Entre las personas, relamernos los labios suele tener significados bastante fáciles de reconocer por el contexto, puede ser la respuesta espontánea ante algo que nos parece delicioso, una forma de humedecer unos labios secos o, en determinados contextos sociales, un gesto de coqueteo e insinuación sexual. En los perros, sin embargo, ese pequeño movimiento de la lengua forma parte de un repertorio de señales mucho más amplio, y aprender a interpretarlo requiere mirar qué está ocurriendo alrededor del animal.
Porque un perro no se relame únicamente cuando espera que le den un trozo de comida. Puede hacerlo ante un estímulo agradable, cuando está excitado, mientras disfruta de una sesión de caricias, al intentar captar determinados olores o como respuesta a una situación que le genera incomodidad. Cuando el comportamiento aparece de manera insistente o acompañado de otros signos, también puede ser una pista de que existe un problema físico que conviene investigar.
La lengua también forma parte de la comunicación
Un estudio publicado en 2017 encontró que los perros pueden responder con el gesto de relamerse ante determinados estímulos emocionales procedentes de las personas. La investigación, realizada por científicos de la Universidad de Lincoln, en Reino Unido, y de la Universidad de São Paulo, en Brasil, estudió a 17 perros a los que se mostraron imágenes de rostros humanos y de otros perros acompañadas de vocalizaciones con carga emocional positiva o negativa. Los investigadores observaron que los animales prestaban más atención a los rostros cuya expresión coincidía con la emoción transmitida por el sonido y que el relamido aparecía especialmente ante estímulos humanos con carga emocional negativa. Los resultados aportaban evidencia de que los perros son capaces de integrar información procedente de diferentes sentidos.
El hallazgo es interesante porque amplía la interpretación tradicional del relamido como una conducta vinculada exclusivamente a la comida. Sin embargo, conviene no ir más allá de lo que realmente demostró aquel experimento. El estudio no permite afirmar que los perros utilicen siempre el relamido como un mensaje consciente dirigido a sus cuidadores, ni que cada vez que un animal se relame esté reaccionando a las emociones de una persona. Lo que muestra es que el comportamiento puede formar parte de la respuesta del perro ante determinados estímulos emocionales.
El contexto resulta, por tanto, fundamental. Un perro que se relame mientras su cuidador prepara su comida probablemente está respondiendo a la anticipación de algo apetecible. Si lo hace mientras alguien se aproxima con un tono de voz elevado, se encuentra en una situación desconocida o recibe señales que percibe como amenazantes, el significado puede ser completamente diferente.
En estos últimos casos, el relamido puede formar parte de las denominadas señales de calma, conductas que aparecen en determinadas situaciones sociales y que pueden indicar que el animal está incómodo, inseguro o intentando reducir la tensión. No significa necesariamente que el perro esté aterrorizado, pero hay que observar el conjunto de su lenguaje corporal.
Si hay comida, el significado es más sencillo
Hay ocasiones en las que no hace falta realizar una interpretación especialmente sofisticada. Cuando un perro empieza a relamerse mientras escucha cómo se abre una bolsa de premios, observa cómo se prepara su comida o detecta el olor de algo que le resulta apetecible, probablemente la explicación tenga que ver con lo que tiene delante. Relamerse los labios puede formar parte de la respuesta de anticipación ante la comida y también aparecer cuando acaba de ingerir algo especialmente pegajoso. En estas situaciones, el comportamiento es normal y no constituye por sí mismo una señal de estrés ni de enfermedad.
Algo parecido puede suceder durante una sesión de caricias. Algunos perros pueden relamerse o incluso lamer el aire cuando están disfrutando especialmente de que les rasquen una zona que les resulta agradable. La conducta también puede aparecer asociada a la excitación positiva ante una actividad que el animal espera con interés.
Por eso, interpretar el gesto sin atender a lo que sucede alrededor puede llevar fácilmente a conclusiones equivocadas. La misma lengua que aparece ante un trozo de comida puede aparecer también ante una situación incómoda, y es el contexto el que ayuda a distinguir ambas situaciones.
