Pasar de la humildad de un conventillo en La Boca a convertirse en la máxima fantasía de la televisión argentina fue un viaje tan inesperado como intenso. Durante los años 80, Noemí “La Tana” Alan no solo paralizaba al país con su frescura y sensualidad, inmortalizando frases como “¿Facciamo il reportaggio?” y “La tanguita, la próxima semanita”, sino que compartía escenario y pantalla con los cómicos más grandes de la época, desde Alberto Olmedo y Juan Carlos Calabró hasta Tato Bores. Sin embargo, detrás del brillo de los aplausos y la noche porteña, se gestaba un camino lleno de sombras.

En esta charla de La vida después, la actriz se entrega a una conversación desgarradora, sin evitar ningún tema. De una infancia marcada por la violencia de un padre alcohólico y la trágica muerte de su hermano a la incidental foto con el represor Jorge “El Tigre” Acosta que le costó la cancelación mediática. Noemí Alan repasa una vida atravesada por la exposición extrema y explica cómo hizo para rearmarse desde el silencio.

Luis Novaresio: ¿Quién es Noemí Alan?

Noemí Alan: Uy... Es un cúmulo de mujeres, de personajes con distintas historias de vida, como varias personas en una sola.

LN: ¿Y te gusta más una que otra?

NA: Sí. Me gusta la Noemí alegre, la sana, la que disfruta, la que está con sus hijos y la que duerme con su perrito.

"Noemí Alan es un cúmulo de mujeres, de personajes con distintas historias de vida, como varias personas en una sola", sostiene
"Noemí Alan es un cúmulo de mujeres, de personajes con distintas historias de vida, como varias personas en una sola", sostiene

LN: Contame de tu casa de la infancia. ¿Cómo era?

NA: Era relinda. Yo vivía en un barrio en la Costanera Sur, que después lo tiraron abajo. Me acuerdo siempre del living-comedor de la casa: éramos muy humildes, pero papá había hecho toda una estufa, un hogar de piedras y leños muy lindo. Después de ahí, cuando mis padres se separaron, nos fuimos a vivir a La Boca a un conventillo que era de mis abuelos maternos, y en cada uno de los departamentitos vivía cada uno de sus hijos con la familia. Nosotros, como veníamos de afuera “de regalo”, nos hicimos una casita en el patio, que era enorme. Ahí teníamos dos dormitorios, el comedor, la cocina y el baño afuera para todo el mundo.

LN: Y ahí estaban mamá, vos y… dos hermanos. ¿La separación de los viejos fue brava?

NA: Bravísima, pero no la separación. La separación fue buena porque realmente papá era un tipo... Era alcohólico, era pegador, abusador. Así que de chica la pasé muy mal. Recién empecé un poco a relajarme, digamos, de alguna manera, cuando mamá lo dejó.

LN: ¿Y tenías más o menos qué edad entonces?

NA: Y ahí tenía diez años.

LN: Muy chiquita.

NA: Sí. Es más, yo empecé a estudiar teatro porque era muy tímida. Me costaba mucho involucrarme con la gente, con las compañeras de colegio. En un momento, ya un poco más grande, un amigo que también era actor y mucho mayor que yo, me dijo: “Vos tendrías que hacer terapia”. Le digo: “Yo no tengo un mango para terapia”. Me dice: “Bueno, estudiá teatro que te va a hacer bien”. “Yo tampoco tengo un mango para pagar un curso”. Y me consiguió una beca de un año, nada más y nada menos que con Carlos Gandolfo.

LN: ¡Wow!

NA: Y de ahí estuve con él. Después ya me gustó, me pasé con Lito Cruz y Carlitos Moreno. Después unas amigas me consiguieron una entrevista de trabajo sin decirme nada. Me llamaron un día y me dijeron: “Arreglate un poquito que vamos a salir a pasear”, y me llevaron a conocer a Porcel. Y ahí me vio y me dijo: “Mañana debutás en la revista”.

