
En apenas dos semanas será el cambio de hora. Un evento que se repite cada año y nos da una hora extra de sueño por la noche. Pero no sólo eso, ajusta el horario y las horas de luz a nuestra rutina. La transición se producirá durante la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre. A las 3:00 h del horario del territorio peninsular, Baleares, Ceuta y Melilla, los relojes deberán retrasarse una hora completa para marcar las 2:00 h. En el caso de las Islas Canarias, la modificación se llevará a cabo cuando las agujas marquen las 2:00 h de la madrugada. En ese momento pasarán a ser las 1:00 h.
Este nuevo itinerario se mantendrá hasta la madrugada del día 28 de marzo de 2027, en la que los relojes volverán a adelantarse.
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La fecha del cambio de hora varía cada año porque la normativa europea no fija un día del calendario. La UE establece una regla matemática en la que el ajuste debe producirse el último domingo de marzo para el horario de verano y el último domingo de octubre para el de invierno. Como los domingos se distribuyen de forma distinta en cada mes según el año, la fecha exacta oscila entre el 25 y el 31 de octubre.
En 2026, ese último domingo cae el día 25, lo que convierte a esta edición en la más temprana posible dentro del rango permitido por la directiva comunitaria. El domingo de madrugada, con la población mayoritariamente dormida, permite que el ajuste pase casi inadvertido y que el margen de adaptación se concentre en un único día no laborable antes de que arranque la semana.
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Según explica Time, cuando Estados Unidos aplicó por primera vez el cambio de hora en 1918, durante la Primera Guerra Mundial, las autoridades constataron que a las 02:00 de un domingo prácticamente no circulaban trenes ni existía actividad comercial relevante, lo que convertía esa franja horaria en la de menor impacto posible para la vida cotidiana
España estrenó el cambio de hora en 1918, un lunes a las once de la noche, como medida de urgencia impuesta por la Primera Guerra Mundial para ahorrar carbón y alinear el reloj nacional con el de los vecinos europeos. Lejos de convertirse en costumbre fija, el ajuste entró y salió del calendario según las circunstancias, con un largo paréntesis sin ningún cambio entre 1950 y 1974. El episodio más singular llegó durante la Guerra Civil, cuando el bando republicano adelantó el reloj en verano mientras el bando sublevado mantuvo las reglas de 1918, lo que dejó a España con dos husos horarios oficiales y simultáneos durante meses, según documenta un artículo del Anuario del Observatorio Astronómico de Madrid de 2013.
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Terminada la contienda, Francisco Franco adoptó el horario de Europa Central, una hora por delante del meridiano de Greenwich que correspondía al país por geografía, para sincronizar los relojes españoles con los de la Alemania nazi. La medida, pensada como provisional, nunca se revirtió y explica por qué, todavía hoy, el sol se pone en Galicia casi a la misma hora de reloj que en Varsovia. El sistema actual tomó forma en 1974, cuando la crisis del petróleo obligó a reinstaurar el cambio horario por la vía urgente, y quedó cerrado en 1996 con la fijación del ajuste en la madrugada del último domingo de marzo y de octubre.