(Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio genético de más de 500 mamuts lanudos halló que en muchos yacimientos prehistóricos de Europa y Siberia predominan las hembras. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio genético de más de 500 mamuts lanudos permitió descubrir un patrón que hasta ahora no se veía con claridad: en muchos de los grandes conjuntos de huesos hallados en yacimientos prehistóricos de Europa y Siberia predominan claramente las hembras. Según los investigadores, este dato aporta una prueba científica sólida de que buena parte de esas acumulaciones no se formaron solo por causas naturales, sino por una acción humana repetida y planificada durante el Paleolítico superior.

Durante años, los científicos debatieron si los llamados “cementerios de mamuts” eran el resultado de trampas naturales, muertes accidentales o si, en cambio, reflejaban episodios de caza y aprovechamiento por parte de grupos humanos. El nuevo trabajo, publicado en Current Biology y encabezado por Hannah M. Moots junto a un amplio equipo internacional, ofrece una respuesta basada en ADN antiguo.

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La clave estuvo en comparar el sexo genético de los mamuts encontrados en dos tipos de contextos: por un lado, restos procedentes de depósitos naturales; por otro, huesos hallados en sitios arqueológicos con señales claras de actividad humana. El contraste fue muy marcado. En los contextos naturales predominaban los machos solitarios, que representaban alrededor del 66,5% de la muestra. En cambio, en los yacimientos vinculados a humanos, cerca del 70% de los restos correspondía a hembras.

La investigación sostiene que varios “cementerios de mamuts” del Paleolítico superior se formaron por una acción humana repetida y planificada. (BETH ZAIKEN/CPG)
La investigación sostiene que varios “cementerios de mamuts” del Paleolítico superior se formaron por una acción humana repetida y planificada. (BETH ZAIKEN/CPG)

La investigación reunió 521 muestras genómicas de mamut lanudo procedentes de Eurasia y Norteamérica. De ese total, 100 ejemplares provenían de acumulaciones óseas asociadas a presencia humana y 421 de contextos naturales. Además, 448 secuencias genéticas completas fueron obtenidas especialmente para este estudio.

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Para determinar el sexo de cada animal, los científicos analizaron la proporción de fragmentos de ADN pertenecientes a los cromosomas X e Y en comparación con el resto del genoma. Así pudieron identificar 310 machos y 210 hembras, además de detectar un caso excepcional de aneuploidía cromosómica, es decir, una alteración en el número de cromosomas. Según los autores, es la primera vez que se documenta algo así en una especie extinta.

Lo más importante es que el patrón se mantuvo al analizar por separado distintas regiones, como Europa, Siberia y Norteamérica. En los depósitos naturales, los machos aparecen con más frecuencia. En los sitios vinculados a grupos humanos, en cambio, el predominio femenino es claro.

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Los yacimientos analizados —entre ellos Kraków Spadzista en Polonia, Langmannersdorf en Austria, Mus-Khaya en Siberia y Dolní Věstonice en la actual República Checa— ya habían aportado otras señales de intervención humana: puntas de proyectil incrustadas en huesos, marcas de corte, fracturas intencionales y una disposición espacial que sugiere manipulación.

El patrón de predominio femenino en sitios con presencia humana se repitió en Europa, Siberia y Norteamérica. (EFE/ Imagen de Julius Csostonyi)
El patrón de predominio femenino en sitios con presencia humana se repitió en Europa, Siberia y Norteamérica. (EFE/ Imagen de Julius Csostonyi)

Con el nuevo análisis genético, esos indicios arqueológicos suman ahora una evidencia demográfica muy fuerte. La idea de que muchos de estos depósitos fueron creados o ampliados por acción humana gana así respaldo cuantitativo.

El estudio también descarta que el sesgo hacia hembras se deba a problemas de conservación o a una distorsión en el tipo de restos analizados. Los investigadores compararon huesos, dientes, colmillos e incluso tejidos blandos, y no encontraron diferencias significativas que expliquen por sí solas el patrón observado.

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Una de las hipótesis principales es que los grupos humanos cazaban o aprovechaban con más frecuencia manadas matriarcales, similares a las de los elefantes actuales. En esos grupos vivían juntas hembras adultas y crías, lo que probablemente las hacía más visibles, previsibles y accesibles para los cazadores.

Los machos adultos, en cambio, tendían a llevar una vida más solitaria y móvil. Eso los habría hecho menos fáciles de localizar de manera sistemática y, al mismo tiempo, más propensos a morir aislados por causas naturales. Esa diferencia de comportamiento podría explicar por qué los depósitos naturales contienen más machos, mientras que los sitios asociados a actividad humana concentran más hembras.

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El estudio propone que los grupos humanos del Paleolítico superior cazaban con más frecuencia manadas matriarcales de mamut y refuerza la idea de un aprovechamiento humano sistemático. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El hallazgo refuerza la idea de que el mamut no fue un recurso ocasional, sino un animal central para muchas comunidades del Paleolítico superior. No solo aportaba carne, grasa y piel, sino también marfil y huesos usados para fabricar herramientas, construir estructuras e incluso participar en prácticas simbólicas o rituales.

En ese marco, la predominancia de hembras en estos yacimientos sugiere que los grupos humanos tenían un conocimiento detallado del comportamiento de los mamuts y desarrollaban estrategias efectivas para encontrarlos y explotarlos de forma repetida.

Además, el descubrimiento del caso de mosaicismo XX/X0 en un mamut de la isla de Wrangel añade un dato singular a la paleogenética y abre nuevas preguntas sobre la biología de estas poblaciones extinguidas.

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En conjunto, el estudio ofrece una de las pruebas más sólidas hasta ahora de que muchos de los llamados “cementerios de mamuts” fueron, en realidad, escenarios de aprovechamiento humano sistemático, especialmente dirigido hacia hembras.