Luis Novaresio - Noemi Alan
"Empecé a estudiar teatro porque era muy tímida. Me costaba mucho involucrarme con la gente", afirma Alan

LN: Así.

NA: De un día para el otro. Yo dije: “¿Yo mostrar el culo? Ni loca”. Así que me dijo: “Bueno, entonces con el único que podrías trabajar sería con Calabró, que digamos que es el humor más naíf”.

LN: El tipo que hacía humor blanco, claro.

NA: Y ahí me lo presentaron a Calabró, que me dijo que estaban buscando una chica para hacer una película, que tenía que ser una chica de barrio. Yo fui al casting y quedé. Después me llamaron para grabar un programa, un sketch, un día de prueba, y me quedé cuatro años sin contrato, sin nada. Cada vez que terminaba de grabarse el programa, yo sabía si estaba en el que seguía porque me daban libretos. Si no me daban libretos, era porque no estaba. Y todas las semanas tenía el libreto de la semana siguiente, y así estuve cuatro años.

LN: Ahí empezaste a cobrar algo de dinero. ¿Seguías viviendo en el conventillo de La Boca?

NA: No, en ese momento vivía en Villa del Parque, en el Hogar Obrero.

LN: ¿Y te imaginaste que eso iba a ser tu modo de vida?

NA: No, para nada.

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Noemí Alan fue entrevistada por Luis Novaresio para La vida después

LN: ¿Y cuándo llega la “tandita”?

NA: Después de Calabró y de mi primera temporada de teatro en Mar del Plata, que ahí fue cuando decidí que quería ser actriz y que era para mí ese trabajo. Fui con la segunda temporada de los “Galancitos” —la primera había sido un éxito impresionante, se había roto todo...

LN: Darín, Carlitos Olivieri, esos...

NA: Claro. Estaban Daniel Fanego, Gabriel Lengue... Bueno, no me acuerdo de todos. E inaugurábamos el teatro en el Club Mar del Plata, donde se iba a comer. No venía nadie, nadie. Y el productor se las tomó, se mandó a mudar. A mí me habían alquilado enero y febrero ya no. Entonces no tenía dónde ir y me dieron una habitación en la casa, imaginate, de Carlos Calvo y creo que Ricardo Darín. Yo me tenía que encerrar con llave porque era un quilombo. Estaban todos los galanes, todas las pibas... Era un desastre. En una función me agarro a trompadas, pero a cachetazo limpio, con Daniel Fanego atrás del decorado. Y yo después tenía que hacer una escena donde lo tenía que seducir y bailarle, y se cagaba de risa diciendo: “¿A ver cómo ésta va a hacer eso?”. Y yo lo hice mejor que nunca. Cuando terminamos me dice: “Te tengo que pedir disculpas porque te menosprecié todo este tiempo”. De ahí nos hicimos íntimos amigos.

LN: ¿Cuándo te enteraste de que eras un símbolo sexual?

NA: Nunca. Todavía es el día de hoy...

LN: Nah, dale. ¿Mirás las fotos esas? Una bomba neutrónica, termonuclear.

NA: Es que yo me veo ahora y digo: “Qué linda que era”. Me asombro yo misma del cuerpo que tenía, porque siempre fui vaga. Nunca hice mucho deporte, ¿viste? En esa época éramos todas de verdad. No teníamos implantes... Es más, yo me achiqué las mamas dos veces. No teníamos la cola hecha, ni las tetas hechas, ni la cara cirujeada ni botoxeada. Éramos todas de carne y hueso, de verdad. Y éramos todas distintas. Después, en los últimos años, es como una camada que para mí son todas iguales.

Luis Novaresio - Noemi Alan
"Me asombro yo misma del cuerpo que tenía, porque siempre fui vaga", cuenta Noemí

LN: Hay un momento en el que no podés empezar a caminar por la calle tranquila. ¿Cuándo es ese momento?

NA: En la siguiente temporada a esa, y cuándo pegó realmente lo de “¿Facciamo il reportaggio?”. Y bueno, con “La tanguita, la próxima semanita” con los uruguayos. Eso fue un furor.

