Una mano con guante transparente vierte líquido azul desde un vaso medidor transparente hacia el agua azul de una piscina, con una barandilla metálica visible

Una persona con guante blanco vierte un líquido desde un vaso medidor al agua de una piscina para su limpieza y mantenimiento.

Encontrar agua verde en la piscina puede arruinar cualquier jornada de verano. La aparición de este problema es habitual y suele indicar la presencia de algas, algo que, según la revista digital ‘Idealista’, tiene solución con los pasos adecuados y un poco de paciencia.

El color verdoso y la turbidez suelen ir acompañados de un olor desagradable y una sensación de suciedad. Las causas más comunes son las altas temperaturas, un tratamiento insuficiente de desinfección, fallos en el sistema de filtrado o un desajuste químico en el pH. Por eso, actuar con rapidez y de forma metódica es la mejor manera de recuperar el agua y disfrutar de la piscina.

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El primer paso es una limpieza física de toda la piscina. Hay que cepillar a fondo las paredes y el fondo, retirando cualquier resto de suciedad o algas visibles. Esta acción facilita que los productos químicos resulten más eficaces y disminuye el riesgo de que el problema se repita en poco tiempo.

A continuación, en Idealista recomiendan realizar una cloración de choque, utilizando entre 30 y 50 gramos de cloro por metro cúbico de agua. Este producto debe disolverse previamente en un cubo de agua y verterse preferiblemente al atardecer, ya que la luz solar puede reducir su efectividad. El objetivo es eliminar la mayor parte de los microorganismos responsables del color verde.

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Unas horas después, se aplica un producto antialgas para evitar que los microorganismos vuelvan a proliferar. Este paso es importante sobre todo cuando la piscina ha estado desatendida o tras un aumento repentino de temperatura. La combinación de cloro y antialgas suele ser suficiente para la mayoría de los casos.

Durante este proceso, el sistema de filtrado debe funcionar de forma continua durante al menos 24 a 48 horas. El filtro se encarga de eliminar las partículas muertas y repartir uniformemente los productos químicos. Si, después de este tiempo, el agua sigue turbia, se puede emplear un floculante. Este producto agrupa las partículas en suspensión y las lleva al fondo, donde se pueden retirar fácilmente con un limpiafondos.

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Medir el pH del agua es fundamental. El rango óptimo está entre 7.2 y 7.4. Si el pH es demasiado alto o bajo, la eficacia del cloro disminuye y las algas pueden reaparecer. Es recomendable revisar este parámetro de manera regular y corregirlo con los productos adecuados, siguiendo siempre las indicaciones del fabricante.

La recuperación completa del agua puede tardar entre 24 y 48 horas si el problema es leve. En los casos más complicados, la limpieza y los tratamientos pueden alargarse hasta cinco días, dependiendo de la extensión de las algas y el estado general de la piscina.

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Evitar que el agua vuelva a ponerse verde requiere una rutina de mantenimiento constante. Según Idealista, hay que revisar el pH y el nivel de cloro al menos una vez por semana, especialmente cuando aumentan las temperaturas o si la piscina se utiliza menos.

El filtrado debe mantenerse en funcionamiento entre seis y ocho horas diarias para impedir la acumulación de microorganismos. Utilizar productos antialgas de manera preventiva, sobre todo en los días de calor, ayuda a mantener el agua más tiempo cristalina. Limpiar las paredes y el fondo con regularidad también es clave para prevenir la formación de algas.

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Una manguera verde enrollada y una caja de herramientas azules con cepillos y botellas de limpieza, ubicadas al borde de una piscina con agua azul
Un equipo de limpieza de piscinas que incluye una manguera y una caja de herramientas

Para el cuidado diario, Idealista recomienda contar con un kit para medir el pH y el cloro, cloro rápido o de choque, incrementador o reductor de pH, antialgas y floculante cuando sea necesario. Sin olvidar el cepillo para paredes y el limpiafondos, imprescindibles para eliminar cualquier resto que pueda quedar adherido.

La combinación de estos cuidados y productos asegura que la piscina se mantenga lista para el baño durante toda la temporada, minimizando el riesgo de problemas y facilitando el mantenimiento regular.

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En Idealista subrayan la importancia de la constancia y la atención a los detalles: limpieza física, aplicación adecuada de productos y control periódico de los parámetros del agua son la mejor garantía para disfrutar de una piscina limpia y segura.