Un teléfono celular iluminado sobre una mesa de noche junto a una persona acostada en una cama en una habitación oscura.

Un estudio observacional en 11.071 adultos midió iluminación nocturna durante una semana y, tres años después, realizó resonancia magnética cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un nuevo estudio publicado en la revista European Heart Journal advierte que dormir expuesto a luz artificial, incluso en niveles mínimos, altera la estructura del corazón y puede derivar en insuficiencia cardíaca. La investigación, liderada por Lu Qi, profesor de Epidemiología de la Universidad Tulane, en Nueva Orleans, Estados Unidos, detectó cambios concretos en el músculo cardíaco de personas expuestas a fuentes tan tenues como la pantalla de un celular con brillo bajo o la claridad que se filtra por una puerta entreabierta.

El estudio incluyó a 11.071 participantes que durante una semana durmieron con distintos niveles de iluminación en sus habitaciones, desde la oscuridad casi total hasta grados variables de luz ambiental. Tres años más tarde, cada uno de ellos se sometió a una resonancia magnética cardiovascular para evaluar posibles cambios en la estructura y la función del corazón.

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Infografía con ilustraciones de un corazón, una persona durmiendo, una consulta médica, un dormitorio y un farol de calle.
Una infografía de la Universidad Tulane en Estados Unidos detalla el impacto de la luz nocturna en la salud cardíaca y propone medidas de prevención médica, doméstica y urbana (Imagen Ilustrativa Infobae)

En los participantes expuestos a los niveles más altos de luz durante el sueño, las paredes de la cavidad izquierda del corazón se engrosaron y el espacio interno del ventrículo se redujo. También se detectaron señales tempranas de que el músculo cardíaco perdía capacidad para flexionarse con normalidad en cada latido, un indicador precoz de disfunción cardíaca.

El proceso que explica esas alteraciones se denomina remodelación cardíaca y consiste en cambios en la forma y el funcionamiento del órgano que aparecen como respuesta a un estrés crónico o a una lesión. Aunque representa una adaptación del organismo, “con el tiempo debilita el corazón y puede desembocar en una insuficiencia cardíaca”, advirtió el investigador.

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Del mismo modo, Lu Qi agregó que “la exposición a niveles más altos de luz durante la noche se relaciona con la remodelación cardíaca” y señaló que mantener los dormitorios lo más oscuros posible debería figurar entre las estrategias de prevención cardiovascular que promueven tanto médicos como responsables de salud pública.

Persona durmiendo en cama oscura. Un rayo de luz solar diagonal entra por una ventana y cae sobre el cuerpo. Una luna creciente pálida es visible en la pared izquierda.
Tras registrar distintos niveles de brillo ambiental en el dormitorio, investigadores compararon imágenes cardíacas tomadas tres años después (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un informe firmado por el profesor Thomas Münzel, del Centro Médico Universitario de Maguncia, Alemania, instó a los profesionales sanitarios a incluir preguntas sobre el entorno de sueño dentro de las consultas de rutina. Los especialistas sugirieron indagar qué tan oscura está la habitación, si el paciente trabaja en turnos nocturnos y cuánto tiempo usa pantallas después de la puesta de sol.

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Como medidas concretas, el editorial recomendó el uso de cortinas opacas, luces de cabecera de tonos cálidos y cubrir los pequeños LED en modo de espera de los aparatos electrónicos del hogar. Esos pequeños puntos de luz, aunque casi imperceptibles, mantienen un nivel de iluminación constante durante las horas de descanso.

Münzel y sus colegas también señalaron que las autoridades municipales tienen un rol directo en este problema. Indicaron que la contaminación lumínica es “uno de los pocos riesgos ambientales que las ciudades pueden controlar de forma directa y asequible” y propusieron como soluciones el uso de luminarias protegidas, bombillas de espectro cálido y farolas atenuadas o activadas por movimiento.

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Mujer sentada en la cama con una mano en el pecho, con gráfico digital de frecuencia cardíaca, un teléfono, un vaso de agua y una lámpara de noche
Una mayor iluminación al dormir se relaciona con menor contracción del músculo cardíaco (Imagen Ilustrativa Infobae)

El informe de Münzel fue directo al demandar un cambio en cómo la medicina aborda el entorno de sueño: “La oscuridad merece ser reconocida como un signo vital, tan esencial para la salud cardiovascular como el control de la presión arterial y un aire limpio”. La afirmación coloca la iluminación del dormitorio junto a factores de riesgo ya consolidados en cardiología.

Los autores del estudio extendieron el argumento al urbanismo. Al vincular los hallazgos con la planificación de ciudades, pusieron la contaminación lumínica en el mismo plano que otros determinantes ambientales de salud pública que tardaron en ser reconocidos, como la calidad del aire o el ruido del tráfico.

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La investigación de Tulane suma pruebas a una línea de estudios que asocia los ambientes de sueño inadecuados con problemas cardiovasculares. Los autores no midieron si reducir la exposición lumínica revierte los cambios detectados, pero las diferencias encontradas entre grupos señalan que el tipo de luz presente en el dormitorio puede tener el mismo peso que otros factores de riesgo cardíaco ya establecidos.