LN: O sea, el reportaggio de Sofovich y la tanguita.

NA: La gente lloraba: abrazo, beso de verdad. El autógrafo, la salida de los teatros era un bullicio, a la salida de los canales también.

LN: ¿Propuestas indecentes te hacían?

NA: Sí, y algunas las acepté.

LN: ¿Puedo saber cuáles?

NA: Me puse de novia con un señor que era casado, pero multimillonario. Él me sacó de Villa del Parque y me llevó a vivir a Palermo, me compró un piso en Libertador. Le pude comprar a mi mamá su departamentito para que siempre estuviera tranquila de que iba a tener dónde estar toda su vida, porque la madre de ella había sufrido mucho cuando vendieron el conventillo con la promesa de que iba a ir a vivir con su hijo menor y nunca se la llevó. Vivía con nosotros, que éramos los que menos teníamos...

LN: ¿Qué pasa para que la Tana Noemí Alan salga de la escena?

NA: Fue después de la época de los militares. Fuimos a hacer un día lunes una función a beneficio para los excombatientes. Después nos hicieron un ágape en un portaaviones y nos sacan una foto a todos los que estábamos, éramos 20 personas: el Pato Carret, Miguel Ángel Cherutti, Los Ángeles de Smith, el Chango Nieto y qué sé yo... Éramos un montón. Nos sacan una foto juntos, yo tenía un petiso al lado mío, le saco la gorra y me la pongo para la foto. Resulta ser que era “El Tigre” Acosta. A todo esto, después yo me entero de que él había sido un gran torturador y una persona nefasta durante el Proceso. Y no tiene mejor idea Fontevecchia que publicar esa foto cortada, saliendo yo sola con la gorra. Era todo para hacerle pagar a Sofovich un juicio que él le había hecho a Fontevecchia, porque Fontevecchia lo había sacado con una gorra, pero sobrepuesta, no de verdad. Eso fue un juicio y se lo ganó, una millonada. Me pusieron a mí como para cagarlo, pero me cagaron a mí.

Luis Novaresio - Noemi Alan
"Me puse de novia con un señor que era casado, pero multimillonario. Él me sacó de Villa del Parque y me llevó a vivir a Palermo", recuerda Alan

LN: Aparte te vinculaban con Acosta y vos no tenías ni la menor idea de quién era. Te inventaban que eras la amante.

NA: No sabía ni quién era. Es más, después me amenazaban: yo tenía una casa en Mar del Plata y me tiraban bombas prendidas fuego en la puerta de la casa, llamaban por teléfono y le decían a mi mamá que me iban a encontrar tirada en una zanja... Pasé unos momentos horribles. Me prohibieron en todos lados, ningún canal me dejaba explicar la realidad: de dónde venía esa foto o cómo había sido. A mí nunca se me ocurrió decirles a los excombatientes —que había miles en el hangar— que si alguno había estado presente saliera a contar lo que hice. Porque fui la única que se bajó del escenario y me fui al fondo, donde estaban los pibes en las gradas, porque adelante estaban sentados todos los “capos”. Yo les dije: “Yo no vine a trabajar para ustedes” y me fui a hacerles el show a los excombatientes. Y después me como este garrón.

LN: ¿Y cómo fue pasar del súper estrellato al anonimato?

NA: Fue muy triste. No tanto por el estrellato, sino por cómo me habían dejado la imagen ante la gente, aunque la gente en la calle me decía que me creía. Pero mi imagen estaba deteriorada en el ambiente, sobre todo porque ninguno de mis compañeros salió a decir: “Che, yo también estaba”. Ninguno salió a bancarme.

LN: ¿Qué te empezó a pasar? Porque te quedaste sin laburo... ¿Te empezaste a comer los ahorros?

NA: Y después volví a trabajar, ya más tranquila y no con tanto éxito, aunque hice varias novelas en las que hice papeles dramáticos que me fueron muy bien. Pero ahí ya empecé una vida de familia, me casé, quise tener hijos y dejé de consumir cocaína para poder tener a mis hijos sanos. Un año antes de quedar embarazada hice un tratamiento corto, pero una limpieza profunda de espíritu y física.

