Este viernes en Nepal, las excavadoras siguen buscando entre el barro víctimas de la descomunal riada de hace dos días. La policía ha elevado a 469 el balance de muertos, mientras rebaja a 910 el número de desaparecidos. En la vertiente tibetana del Himalaya, mientras tanto, las autoridades chinas han suspendido las labores de rescate, al detectar un riesgo inminente de desbordamiento, a una altitud de 2.900 metros. Se trataría de una represa natural formada por escombros de la primera riada, con dos millones de metros cúbicos de agua, que presenta ya señales de filtraciones. 

En caso de quiebra abrupta, el desnivel de más de mil metros respecto al cruce de Gyirong, en el valle, podría reproducir el muro imparable de agua y lodo que el miércoles arrasó 20 kilómetros de ribera y mandó cadáveres hasta doscientos kilómetros más abajo. Algunos de ellos están siendo localizados ya en el estado indio de Uttar Pradesh. En Nepal, el distrito donde están emergiendo más restos humanos, con diferencia, es precisamente Chitwan, que bordea la India. 

China, por su parte, ha suspendido la expedición de permisos de entrada al condado afectado de Gyrong, de donde ayer evacuó a cientos de turistas, la mayoría chinos y, probablemente, indios. Muchos de los extranjeros desaparecidos, más de 500, son también de origen indio, peregrinos en grupos organizados al lago Manasarovar con pasaporte indio, estadounidense, británico o canadiense.  

Sin embargo, hay motivos para dudar de que el número de nepalíes desaparecidos sea incluso inferior al de extranjeros. Del total de 977 personas en paradero desconocido, los foráneos son 517 extranjeros, los nepalíes residentes en el exterior 127 y los miembros de fuerzas de seguridad, 85. De ser ciertas estas cifras, solo habría 248 civiles desaparecidos, lo que parece ser una cifra muy conservadora a la vista de tantos pueblos y aldeas convertidas de nuevo en lenguas de tierra. 

No es que estos nepalíes esperen otra cosa. Pobres entre los pobres, en uno de los países más depauperados de Asia, no tienen los altavoces para hacerse oír, ni ser contados. Pero son cientos los que se apelotonan en hospitales, río abajo, en busca de noticias sobre sus familiares desaparecidos, aunque sean malas. Casi lo mejor que les puede pasar es encontrárselos heridos e ingresados. 

El caso es que está resultando casi imposible identificar a los cadáveres, a menudo despedazados. La prensa nepalí cita el caso de un hospital incapaz de poner nombre a uno solo de los 130 inquilinos de la morgue, a la espera de muestras de ADN.

China, por su parte, lleva más de 24 horas sin variar su cifra de más de quinientos desaparecidos, 260 de los cuales serían turistas y peregrinos extranjeros. En cambio, con el empleo masivo de satélites y drones, ha sido capaz de determinar que el desprendimiento original se produjo en un pico nepalí, a más de 5.000 metros de altitud. 

Se trataría de una superficie de hielo y roca equivalente a 28 estadios de fútbol, que se precipitó en el río que ejerce allí de linde, inundando también el margen tibetano, antes de cruzar en tromba el desfiladero donde se encuentra el principal paso internacional entre China y Nepal. Desde allí inició un descenso todavía más mortífero, por la mayor densidad de población. 

Según la última actualización de la Policía nepalí, al citado distrito de Chitwan, donde se han hallado 178 cadáveres, le siguen Nawalparasi Este (110), Gorkha (44), Nuwakot (37), Dhading (33), Tanahun (28), Nawalparasi Oeste (27) y solo 12 en Rasuwa, el distrito fronterizo que recibió el primer impacto y donde pueblos enteros han sido prácticamente borrados.

Las autoridades nepalíes afirman haber rescatado o atendido a más de 1.545 heridos, la mayoría en Nuwakot (898), Rasuwa (644) y Dhading (3). Otros  80 están siendo tratados en el valle de Katmandú. 

Más de 13.000 efectivos de las fuerzas de seguridad, que incluyen a agentes de la Policía de Nepal, soldados del Ejército y miembros de la Policía Armada (APF), permanecen desplegados en la zona afectada y sus inmediaciones.

En este sentido, el gobierno del nuevo primer ministro nepalí, el rapero Balendra Shah, ha declinado el envío de equipos de rescate extranjeros, limitándose a aceptar ayuda monetaria, a través de un canal único. Una operación de alto riesgo, debido al nivel de corrupción del país. 

Mientras, las autoridades chinas han reportado tres fallecidos y centenares de desaparecidos, que en conjunto suman un balance de 502 fallecidos y más de 1.400 desaparecidos reportados en total por ambas partes, sin que haya constancia de un equipo coordinador transfronterizo. Eso sí, ambas capitales han declarado su disposición a mejorar los mecanismos de alerta mutua de cara al futuro. 

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.