El sentido del olfato también puede estar detrás de determinados episodios de lamido de aire. Los perros poseen un órgano vomeronasal, conocido como órgano de Jacobson, situado en el paladar, que interviene en la detección de determinadas sustancias químicas presentes en los olores. Algunos comportamientos relacionados con el movimiento de la boca, el labio superior y la lengua pueden facilitar la entrada de moléculas olorosas hacia esta estructura.
Cuando relamerse deja de ser una conducta puntual
La situación cambia cuando el perro empieza a relamerse continuamente, sin que exista un estímulo evidente que explique el comportamiento. En esos casos, además de considerar factores emocionales, conviene prestar atención a la posibilidad de que exista un problema físico. El relamido frecuente puede aparecer cuando el animal tiene náuseas o molestias digestivas. Algunos perros se relamen de forma insistente, tragan saliva repetidamente o babean antes de vomitar, y la conducta también puede acompañar problemas gastrointestinales. El mareo durante los desplazamientos en coche suele producir un patrón similar.
Pero la boca es otro de los lugares que conviene revisar. Una enfermedad dental, una lesión, inflamación o incluso un cuerpo extraño atrapado entre los dientes, las encías o en otra zona de la cavidad oral pueden provocar que el perro se relama, trague repetidamente, babee o intente llevarse las patas a la boca.
Por eso, un perro que empieza de repente a relamerse de manera insistente merece una observación más detenida. Si, además, el comportamiento aparece acompañado de babeo excesivo, vómitos, falta de apetito, decaimiento, dificultad para tragar, molestias al comer o intentos de rascarse la boca, lo recomendable es consultar con un veterinario. También existen otras enfermedades que pueden acompañarse de un aumento del relamido de labios, entre ellas algunos problemas metabólicos o gastrointestinales. El comportamiento, por sí solo, no permite determinar cuál es la causa.
El estrés
Cuando el relamido aparece en situaciones que el perro considera incómodas, puede formar parte de su repertorio de señales relacionadas con el estrés. Un perro puede relamerse ante una reprimenda, durante una interacción que le genera inseguridad, cuando hay demasiado ruido a su alrededor o ante la presencia de una persona o animal que percibe como una amenaza.
En estos casos, es especialmente importante no interpretar el gesto de manera aislada. Si el perro se relame mientras aparta la mirada, gira la cabeza, mantiene el cuerpo tenso, intenta alejarse, bosteza, permanece inmóvil o muestra otras señales de incomodidad, el conjunto de comportamientos ofrece mucha más información que el movimiento de la lengua por sí solo. La recomendación no debería ser intentar que el perro deje de relamerse, sino averiguar qué está provocando la conducta y modificar, cuando sea posible, la situación que le genera malestar. Darle espacio, permitirle retirarse de una interacción que le incomoda contribuye a reducir la tensión.
La frecuencia también es un dato a valorar. Un perro que se relame una o dos veces después de escuchar un ruido extraño no está necesariamente experimentando un problema. Uno que repite la conducta cada vez que entra determinada persona en casa, durante una visita veterinaria o ante una situación concreta está proporcionando información que merece ser observada.
La clave está en mirar al perro entero
El relamido de labios es, en definitiva, un ejemplo bastante claro de por qué interpretar el lenguaje corporal canino exige mirar el conjunto de señales y no convertir un comportamiento aislado en un diccionario universal. Puede significar anticipación ante la comida, placer, exploración de olores, excitación, incomodidad o estrés, y también aparecer como consecuencia de una molestia física. Incluso dentro de cada una de estas situaciones puede haber diferencias individuales entre perros.
Por eso, cuando un perro se relame, la pregunta más útil no es únicamente “¿qué significa este gesto?”, sino “qué estaba ocurriendo justo antes y qué está haciendo el resto de su cuerpo?”. Si está delante de su comedero y mueve la cola mientras espera la cena, probablemente no haya ningún misterio que resolver, pero si está sentado, rígido, gira la cabeza y se relame repetidamente, la señal merece una interpretación muy diferente.