Leonardo da Vinci impulsó el avance de la sociedad combinando creatividad y curiosidad. El genio renacentista demostró que la verdadera innovación surgía de la unión de la imaginación y el conocimiento: una idea puede ayudar a resolver un problema o facilitar la vida de las personas. Y Leonardo es el nombre con el que la Fundación BBVA ha bautizado a su programa de becas destinado precisamente a impulsar ideas. A creer en ellas, a explorarlas y a convertirlas en realidad.

Los 59 investigadores y creadores de entre 30 y 45 años que recibirán este año una de estas ayudas económicas, de hasta 50.000 euros, se encuentran en una fase determinante de su carrera. Han alcanzado una madurez profesional que les permite definir un proyecto personal, pero, a menudo, se topan con el obstáculo de la falta de financiación y de flexibilidad para llevarlo a cabo. Una beca Leonardo les permite convertirse en directores y gestores de su propio proyecto. Una libertad investigadora y creativa que facilita que puedan centrarse en preguntas, ideas o temas que han surgido o han conocido durante sus primeros años de carrera.

Por qué está aumentando el cáncer colorrectal en personas menores de 50 años fue la pregunta que dio origen al proyecto del biólogo computacional Marcos Díaz Gay (Santiago de Compostela, 1991), director del Laboratorio de Genómica Digital del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). «A diferencia de las personas mayores, los jóvenes no suelen estar cubiertos por los programas de cribado actuales, lo que hace que sea más difícil detectar el tumor a tiempo», explica un investigador gallego que cambió la ingeniería de caminos por la exploración de «firmas genómicas» que delaten el riesgo de desarrollar cáncer.

Desde el CNIO, el equipo de Díaz Gay aplica modelos matemáticos y bioinformática para identificar patrones genómicos y huellas mutacionales en tumores. Su misión es analizar factores ambientales, dieta y microbiota y estudiar cómo los tumores evaden el sistema inmune mediante mecanismos moleculares. Entre las primeras pistas que siguen está la presencia de una determinada toxina bacteriana en adultos jóvenes, «aunque todavía estamos indagando si esta exposición es la causante funcional del tumor o si es un factor pasajero».

Las respuestas que buscan están en el genoma completo de 3.300 tumores de pacientes procedentes de 18 países. «Vamos a caracterizar las alteraciones genéticas que permiten al cáncer evadir el sistema inmunitario», explica. En lugar de buscar una mutación específica en un gen concreto (la recurrente metáfora de buscar una aguja en un pajar), «la metodología consiste en recopilar y analizar todos los cambios que ocurren a nivel genómico en los tumores». La bioinformática les permite detectar y clasificar estos códigos de barras para entender qué procesos o factores de riesgo han interactuado con las células y han causado el daño. «Estas marcas o firmas en el genoma están determinadas por procesos específicos que causan mutaciones (como el tabaco, la luz ultravioleta o toxinas bacterianas)».

El biólogo computacional Marcos Díaz Gay, en el CNIO (Madrid).FBBVA

"Para conocer mejor al cáncer, buscamos marcas en el genoma que están determinadas por procesos específicos que causan mutaciones (como el tabaco, la luz ultravioleta o toxinas bacterianas)"

Marcos Díaz Gay

Una vez conseguido este paso –«aún queda mucho para ello», resalta–, «llegaríamos a su uso en el diagnóstico y tratamiento a modo de biomarcadores». Mientras llega ese momento, el investigador aconseja que, si ya se sabe que el tabaco y los ultraprocesados son factores de riesgo, «Hagamos por evitarlos». «También a través de políticas públicas que avalen nuestros hallazgos», recalca.
Y si Marcos Díaz busca respuestas sobre el cáncer, Daniel Moreno Boza (Málaga, 1990) ha centrado su investigación en otra de las preocupaciones de la sociedad: los incendios forestales. El profesor titular del Departamento de Ingeniería Térmica y de Fluidos de la Universidad Carlos III de Madrid va a aplicar su disciplina para intentar comprender cómo se generan los grandes incendios, que en los últimos años se han visto intensificados por el cambio climático.

Tal y como recuerda, conoció esta línea de investigación cuando estaba terminando el doctorado en Ingeniería Aeroespacial en la Universidad de California en San Diego (EEUU), donde su director de tesis y colaboradores comenzaron a estudiar la dinámica de estos fuegos a través del análisis de las ecuaciones del movimiento y simulaciones.