LN: ¿La cocaína apareció en medio del éxito?

NA: No, es más: nunca consumí con gente del ambiente. No sé lo que es comprar tampoco, me la regalaban… Era una forma de tenerme agarrada. Claro, era divertido salir a comer con la Tana Alan, ir a bailar. Bueno, lo que empezó como una broma terminó en un horror.

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"Me tomaba el 110 hasta la Recoleta, ahí me bajaba y me tomaba un taxi por cinco cuadras para llegar divina", cuenta Alan

LN: Estoy pensando en esa Tana Alan que había vivido en el conventillo, en la pieza de dos dormitorios con el baño compartido, y que tenía que llegar a los boliches…

NA: Sí. Entonces me tomaba el 110 hasta la Recoleta, ahí me bajaba y me tomaba un taxi por cinco cuadras para llegar divina. Después a la vuelta era todo un tema, porque siempre alguno se ofrecía a llevarme. ¿Pero vos sabés la cantidad de telos que hay desde Recoleta a Flores? Entonces entraban y salían, porque yo les decía que no, que me bajaba del auto y listo. Arrancaban y en el próximo telo que pasaban volvían a insistir.

LN: Y a tu viejo, aquel que la había golpeado a tu mamá, que era abusivo... ¿Lo volviste a ver alguna vez?

NA: Sí, de grande. Me enteré de que estaba en una muy mala situación. Ya estaba con Edgardo, y Edgardo lo quería conocer, así que él se ocupó de investigar un poco y saber dónde estaba. Lo fuimos a ver y lo fuimos a buscar. Nosotros estábamos haciendo una quintita en San Vicente, un lugar hermoso a una cuadra de la laguna que estaba usurpado. Mi papá no tenía dónde estar, así que lo llevamos ahí. Nos cuidó el lugar hasta que lo pudimos recuperar y se quedó a vivir hasta sus últimos días. Nunca lo perdoné del todo, nunca lo pude abrazar, pero mi conciencia quedó tranquila de que los últimos años de su vida la pasó bien.

LN: No lo pudiste abrazar, pero lo perdonaste.

NA: Sí, porque me di cuenta de que era un enfermo y que no era ni él para mi mamá ni mi mamá para él, que ninguno de los dos se casó enamorado.

LN: En el medio de esto tenés un episodio muy dramático con tu hermano. ¿Qué pasó con él?

NA: Y es el día de hoy que no lo sé todavía, pero murió incinerado. Salió caminando prendido fuego de su departamento. El hijastro y otro que estaba con él salvaron hasta al hámster, y a él lo dejaron supuestamente durmiendo en la cama. Mientras estaban afuera, me contaron después, todos estaban mirando el edificio cómo salían las llamas, y ellos nunca dijeron que estaba mi hermano adentro, hasta que lo vieron salir caminando prendido fuego.

LN: ¿Cómo te rearmaste con tu historia, con tu papá, con la injusticia de lo del “Tigre” Acosta, con tu hermano?

NA: Todavía me sigo rearmando. Por ejemplo, el día que falleció mi hermano fue el día de mi cumpleaños, y es el día de hoy que no festejo los cumpleaños. Siento que él está bien, que está tranquilo ya y que no tengo que tratar de ser la salvadora ni voy a poder descular la verdad de lo que pasó esa noche. Nunca supe la verdad y creo que nunca la voy a saber.

LN: ¿Tuviste miedo de que tu vida se terminara antes?

NA: Sí, y de que yo terminara con ella. Por eso fueron las dos veces que me interné. Cuando me di cuenta de que la estaba pasando realmente mal. Ya no consumía, yo dejé de consumir antes de quedar embarazada. Mi hija ya tiene 37 años, así que hace más de 38 años que dejé la droga, gracias a Dios.

LN: Gracias por venir. Es muy lindo verte.

NA: No, gracias a vos, amor.

Fotos: Maximiliano Luna