Cuando el aguacero cayó sobre Durán el domingo 11 de octubre, varios moradores dejaron por un momento sus actividades para buscar recipientes y colocarlos bajo los techos.

La lluvia se convirtió en una oportunidad para llenar los tanques que utilizan a diario y guardar una reserva de agua en medio de los problemas de abastecimiento que persisten en el cantón.

En algunas viviendas, los habitantes improvisaron canaletas para conducir el agua desde los techos hasta las cisternas. Otros sacaron los tanques al patio o a la calle, alinearon los recipientes debajo de las cubiertas y llenaron también baldes.

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Cada espacio disponible servía para recoger el líquido que caía del cielo. La escena reflejó una rutina marcada por la necesidad de conseguir agua por cuenta propia.

Para quienes no reciben el suministro por tuberías con normalidad, llenar los recipientes depende de la disponibilidad de los tanqueros, del dinero que puedan destinar a comprarlos y, cuando llueve, de la posibilidad de recolectar una parte del agua.

“La única salvación sería que llueva”, resumió Evelyn Anguieta, moradora de la ciudadela Maldonado, en el centro de Durán.

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Según Anguieta, durante las precipitaciones varios vecinos aprovecharon para llenar sus cisternas mediante canaletas conectadas directamente con los techos.

Incluso escuchó comentarios de habitantes que consideraban que el agua de lluvia estaba más limpia que la que recibían del Municipio. “El agua de san Pedro es más limpia que la de la tubería”, contó.

Tanques bajo los techos y agua racionada

En la avenida Amazonas, en el norte del cantón, Manuel Cajamarca también aprovecha las precipitaciones para abastecerse. Cuando llovió, sacó los cuatro tanques que tenía en su vivienda y esperó a que se llenaran.

Esa reserva le permite destinar el agua a actividades domésticas como lavar, bañarse y limpiar los pisos.

Para el consumo humano, sin embargo, procura no utilizarla en la misma medida. “Usamos esa agua para lavar, bañarnos, baldear el piso; para consumo no tanto, porque de igual es agua de lluvia”, explicó.

La recolección es una alternativa frente a las dificultades para conseguir agua mediante tanqueros.

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Cajamarca aseguró que lleva años sin recibir el suministro por tuberías y que debe comprar entre dos y tres tanques cada uno o dos días.

Cada uno cuesta $ 1,50, por lo que procura administrar el líquido para evitar que el gasto aumente.

“Nos toca ir racionando lo que consumimos porque después nos sale muy caro”, señaló. El agua es necesaria para las actividades de su hogar y también para su negocio, donde la requiere para cocinar y realizar otras labores.

Conseguirla tampoco resulta sencillo. Según Cajamarca, los tanqueros particulares suelen dar prioridad a las viviendas con cisternas, pues llenar estos depósitos les resulta más conveniente económicamente.

Quienes necesitan comprar agua en recipientes pequeños deben estar atentos cuando pasa un vehículo.

“Cuando pasa un tanquero, uno tiene que salir corriendo hasta la esquina a ver si le dejan al menos un tanque y después ese tanque traerlo hasta la casa”, contó.

La lluvia también llevó a Christian Salazar, residente de la tercera etapa de El Recreo, a pensar en cómo ampliar su capacidad de almacenamiento.

Apenas comenzó el aguacero, pidió a su hijo que sacara los cuatro tanques que tenían en ese momento. Los colocaron en fila debajo del techo y consiguieron llenarlos.

“Cuando se desató el aguacero, lo primero que le dije a mi hijo fue: ‘Corre a ver los tanques’. Los pusimos en fila debajo del techo y ahí los cuatro se llenaron”, recordó.

Salazar calculó que esa recolección representó un ahorro de $ 6, equivalente al costo de comprar agua para llenar esos recipientes.

Al día siguiente, al observar que continuaban las lluvias, decidió adquirir otro tanque por $ 10 para guardar una mayor cantidad de líquido y disponer de una reserva más amplia.

La compra de recipientes adicionales también se ha convertido en una alternativa para familias que antes utilizaban principalmente tanques elevados.

Anguieta explicó que algunos moradores han tenido que adquirir nuevos depósitos o bajar los tanques elevados que tenían instalados en los techos para colocarlos en patios y otros espacios accesibles, donde puedan llenarlos cuando consiguen agua.

El gasto de conseguir agua

La falta de suministro por tuberías obliga a destinar parte del presupuesto familiar a la compra de agua, incluso cuando los hogares continúan pagando la planilla municipal.

Anguieta calculó que en su vivienda gastan alrededor de $ 24 mensuales en agua de tanqueros: compran cuatro tanques por semana, a $ 1,50 cada uno. A ese monto se suma una planilla municipal de aproximadamente $ 6 al mes. La moradora cuestionó que deban pagar por un servicio que, afirmó, no reciben con normalidad.

También relató que los precios de los tanques han variado y que, durante los momentos de mayor dificultad para abastecerse, algunos vendedores llegaron a cobrar hasta $ 1,80 o $ 1,90 por recipiente.

Emapad reconoció que los tanqueros no cubren la demanda

Luis Buenaño, director comercial de la Empresa Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Durán (Emapad), explicó que los problemas críticos del suministro se remontan a más de diez años.

Según Buenaño, una de las dificultades está relacionada con un acueducto de 800 milímetros que fue instalado sin la protección necesaria y que puede sufrir daños cuando se producen variaciones de voltaje.

Buenaño indicó que en septiembre se registraron cuatro fugas. Según las cifras, se logra recuperar un caudal de 100 metros cúbicos por hora, mientras que la pérdida alcanza los 600 metros cúbicos por hora. Esto deja un faltante de 500 metros cúbicos por hora, añadió.

Ante esa situación, explicó que el abastecimiento se realiza mediante cuatro tanqueros municipales y otros distribuidores agremiados, que en conjunto efectúan alrededor de 30 viajes diarios. No obstante, reconoció que esta operación resulta “insuficiente” para atender la demanda de la población. (I)