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03/08/2026 a las 00:10h.

Desesperado por encontrar un resguardo imposible en medio de una colosal tormenta que desplomó el termómetro hasta los 70 grados bajo cero en el Everest, 'Botas Verdes' halló un pequeño refugio, apenas un recoveco, a 8.500 metros de altura donde poder tumbarse. Agotado y aterido, se recostó sobre el lado izquierdo y se acurrucó para buscar un hilo de calor. A su espalda, dos bombonas de oxígeno vacías, el último recurso que le podría haber sacado de aquel infierno. En la llamada 'zona de la muerte', respirar resulta casi imposible. Caminar lo es todavía más. Se había quedado sin fuerzas y deliraba. Con un forro polar rojo sobre el rostro y toda su ropa encima, buscaba un pequeño descanso del que no despertaría.

Conocido de esta forma por las llamativas botas de color lima que llevaba, 'Botas Verdes' es un policía de fronteras de la India que falleció el 11 de mayo de 1996 a apenas 300 metros de la cima más elevada del planeta. El 10 y el 11 de mayo de aquel año fueron dos de los días más trágicos en la historia del Himalaya: 16 personas murieron víctimas de un temporal que nadie había anticipado. 30 años después, su cuerpo sigue allí. A lo largo de este tiempo, ha servido de macabra referencia para los escaladores que se aventuran a asaltar el Everest por su cara norte, la misma que habían elegido George Mallory y Andrew Irvine cuando desaparecieron en 1924. «Sí, he visto a 'Botas Verdes' en mis ascensiones al Everest y conozco exactamente su ubicación», cuenta a EL CORREO Tshiring Jangbu Sherpa, que ha conquistado la cumbre en tres ocasiones y ha participado en una docena de rescates a gran altitud.

Precisamente las autoridades de la India han lanzado una operación para recuperar el cuerpo, uno de los alrededor de 200 que yacen –la mayoría sepultados o perdidos en simas o lugares inaccesibles– en la colosal montaña. «Me parece un proyecto muy ambicioso y peligroso», apunta el himalayista bilbaíno Juanra Madariaga, que cuenta con cinco ochomiles en su currículum, incluido el Everest. «Qué hacer con los cuerpos de las personas fallecidas es un tema muy personal. Hay quien prefiere dejarlos, argumentando que están donde les gustaba estar. Otras familias prefieren intentar recuperarlos. A esa altitud todo es difícil y arriesgado. En mi opinión, no tiene sentido arriesgar vidas por recuperar un cuerpo sin ella», apunta, por su parte, Kepa Lizarraga, médico vizcaíno especializado en alta montaña que ha participado en expediciones al propio Everest y al K2, y en un rescate en el Himalaya a más de 5.000 metros.

Abandonado

«Mi reloj marcaba las 13.17 horas. En total había estado menos de cinco minutos en la cima del mundo. Pocos momentos después me detuve a hacer otra fotografía, esta vez mirando hacia la arista sureste, la ruta por la que habíamos ascendido. Mientras enfocaba a dos escaladores que se aproximaban a la cima, advertí algo que hasta entonces me había pasado por alto. Hacia el sur, allá donde una hora antes el cielo había estado absolutamente despejado, un manto de nubes ocultaba ahora el Pumori, el Ama Dablam y los otros picos menores que rodean el Everest» El alpinista y escritor estadounidense John Krakauer relató de esta forma en el 'bestseller' 'Mal de altura. La gran tragedia del Everest' –se llevaría al cine en 2015– la hecatombe que se avecinaba en aquellos dos días de mayo de hace tres décadas. Fue la primera llamada de alerta de las consecuencias de la masificación del Himalaya.

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Krakauer formaba parte de una expedición comercial que atacó la cima por la cara sur, la más habitual para llegar al techo del mundo –de hecho, fue la abierta por Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay en su histórica ascensión de 1953–. Había sido enviado por una revista para contar en primera persona la experiencia tras pagar 65.000 dólares a la agencia de Rob Hall, un himalayista neozelandés de élite que había llegado a la cumbre en cuatro ocasiones. Conocido por su obsesión por el detalle y la seguridad, en aquella ocasión permitió que algunos de sus clientes llegaran a la cima más de lo que recomendaba la prudencia: cuatro –incluido Hall– murieron en la tormenta desatada y otros doce –de las dieciséis expediciones diferentes presentes aquellos días– en las horas posteriores.

