Actualizado Lunes, 27 julio 2026 - 19:48
Cuando las llamas comenzaron a arrasar la Sierra Oeste de Madrid, este pasado viernes, una imagen resaltaba sobre el resto. Una antena de 70 metros de diámetro aguantaba bajo un cielo casi devorado por una inmensa nube de humo denso, oscuro y anaranjado, que presentaba una instantánea casi apocalíptica. Era el Complejo de Comunicaciones del Espacio Profundo de la NASA, situado en Robledo de Chavela. De ahí, esa misma tarde, cerca de 90 personas fueron evacuadas ante el peligro inminente.
La estación, uno de los tres puntos en todo el planeta -junto a California (EEUU) y Goldstone (Australia)- desde los que la humanidad mantiene el contacto con las misiones más allá de la órbita terrestre, quedó rodeada por el fuego mientras una gran humareda la hacía desaparecer en el horizonte. Pero todo se quedó en un susto. La propia NASA confirmó posteriormente que el centro no había sufrido daños estructurales "significativos" en las antenas o edificios, y agradeció a los servicios de emergencia sus "esfuerzos incansables" para proteger el enclave en condiciones "extremadamente desafiantes".
Este diario pudo comprobar, durante el fin de semana, cómo el fuego apenas llegó a entrar en las instalaciones. Quemó algo de pasto bajo en la vegetación que rodea el complejo, pero no se aprecian daños en el pavimento ni en ninguna infraestructura visible, un extremo que coincide con lo confirmado por la agencia estadounidense.

La situación actual de la antena de 70 metros de diámetro.EL MUNDO
Además, durante la mañana del domingo, dos camiones de bomberos se acercaron a unos 300 metros del complejo para arreglar un tendido eléctrico afectado por el siniestro. Mientras todo se solventa, los otros dos centros de Estados Unidos y Australia están apoyando las operaciones con las naves para garantizar que las comunicaciones espaciales no se vean interrumpidas.
Comunicación entre familias
Lo que ha sido más complicado de salvaguardar es la cobertura en muchos municipios madrileños afectados por el incendio, lo que ha generado angustia y ansiedades en familias que no han sabido nada de sus parientes durante horas o, en algunos casos, durante días. "Llevo 48 horas sin poder hablar con mi abuelo... Sé que está bien, pero se quedó solo ya les confinaron en San Martín de Valdeiglesias y yo no he podido ir. Se pasa mucho estrés", contaba desde Brunete, el sábado, una de las afectadas.
Además de viviendas y mucho monte, las llamas también se llevaron por delante torres eléctricas, antenas y kilómetros de fibra óptica. Conscientes de lo que esto podía suponer, casi desde el inicio de esta tragedia técnicos de comunicaciones se pusieron manos a la obra desplegando un operativo con el que ir recuperando las redes. "Cuando se dañaron las infraestructuras, el mayor reto fue construir una red de emergencia sobre la marcha mientras se reparaba el resto. La ejecución ha sido muy complicada, trabajando contrarreloj mientras el incendio seguía activo", exponen fuentes regionales a este diario.

el Complejo de Comunicaciones del Espacio Profundo de la NASA.EL MUNDO
La estrategia se ha sostenido sobre varios frentes simultáneos. Por un lado, la reparación continua de fibra óptica y estaciones base dañadas, un trabajo que solo puede arrancar cuando los servicios de emergencia autorizan el acceso a la zona y garantizan que es segura para los equipos técnicos. Es, según reconocen las mismas fuentes, la parte que más está costando: hay tramos que todavía no se han podido siquiera empezar a reparar.
También se han desplegado unidades móviles de telecomunicaciones en el Puesto de Mando Avanzado (PMA) y en las zonas de mayor necesidad, reforzando la cobertura para los propios servicios de emergencia que coordinan la extinción. A ellas se suman soluciones de conectividad satelital y puntos temporales de WiFi para las personas evacuadas, accesibles independientemente de su operador móvil personal.
Todo este engranaje depende de una colaboración permanente entre la Comunidad de Madrid, el PMA, los servicios de emergencia y las distintas operadoras, que ajustan la respuesta prácticamente en tiempo real según evoluciona el incendio. "El ejemplo más claro de esa capacidad de adaptación llegó cuando el propio PMA tuvo que trasladarse de Cenicientos a Navalcarnero. El cambio obligó a desplegar de inmediato una nueva unidad móvil de telecomunicaciones y soluciones adicionales de conectividad para que el nuevo centro de coordinación no perdiera comunicación no estuviera fuera de servicio ni un solo minuto", concluyen las fuentes autonómicas.