18 de agosto, 2026 - 07h00
La galería de dictadores que pretendieron eternizarse en el poder es extensa. Podemos señalar algunas perlas: el inefable Jean-Bedel Bokassa (1921-1996) se autoproclamó “emperador” del Imperio centroafricano; Idí Amin Dada (1925-2003), dictador de Uganda, sátrapa conocido como “el carnicero de Uganda”, es considerado uno de los déspotas más crueles de la historia africana; Saloth Sar, más conocido como Pol Pot (1925-1998), fue un sanguinario dictador de Camboya, el más cruel del siglo XX; para graficar el horror de su pueblo se decía: “El infierno está en la tierra; queda entre Tailandia, Laos y Vietnam; se llama Camboya”.
La tragedia que vive Corea del Norte es para Ripley. El dictador que da inicio a la dinastía fue Kim il Sung (1912-1994), nombrado “presidente eterno”. En vida, le erigieron más de 34.000 monumentos. Su retrato está expuesto en todos los espacios públicos y en cada uno de los hogares. Todos los coreanos debían llevar su efigie en la solapa de su saco.
El sucesor de Kim il Sung fue su hijo Kim Jong il (1941-2011). La historia oficial dice que, en el momento de nacer, sobre su casa se formó un arcoíris doble y esa noche apareció una nueva estrella en el cielo que jamás se había visto. El niño Kim Jong il caminó a las 3 semanas, a las 11 habló, su primer manifiesto sobre el futuro de Corea del Norte lo escribió cuando apenas tenía 2 años; además, nunca defecaba: su cuerpo era tan perfecto que no tenía la mundana necesidad de ir al baño.
Entre sus invenciones, se decía que creó las hamburguesas, el microondas, el holograma y los celulares; además, podía controlar el clima. Era un genial melómano. Mozart quedaba corto: en una sola tarde compuso cinco óperas de gran belleza. En su época universitaria publicó más de 1.500 libros, todos guardados en el archivo nacional. Todo esto porque tenía un cerebro que poseía 10 veces la capacidad de la inteligencia de Einstein.
Además de “amado líder”, poseía varios títulos: el de presidente, comandante general de las Fuerzas Armadas, la estrella más brillante de la montaña Paektu (lugar donde nació), el gran líder, el respetado, el brillante, el sol del socialismo y de la vida, el hombre que descendió del cielo, el cerebro central, el invencible y siempre triunfante general y la encarnación del amor revolucionario entre camaradas.
El 17 de diciembre de 2011, Kim Jong il murió de un ataque al corazón. De acuerdo con la información oficial, hasta los pájaros lloraron de pena por la pérdida del “amado líder” y los norcoreanos tenían que demostrar su dolor llorando desconsoladamente; caso contrario, podían ser condenados a seis meses de trabajos forzados. El sucesor de esta feroz dictadura, como si fuera una monarquía (la dinastía Kim), fue su hijo: “El respetado camarada Kim Jong-un (1984…), el líder supremo de nuestro partido, nuestras Fuerzas Armadas y nuestro país que hereda la ideología, el liderazgo, el carácter, las virtudes, el coraje y el valor del gran camarada Kim Jong-il...”.
Esta dictadura afianzada en forma incondicional en una camarilla militar belicista es una amenaza para la paz no solo regional, sino para la paz del mundo. (O)