De una de esas otras expediciones formaban parte los policías indios Tsewang Paljor, Dorje Morup y Tsewang Smanla. Buscaban hacer historia para la India trepando a la cumbre del planeta desde la vertiente norte. Según relata Krakauer, a las 16.00 horas del 10 de mayo, la cordada informó por radio al jefe de la misión que habían coronado. Eufórico, este llegó a llamar al por entonces primer ministro del país para darle la noticia. Pero no era así. Atrapados en una tormenta que apenas dejaba ver a una distancia de 30 metros, estaban a 8.500 metros de altura, todavía a dos horas de la cumbre. En la madrugada del 11 de mayo, dos escaladores japoneses se encontraron a uno de los agentes en un escarpado promontorio conocido como Primer Escalón «tendido en la nieve, delirando hecho un ovillo y en un horrible estado de congelación tras una noche al raso y sin oxígeno». Era 'Botas Verdes'. Al límite también de sus fuerzas, no se pararon a ayudarle. Tampoco lo harían más arriba con los otros dos alpinistas. Una semana más tarde, la expedición indotibetana lanzó otro ataque a la cumbre. Vieron los cadáveres de sus tres compañeros y los dejaron allí.

Operación de rescate

«Este tipo de operaciones de rescate solo son posibles en primavera, cuando se establece la ruta para la expedición comercial. En cualquier otro momento, es necesario trazar toda la ruta desde el Campamento Base Avanzado hasta el punto exacto donde debemos recuperar el cuerpo», explica Tshiring Jangbu Sherpa, que hace dos años rescató cuatro cuerpos en el Everest y el Lhotse (otro ochomil que se eleva justo al lado). «Bajamos uno de ellos desde la cima del Lhotse, otros del Everest que llevaba allí unos doce años y otro que había fallecido hace 35 años», detalla.

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Sobre la logística apunta que «se necesita un mínimo de seis personas expertas si la ruta está ya equipada. Si no, doce, ya que la mitad tienen que equiparla y el resto, transportar el cuerpo. La seguridad del equipo es el desafío principal al tener que transportar un cuerpo por pendientes con hielo. Las condiciones meteorológicas constituyen otro factor importante. Además, cuando la actividad se realiza durante la temporada de escalada, otros escaladores pueden provocar desprendimientos de rocas y avalanchas. Es absolutamente imprescindible contar con conocimientos técnicos y la destreza adecuada para llevar a cabo el rescate», subraya.

Juanra Madariaga no vio a 'Botas Verdes' cuando coronó el Everest en 2008, ya que lo hizo por la cara sur, pero sí se encontró con otro cuerpo durante la ascensión. Había tenido una experiencia similar un año antes en la cima del Broad Peak (8.051 metros). «Sabíamos que el cuerpo de un montañero suizo estaba allí. Vimos los crampones semi enterrados en la nieve. La familia había contratado a un equipo paquistaní para recuperar el cadáver. Iba por detrás de nosotros», recuerda. Madariaga añade otras dos dificultades al plan para el rescate. Una es la vertiente en la que se encuentra 'Botas Verdes'. «La cara norte del Everest suele ser más problemática y el descenso es muy largo. Con mezcla de nieve y roca, andar es complicado. A partir de 7.000 metros, desde el collado a la cima, es una zona muy peligrosa. Hay que estar muy preparado, tendrán que llevar mucho oxígeno», destaca. La otra es el peso del cuerpo. «Los líquidos del organismo se congelan y añaden mucho peso».

«El cuerpo se suele envolver en sacos de dormir, una tienda o con esterillas para protegerlo durante el descenso», añade el montañero bilbaíno, que apunta que la mayor parte de los cadáveres que quedan en el Everest están lejos de las rutas normales de ascenso, ya que «son desplazados por la nieve o el viento». Eso, cuando no han caído directamente en zonas inaccesibles. Para bajarlo se empuja desde atrás o se tira de él desde la parte delantera. Si no es posible, en los rescates de 2024 se instaló un sistema de cuerdas. Se prevé que la operación de recuperación tenga lugar antes de terminar septiembre. «Todavía nadie me ha pedido que me una a la operación de rescate. Sin embargo, si se necesitara mi ayuda para el proyecto, sin duda estaría encantado de participar», afirma Tshiring Jangbu Sherpa. Si se completa, podrá resolverse el enigma de la identidad de 'Botas Verdes': durante 30 años se ha creído que se trataba de Tsewang Paljor, pero el Gobierno indio dice ahora que es Dorje Morup.

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