Editorial
Fue sano que el Presidente Kast haya utilizado un tono de estadista en su discurso, evitando las críticas destempladas, lo que marcó una clara diferencia con el lenguaje descalificador del mandatario argentino.
Por Editorial La Tercera7 SEPTIEMBRE 2026

La quinta versión del Foro Madrid, que se llevó a cabo en Santiago, estuvo precedida de una intensa polémica, particularmente por las críticas de sectores opositores -también se sumaron algunos representantes de Chile Vamos- a la pertinencia de este encuentro, alertando sobre las implicancias de que esta cumbre reuniera a representantes de la “ultraderecha” y que desde ahí se diera tribuna a una agenda profundamente “iliberal”. Asimismo, también se cuestionó el hecho de que el Presidente José Antonio Kast tomara parte del encuentro, junto al Mandatario argentino, Javier Milei.
Si bien esta cumbre -organizada por la Fundación Disenso, estrechamente ligada al partido español Vox- reunió a varios expositores así como a representantes de diversos países, su repercusión mediática fue más bien acotada, donde el protagonismo lo capturó por lejos la ponencia de Milei, cuyo descalificador lenguaje para referirse al mundo de la izquierda -dijo, por ejemplo, que “el mejor antídoto contra estos zurdos mugrosos negadores de la realidad son los datos”, y que “cada una de nuestras naciones debe contribuir ordenándose puertas adentro, quitando el cáncer de la izquierda de nuestras instituciones”-, así como sus polémicas referencias a la historia reciente de nuestro país, terminaron marcando este encuentro.
Había desde luego expectación por la intervención del Presidente Kast, tomando en cuenta que él fue uno de los fundadores del Foro Madrid -cuyo propósito es “constituirse como una alianza internacional contra el socialismo que representan el Foro de São Paulo, el Grupo de Puebla y la Internacional Progresista”-, y que en anteriores encuentros de la entidad a los que asistió había desplegado ampliamente sus líneas más ideológicas, expresando además duros cuestionamientos hacia los gobiernos de los presidentes Bachelet y Boric. A pesar de que estaba contemplado que el jefe de Estado abriera el Foro, finalmente fue el encargado de cerrarlo, donde fue llamativo el tono de estadista que procuró utilizar a lo largo de su discurso, evitando las críticas destempladas o frases de fuerte contenido ideológico. Uno de los pasajes más decidores fue cuando señaló que “los chilenos a mí no me eligieron para derrotar a la izquierda. No. Nos eligieron para enfrentar el crimen organizado, para enfrentar la pobreza, para enfrentar la corrupción, para enfrentar el desempleo”.
Hizo bien el Mandatario en tomar distancia de discursos altisonantes y marcar una clara diferencia con lo que fue la intervención del Presidente Milei. Más allá de la evidente sintonía ideológica entre ambos, es claro que los estilos y formas son distintos, y para el escenario interno fue una señal valiosa que el Mandatario evitara entrar en descalificaciones a la oposición que solo habrían agitado aún más nuestra ya tensionada política. Aun cuando en el debate interno abundan las descalificaciones y poder razonar calmadamente se hace cada vez más difícil, es sano que todavía se reconozcan algunos límites y que siga llamando la atención un lenguaje tan beligerante como el de Milei.
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