Para llegar a esta conclusión, los investigadores revisaron 149 estudios que reunían a más de 71.000 personas.

El consumo de cannabis está relacionado con una aparición más temprana de la psicosis, y esa diferencia podría aumentar con la edad y los años de consumo. Es la principal conclusión de un nuevo metaanálisis realizado por investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), en Australia, y publicado en Biological Psychiatry. En conjunto, los consumidores de cannabis desarrollaron psicosis alrededor de dos años y medio antes que los no consumidores, aunque las diferencias variaron considerablemente dependiendo de la edad analizada.

Para alcanzar sus conclusiones, los investigadores revisaron 149 estudios que reunían a más de 71.000 personas, realizados principalmente en Europa, Norteamérica y Australia desde 2011. Buena parte de las investigaciones incluidas se habían centrado en pacientes con esquizofrenia. La psicosis puede aparecer en esta y otras enfermedades mentales y manifestarse mediante delirios, alucinaciones, pensamiento desorganizado o alteraciones importantes del comportamiento. Aunque suele surgir al final de la adolescencia o al comienzo de la edad adulta, puede presentarse a edades muy diferentes.

Al analizar los datos por edades, los investigadores encontraron un patrón especialmente llamativo. En los estudios en los que la psicosis apareció de media entre los 20 y los 24 años, los consumidores de cannabis experimentaron su primer episodio aproximadamente 1,6 años antes que quienes no lo consumían. La diferencia ascendió hasta 4,43 años cuando la psicosis se desarrollaba entre los 25 y los 29 años.

Un componente acumulativo

La brecha fue todavía mayor entre las personas de más edad. En los estudios en los que la psicosis apareció a partir de los 30 años, la diferencia entre consumidores y no consumidores alcanzó los 6,3 años. Para Matthew Large, psiquiatra e investigador de la Facultad de Medicina de la UNSW, los resultados indican que la relación entre cannabis y aparición temprana de la psicosis podría tener un componente acumulativo.

Esta observación amplía el foco más allá de uno de los grupos que tradicionalmente ha generado mayor preocupación: los adolescentes. El consumo durante esta etapa resulta especialmente relevante porque el cerebro todavía se encuentra en desarrollo, pero los investigadores sostienen que el posible riesgo asociado al cannabis no desaparece al cumplir los 20 años. Large plantea que podría existir un efecto acumulativo con el paso del tiempo, aunque también señala la posibilidad de que haya un límite biológico a cuánto puede adelantarse la aparición de los síntomas.

Los autores introducen, sin embargo, una cautela fundamental a la hora de interpretar sus resultados. El metaanálisis no demuestra que el cannabis cause directamente la psicosis ni que necesariamente desencadene un episodio psicótico. En las personas más jóvenes pueden intervenir además factores genéticos y otros condicionantes relacionados con el desarrollo capaces de influir tanto en el riesgo como en la edad de aparición. Demostrar experimentalmente una relación causal, recuerdan los investigadores, plantearía además importantes problemas éticos.

Los mensajes no deberían limitarse a los adolescentes

Pese a estas limitaciones, los científicos consideran que la consistencia de los resultados y la mayor diferencia observada en adultos de más edad respaldan la hipótesis de que el cannabis podría desempeñar un papel en el momento en el que aparece la psicosis. Carly Stevens, autora principal del metaanálisis, considera que estos resultados cuestionan la idea de que esperar hasta la veintena para comenzar a consumir marihuana elimina los posibles riesgos para la salud mental. Los investigadores defienden por ello que los mensajes preventivos no deberían limitarse exclusivamente a los adolescentes.

Retrasar la aparición de una enfermedad psicótica puede tener consecuencias relevantes en la vida de una persona. Ganar incluso unos pocos años antes de un primer episodio puede facilitar completar estudios, avanzar en la formación profesional y construir redes sociales y familiares de apoyo, según Large. Los autores apuntan también a las consecuencias para los sistemas sanitarios: los trastornos psicóticos representan una importante carga asistencial y económica. El nuevo trabajo refuerza así la necesidad de seguir investigando la relación entre cannabis y salud mental sin convertir una asociación estadística, por sólida que sea, en una relación de causa y efecto que este estudio todavía no puede demostrar.