Moreno volvió a España y trabajó durante varios años en otros problemas en la Universidad Carlos III, pero la idea de abordar desde la física fundamental el comportamiento de los incendios era su asignatura pendiente. La retomó a finales de 2025, cuando dio forma al proyecto para el que ahora acaba de obtener una beca Leonardo.

En concreto, investiga los llamados remolinos o tornados de fuego (fire whirls, en inglés) asociados a esos grandes incendios: «Son fenómenos muy destructivos que, si se dan las condiciones idóneas, emergen desde el suelo en llamas, hacia arriba. Qué condiciones deben darse para que aparezcan estos tornados de fuego es una pregunta abierta que perseguimos responder con este proyecto, pues queremos entender la dinámica de estos fuegos, qué factores influyen para que se desarrollen», señala sobre un fenómeno que se ha producido, por ejemplo, en el gran incendio de Ávila del pasado verano.

El ingeniero físico Daniel Moreno, investigador de la Carlos III.

El ingeniero físico Daniel Moreno, investigador de la Carlos III.FBBVA

"En España hemos invertido muchos recursos en las redes de telescopios para estudiar los rayos gamma, así que creo que es importante que tengamos investigadores que puedan explotarlos"

Daniel Moreno Boza

Para ello emplearán modelos matemáticos y simulaciones. Posteriormente pretenden replicar esas condiciones en el laboratorio: «Nos gustaría ser capaces de reproducir la fenomenología de estos incendios en un entorno controlado y con condiciones bien definidas. La intención es simular remolinos a una escala de entre un metro y dos metros de altura, para estudiar las condiciones en las que se producen y se expanden», apunta Moreno, que espera que sus resultados ayuden a controlar mejor unos incendios que a menudo quedan fuera de la capacidad de extinción durante horas o días.

«Una de las posibles aplicaciones sería intentar contar con imágenes de satélite de estos incendios y tratar de predecir cuáles son los puntos calientes. Es decir, las zonas con más probabilidad de que aparezcan los remolinos de fuego», adelanta.

La tecnología también es fundamental para el proyecto de Alicia López Orams (San Cristóbal de La Laguna, Santa Cruz de Tenerife, 1987), aunque su estudio se centra en fenómenos que ocurren lejos de la Tierra. El universo extremo es el campo que va a investigar esta astrofísica a través de las nuevas redes de telescopios con los que va a contar próximamente el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). «Me dedico a la astronomía de rayos gamma, que es un campo relativamente joven. Estudiando lo más grande –otras galaxias, agujeros negros, etc.– logramos obtener también información de lo más pequeño: las partículas que habitan en estos entornos y cómo interaccionan entre ellas. Precisamente, Canarias es uno de los pocos lugares en el mundo donde tenemos telescopios de rayos gamma», cuenta esta investigadora, que recuerda que el archipiélago «cuenta con uno de los mejores cielos del mundo», lo que ha propiciado que «la astronomía sea una ciencia presente en el día a día de los canarios».

"Una posible aplicación de mi proyecto sería usar imágenes de satélites para predecir en qué zonas es más probable que aparezcan los remolinos de fuego, que son fenómenos muy destructivos"

Alicia López Orams

La astronomía de rayos gamma, repasa, ha entrado en una edad de oro gracias a los telescopios Cherenkov, capaces de captar los fenómenos más energéticos y violentos del cosmos. Y los nuevos instrumentos que están a punto de estrenarse van a poder observarlos con un nivel de detalle sin precedentes. El Cherenkov Telescope Array Observatory (CTAO) está a punto de inaugurarse y tendrá dos sedes: una en Paranal (Chile) y otra en el Observatorio del Roque de los Muchachos de La Palma, donde este mismo mes empezarán a funcionar cuatro grandes telescopios de 23 metros de diámetro denominados Large Size Telescopes (LST), que son capaces de posicionarse y apuntar a cualquier lugar del cielo en unos 25 segundos.

Asimismo, Tenerife albergará una red de nueve telescopios de menor tamaño, de cuatro metros de diámetro, denominada ASTRI, que permitirá llegar a la parte más energética de los rayos gamma.

López ve su futuro en España: «Ahora mismo estoy en el proceso de estabilizar mi situación aquí en el IAC. En España hemos invertido mucho esfuerzo a nivel económico y de recursos personales para construir estas redes de telescopios, y creo que es importante que tengamos investigadores que puedan explotarlos científicamente. Además, mi investigación tiene un contexto muy internacional porque trabajo dentro de grandes colaboraciones con científicos de institutos de diversos países, en los que espero poder hacer estancias para seguir colaborando y formándome», asegura.