como a Franz Beckenbauer, le ha ocurrido a muy pocos defensores en la historia de este deporte. Mito del Milan, todos los clubs han tenido en Baresi a un referente respetado e imitable; también el Barça.

Su vínculo emocional con el club azulgrana implica elementos biográficos, sentimentales -a veces contradictorios- y también estilísticos. Mito del 'calcio' italiano, Baresi formó parte de aquel Milan que supuso una de las revoluciones tácticas más recordadas en décadas. 

Desde el orden, con Arrigo Sacchi en el banquillo y Baresi como faro de la retaguardia, hizo de la defensa un arte, pero no en la línea en la que Italia construyó su fama ultraconservadora. La manera de defender de Baresi bebió más de un estilo osado que recordaba a la Holanda de las década de los 70 que del 'catenaccio', tan productivo como tedioso para el espectador neutral. Todo lo contrario que aquel Milan que, precisamente enriquecido con la alegría neerlandesa de Ruud Gullit, Frank Rijkaard y Marco van Basten, ganó dos Copas de Europa a caballo de la década de los 80 y los 90, dejando entre otras imágenes el 5-0 que atropelló en San Siro al fabuloso Real Madrid de 'la Quinta del Buitre' y un 4-0 en una final ante el Steaua que, precisamente, se disputó en 1989 en el Camp Nou.

Franco Baresi, levantando la Copa de Europa en el Camp Nou
Franco Baresi, levantando la Copa de Europa en el Camp NouMDMiguel Moreno

Tan engrasado y disciplinado tenía su sistema defensivo aquel Milan que, en la Supercopa de 1989, volvió a Camp Nou para enfrentarse al incipiente Barça de Johan Cruyff y no le hizo falta la alineación de su 'kaiser Franz', el apodo posterior que recibió Baresi a su infantil 'Piscinin', 'pequeño' en el dialecto milanés. Una fractura de brazo  apartó a Baresi tanto del partido de ida en el estadio azulgrana (1-1) como el de la vuelta en San Siro (1-0). 

Tampoco pudo alinearse por una sanción en la final de la Champions League de 1994 en Atenas en la que el Milan, ya con Fabio Capello de entrenador, pasó por encima del Barça (4-0).

Aquella atrevida ocupación del campo que, sobre todo, puso en boga el primerizo Milan de Sacchi, que tanta concentración y valentía exigía a sus zagueros,  fue algo que sin duda inspiró a Rijkaard cuando en los primeros años del milenio llegó al Barça como entrenador. Esa mezcla de influencias entre la seriedad italiana y la alegría neerlandesa fue el inicio de una segunda etapa de esplendor en Europa del Barça, tras la eclosión incondicionalmente lúdica del 'Dream Team' de Cruyff. 

Por algo el propio Baresi dijo a La Vanguardia, en 2011, cuando vio ganar al Barça de Pep Guardiola su segunda Champions League en tres temporadas que "el Barça de Pep es mucho más completo y organizado que el de Cruyff", por su equilibrio entre la capacidad ofensiva y la seguridad defensiva.

Pocos años después, aprovechando la retirada forzosa de Carles Puyol a causa de una lesión, Baresi utilizó sus redes sociales para agradecerle al carismático defensor catalán del Barça su carrera: "Ejemplo de gran capitán, gracias Puyol". Uno con un porte más elegante y el otro más guerrero, Baresi probablemente se vio reflejado en un liderazgo que combatió la falta de centímetros -1,76 el milanista, 1,78 el barcelonista- con una ascendencia en el espíritu de sus equipos incontestable.