El frío y el aire acondicionado no provocan resfriados, en contra de la creencia popular, sino que el mal uso de los aparatos y la mala ventilación es lo que favorecen la presencia de virus en el aire que causan estas enfermedades respiratorias.

"El aire acondicionado bien utilizado mejora el confort térmico y, si se gestiona de forma responsable, evita los problemas que asociamos erróneamente al frío", asegura Edmundo Fernández Piñeiro, profesor de Enfermería de la Universidad Europea. De hecho, la falta de ventilación y la baja humedad secan las mucosas respiratorias, alterando el primer mecanismo de defensa del organismo y favoreciendo la transmisión de virus.

Este experto asegura que "el frío por sí mismo no causa infecciones respiratorias, ya que son provocadas por virus como el rinovirus, coronavirus estacionales y gripe", y advierte de que el verdadero riesgo radica en cómo los sistemas de climatización modifican el entorno y facilitan la transmisión de patógenos. Según señala, el uso de estos aparatos lo que genera es un impacto directo en los espacios cerrados. "El problema no es el frío en sí, sino cómo se gestiona el ambiente interior", indica.

Así, detalla que "cuando un sistema funciona con baja humedad relativa, el aire se vuelve más seco, lo que provoca que las defensas naturales del cuerpo se debiliten". Además, en lugares como oficinas o viviendas con poca ventilación o sin renovación de aire, "los virus pueden permanecer más tiempo en suspensión, lo que aumenta la probabilidad de contagio", añade.

Para entender los síntomas habituales de irritación, picor o congestión que sufrimos tras largas exposiciones, el experto señala que "cuando esto ocurre, se altera la función de la barrera mucociliar, que es nuestro primer mecanismo de defensa frente a patógenos". Es entonces cuando el organismo reacciona.

De hecho, advierte de que "el flujo de aire directo puede generar microinflamación local", por lo que un cuadro que a menudo confundimos con un resfriado no es tal. "No estamos ante una infección, sino ante una respuesta irritativa", apostilla. "En los últimos años hemos aprendido que la calidad del aire interior es un determinante clave de salud pública", subraya el profesor de Enfermería de la Universidad Europea. Por ello, las consecuencias de una mala climatización trascienden la simple molestia individual.

Desde su experiencia como enfermero asistencial en Atención Primaria, constata el impacto directo de estos factores en las consultas y subraya que "la ventilación adecuada es una medida preventiva tan importante como la higiene de manos". Aunque en España existen normativas sobre eficiencia y calidad ambiental en estos aparatos, considera que el mantenimiento en la práctica sigue siendo deficiente.

"Todavía falta trasladar a la población general, y a veces también a profesionales, la importancia de aspectos como la ventilación cruzada, el mantenimiento de filtros o el control de la humedad", explica. El objetivo, añade, es lograr instaurar una verdadera cultura de calidad del aire, equiparable a los hábitos de higiene que ya tenemos interiorizados.

Es por ello que insiste en no demonizar el aire acondicionado, sino en optimizar su uso. "El reto está en usarlo de forma responsable: mantener los equipos, ventilar adecuadamente y evitar exposiciones prolongadas a corrientes directas", concluye Fernández Piñeiro.