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En los últimos tres años ha habido un cambio sustancial de los precios relativos de la economía, que son las señales que orientan la asignación de recursos. Ha sido un cambio rápido de las reglas de juego. Se eliminaron trabas y regulaciones a las importaciones. Se modificaron marcos regulatorios de distintas actividades.
A través de la disminución de subsidios por parte del Estado, se inició un proceso constante de suba de los precios relativos de la energía y del transporte. Se modificó la estructura tributaria nacional, principalmente eliminando el impuesto PAIS y bajando de derechos de exportación, como así también subiendo el impuesto a los combustibles.
El comercio minorista, obviamente, no escapa a este cambio de contexto. En efecto, resulta interesante analizar lo que ha sucedido con tres costos clave: el de la mercadería vendida, el de la energía y el de los impuestos provinciales y municipales.
No es un análisis de niveles de costos y de rentabilidad, sino de evolución relativa. Se utilizan los índices de precios de INDEC tanto para los niveles mayoristas como minoristas.

La incidencia del costo de la mercadería nacional
El principal factor explicativo del costo de un comercio minorista argentino, pequeño, mediano o grande, es el costo de la mercadería que adquiere para venderla posteriormente. De hecho, de un análisis de costos de diversas unidades de comercio minorista, surge que el 60% del costo está explicado por la mercadería adquirida al sector industrial.
Considerando para la compra la evolución del índice promedio nacional de precios mayoristas de bienes nacionales y para la venta el índice promedio nacional de precios minoristas de bienes, se obtiene la evolución del costo relativo de la mercadería.
Se aprecia que a principios de 2024 hubo un fuerte encarecimiento relativo de la incidencia de la mercadería en el precio de venta minorista, del orden del 20%. Posteriormente, la incidencia empezó a bajar, regresando a los niveles iniciales de 2023 en los primeros meses de 2025.
Luego hubo una suba y una baja, destacándose una relativa estabilidad reciente en el nivel inicial. Esto significa que en la actualidad no habría una presión de costos por esta vía.
La incidencia del costo de la energía
La energía eléctrica y el gas constituyen costos concretos para la operación de un comercio minorista.
Dado que uno de los efectos de la política económica ha sido el sinceramiento de los precios relativos de la energía, proceso que aún no ha finalizado, resulta interesante analizar qué ha sucedido con la incidencia de estos costos durante los últimos 3 años.

Lo que surge de los índices es que la incidencia de la energía en el precio de venta pasó de un nivel de 100 en noviembre de 2023 a uno de 250 en el mes de agosto de 2026, es decir, tuvo un aumento porcentual del 150%, aproximadamente.
La evolución refleja que el aumento relativo ha sido sostenido en prácticamente todo el periodo. Punta a punta, mientras el precio del comercio minorista ha aumentado un 280%, el precio de la energía ha subido alrededor del 850%.
Este cambio de costo relativo incide en el costo total de cada comercio en función de la participación que tenga la energía.
La incidencia del costo de los impuestos a los ingresos brutos y de las tasas municipales
El impuesto a los Ingresos Brutos y las tasas de seguridad e higiene municipales gravan en gran parte de las ciudades la facturación de los comercios. Si se toma un promedio ponderado del año 2023, puede estimarse que la alícuota efectiva se aproximaba al 5,3% de la facturación. Esta, obviamente, es la imposición directa sobre la venta, pero no considera los efectos acumulados de la mercadería, insumos y otros servicios.
El punto importante es que, al ser estos tributos una proporción de la facturación, no alteran su incidencia, en la medida que no haya una suba de alícuotas.
Si bien no se dispone de un estudio detallado para estos últimos 3 años, puede afirmarse que no ha habido subas generalizadas de alícuotas provinciales y municipales, lo que permitiría afirmar que la alícuota efectiva promedio ponderada no ha tenido importantes cambios.
En efecto, la incidencia de los impuestos a los ingresos brutos y de las tasas municipales se mantendría en niveles similares a los del año 2023.
Las demandas de bajas de impuestos provinciales y municipales
Del análisis presentado en esta columna, surge que en la actualidad las subas de costos relativos del comercio, respecto a fines de 2023, no estarían originadas en la mercadería y en los impuestos a los Ingresos Brutos y tasas municipales que gravan la facturación y sí en la energía.
Los costos para estudiar con mayor profundidad para tener una visión más amplia serían los de la mano de obra, alquileres, fletes, publicidad, etc.

Puertas adentro, la mejora de la productividad es vital para enfrentar las subas relativas de costos, cuya contracara es la reducción de los márgenes de rentabilidad.
Ahora bien, más allá de que la evolución de los impuestos provinciales y municipales no haya cambiado respecto a la del precio de venta en estos tres años, su elevada incidencia se hace visible y su baja se transforma en un factor clave para devolver rentabilidad a la actividad.
En otros términos, los impuestos provinciales y municipales se posicionan como los principales costos exógenos que con su baja pueden contribuir a compensar las subas de otros costos como la energía.
Dado este contexto, el sector formal seguramente va a intensificar la demanda de baja de impuestos y tasas provinciales y municipales. Tanto como vía para recuperar rentabilidad como para desincentivar el grado de informalidad de la actividad y la competencia desleal asociada.