15 de octubre, 2026 - 06h30
Un país serio no puede recibir PISA, lamentarse unos días y volver a la rutina. Una evaluación solo tiene sentido si produce decisiones y correctivos. Ecuador debe pasar de la crisis a una verdadera reforma del sistema educativo, no solo parches curriculares coyunturales.
La primera tarea debe ser construir un gran acuerdo nacional por la educación, contando con el aporte del Consejo Nacional de Educación. Para el efecto, convocar a una consulta nacional, no tipo plebiscito, sino de especialistas, docentes, estudiantes, padres de familia, académicos, universidades, sectores productivos y representantes de la sociedad. Debe ser un diálogo de expertos multisectoriales, para definir qué país queremos, qué ciudadano debemos formar para conducir ese país, con eso el perfil de educadores, reformar actualizando el currículo, reformas normativas y legales, aumentar presupuesto.
De esa consulta debería surgir un nuevo currículo nacional. No otro documento cargado de contenidos y terminología pedagógica, sino una arquitectura del aprendizaje. El currículo debe concentrarse en lo que permite seguir aprendiendo durante toda la vida: comprensión lectora, escritura, matemática, ciencias, razonamiento lógico, pensamiento crítico, investigación, ciudadanía, ética y cultura digital.
La escuela debe enseñar lo esencial con profundidad. No es razonable avanzar sin dominar conocimientos indispensables del grado anterior. La recuperación pedagógica debe ser temprana y efectiva. Incluir no significa bajar estándares, sino dar oportunidades reales.
Hay que posicionar y mejorar la formación del docente, con capacitación, acompañamiento y condiciones de trabajo. Pero también es necesario recuperar la evaluación profesional y la autoridad pedagógica. Un buen sistema educativo no desconfía de sus maestros, pero tampoco renuncia a exigirles resultados.
Se debe reconstruir el núcleo familiar con una cultura que valore el estudio, la lectura, la responsabilidad y el esfuerzo. Ninguna política educativa podrá reemplazar al hogar que renuncia a educar con valores y principios. Escuela y familia cumplen funciones distintas y complementarias.
La inteligencia artificial (IA) llegó para quedarse. La tecnología, internet y la IA por si no son malas, son neutras, lo malo radica en cómo se las usa. No hay que prohibirlas, tampoco entregarse a ellas. Hay que enseñar a usarlas para investigar, comparar, crear y resolver problemas, verificando siempre sus respuestas. Una herramienta que piensa por el estudiante y le hace sus tareas, termina debilitando precisamente aquello que la escuela debe formar: pensamiento propio, razonamiento lógico, pensamiento crítico, abstracto, numérico y espacial.
Formular una real política de equidad. Estudiantes vulnerables requieren más apoyo y acompañamiento. La igualdad educativa no consiste en entregar lo mismo a todos, o que todos pasen sin conocimientos necesarios, sino en asegurar que todos tengan una oportunidad efectiva de aprender.
PISA 2025 es, ante todo, una oportunidad, nos dice dónde estamos y obliga a decidir hacia dónde queremos ir. (O)