Caminar por los callejones empedrados de la capital guanajuatense es sumergirse en un mosaico de leyendas, arquitectura virreinal y aromas dulces que emanan de las casonas antiguas. Entre la riqueza cultural de la región, descubrir las charamuscas de Guanajuato es una parada obligada para cualquier visitante; un verdadero hallazgo donde la destreza del artesano transforma el piloncillo derretido en esculturas crujientes que rinden homenaje a la identidad y memoria viva del estado.
Aunque hoy en día las famosas momias son las más codiciadas por los viajeros, este dulce guarda una técnica ancestral de azúcar estirada que convierte cada pieza en una pequeña obra de arte comestible.
De acuerdo con el Diccionario enciclopédico de la Gastronomía Mexicana de Larousse Cocina, la charamusca era originalmente un espiral de azúcar quemado que se elaboraba desde la época colonial. La palabra misma evoca el sonido del crujido y el tueste del melado.
En sus inicios, la preparación consistía en hervir piloncillo o azúcar de caña con un poco de agua y mantequilla hasta alcanzar el "punto de bola suave". Una vez tibia, la masa se estiraba una y otra vez con las manos sobre mesas de piedra o ganchos de madera, atrapando aire en su interior para cambiar su color de un oscuro melaza a un dorado brillante y satinado.
En estados como Jalisco, Michoacán o Querétaro, el dulce se elabora con formas de espirales simples, pero en Guanajuato los maestros dulceros decidieron darle un giro creativo a mediados del siglo XX. Inspirados en el Museo de las Momias de Guanajuato, los artesanos comenzaron a esculpir la masa tibia para crear siluetas que imitan los cuerpos momificados, quijotes, catrinas y charros.
Como señala la Secretaría de Turismo del Estado de Guanajuato, esta reinterpretación transformó la charamusca en el souvenir gastronómico por excelencia de la entidad. Para enriquecer su sabor, los talleres artesanales comenzaron a incorporar nueces picadas, coco rallado o cacahuate en el centro de las figuras antes de cerrarlas.
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Foto: FB Secretaría de Turismo del Gobierno del Estado de Guanajuato
El mayor reto al hacer charamuscas radica en la velocidad y el control de la temperatura. El azúcar estirada debe trabajarse mientras se mantiene caliente (aproximadamente a 70 °C o más), ya que al enfriarse pierde elasticidad y se vuelve quebradizo como el cristal.
Los dulceros tradicionales moldean los pliegues de la vestimenta, los rostros y las extremidades de las momias en segundos usando sus manos (apenas protegidas con harina o aceite) y unas tijeras de cocina. El resultado es un contraste de texturas: una corteza exterior crujiente con un brillo acaramelado y un interior ligeramente poroso de sabor tostado intenso.
Si buscas llevarte a casa una charamusca tradicional de Guanajuato, los puntos clave de compra incluyen:
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- Mercado Hidalgo: construido originalmente como estación de tren e inaugurado para el Centenario de la Independencia, el mercado alberga en su nave principal múltiples puestos de dulcería tradicional.
- Plaza de la Paz y Centro Histórico: en los alrededores de la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato se encuentran tiendas emblemáticas de dulces regionales.
- Inmediaciones del Museo de las Momias: en la explanada del panteón de Santa Paula, los talleres locales venden piezas recién elaboradas en empaques individuales.
Probar las charamuscas de Guanajuato es conectar directamente con el ingenio de la dulcería popular mexicana. En cada figura esculpida a mano no solo hay piloncillo y frutos secos, sino también dominio técnico del fuego, una herencia virreinal viva y esa picardía tan nuestra que transforma la muerte y la memoria en un bocado dulce, crujiente e inolvidable.
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