En una noche de reunión entre actores y guionistas argentinos en Madrid, Martín Saban dialogó con Teleshow sobre su trayectoria al frente de algunas de las ficciones más recordadas de las últimas décadas. Con una carrera que incluye Padre Coraje, Hombres de honor, ATAV, Violetta y Soy Luna, el director habló de las tensiones del rodaje, la confianza con los elencos y la necesidad de que Argentina vuelva a producir sus propias historias.

Su relato estuvo atravesado por la memoria de una televisión hecha a contrarreloj, con jornadas extensas, grandes repartos y decisiones que debían tomarse en segundos. También por una convicción que mantiene intacta: la ficción local necesita sostén, trabajo y nuevas oportunidades para que sus técnicos y artistas puedan seguir creando en el país.

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En Hombres de honor, Saban tuvo que resolver escenas con un elenco muy amplio y apenas dos cámaras. Allí, explica, la dirección también implicaba administrar los primeros planos y generar confianza en los intérpretes. “Tenían que confiar en que ese plano corto estaba en determinado personaje por una razón y que después todo se iba a equilibrar”, recordó.

PORTADA - Entrevista al director Martín Saban
Martín Saban: "La falta de presupuesto y la exigencia del tiempo constituyen las principales dificultades en la dirección de ficción"

—¿Qué es lo más difícil de dirigir?

—Mantener la templanza. Todo lo que pasa a tu alrededor, desde que recibís el primer guion, tiende a sacarte de tu eje. El ejercicio es que eso no pase hasta el último día de rodaje. Siempre ves cosas que querés hacer de otra manera, pero no hay presupuesto. La pelea es por presupuesto y tiempo.

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—¿Cómo convivís con la presión de producir rápido?

—La respuesta es: “Rápido sí, pero bien”. Después hay otro trabajo, que es el vínculo con el actor. Eso requiere mucha sabiduría, mucha templanza, saber escuchar, entender al otro y saber de dirección de actores.

—¿Qué lugar ocupa el ego en un elenco?

—Tiene una parte buena. El actor quiere que se luzca lo que tiene para dar porque lo trabajó y tiene una intención. Es lógico. El trabajo del director es encontrar un equilibrio y entender cuándo una propuesta mejora la escena. A veces es superadora, pero el tiempo no permite desarrollarla.

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Entrevista al director Martín Saban
Martín Saban repasó su trayectoria en producciones televisivas como Padre Coraje, Hombres de honor, ATAV y Soy Luna

—¿Alguna vez defendiste una escena frente a la producción?

—En Padre Coraje negocié toda una tarde para hacer una sola escena. Era una escena de seducción entre Negro Vallejos, Leonor Benedetto y Luis Machín. Había una sensualidad amorosa entre los tres y fue muy trabajada con los actores. (La anécdota remite a la tira de época de 2004 protagonizada por Facundo Arana y Nancy Dupláa, que reunió a un elenco con Leonor Benedetto, Luis Machín, Raúl Rizzo, Carina Zampini y Nora Cárpena, entre otros).

—¿Los actores aceptaron enseguida esa búsqueda?

—Estaban fascinados. Cuando un director llega con una propuesta que mejora una escena, el actor la entiende y la agradece. He llegado con modificaciones bajo el brazo y las he pasado casi en secreto para que nadie me matara por el ego del escritor. Pero decía: “Esto es lo que puedo defender, hagámoslo”.

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Entrevista al director Martín Saban
Martín Saban repasó su trayectoria en producciones televisivas como Padre Coraje, Hombres de honor, ATAV y Soy Luna

—¿Qué te dejó trabajar en Disney?

—En Disney todo está muy hablado, muy fiscalizado. En el final de la primera temporada de Violetta había un gran musical y se pedía contar dos o tres parejitas. Pero algunas de ellas no iban a estar en la temporada siguiente. Yo sentí que había algo más importante: el papá de Violetta, que se había opuesto durante toda la temporada a que su hija fuera artista, la veía brillar arriba de un escenario.

—¿Qué propusiste?

—Le pedí a Diego Ramos, actor argentino que interpretó al padre de Violetta, que, al final de la canción, abrazara a su hija y le diera un beso en la frente. No estaba escrito. Le dije: “No me preguntes ni cómo ni por qué, porque no tengo respuestas. El programa necesita esto”.

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Primer plano de Diego Ramos y Tini Stoessel posando para una selfie. Ramos sonríe a la izquierda, y Stoessel guiña un ojo y frunce los labios a la derecha
Diego Ramos y Tini Stoessel celebran el éxito de Violetta

—¿Cómo fue la devolución?

—Cecilia Mendoza, responsable de desarrollos de Disney, me contó que hicieron un grupo de opinión y que ese había sido uno de los momentos clave de la temporada. Ahí uno aprende que hay que mirar el relato completo y encontrar dónde los chicos van a empatizar con los personajes.

—¿Por qué decidiste ser director?

—No lo sé. Cuando hago una mirada retrospectiva, me doy cuenta de que dirigí por primera vez a los diecisiete años. Era muy tímido y no quería pasar al frente en el secundario. Había una cámara VHS en mi casa y se me ocurrió hacer un noticiero como trabajo práctico.

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—¿Cómo fue?

—Dupliqué a un compañero para que parecieran dos gemelos dando las noticias, uno de cada lado de la pantalla. Tuve que sincronizar todo y editarlo. Era 1989. Hoy uno edita desde el teléfono, pero entonces era la prehistoria de todo esto. Nunca paré. (Después de ese experimento, Saban inició su recorrido como asistente de cámara en La marca del deseo y más tarde trabajó como camarógrafo en Verdad consecuencia, el primer unitario de Pol-ka).

Alejandro Awada
Hugo Arana y Alejandro Awada. Awada hacía a Felipe en Verdad consecuencia y tenía una profundidad muy particular.

—¿Qué actores te impactaron desde la cámara?

—Hugo Arana y Alejandro Awada. Awada hacía a Felipe en Verdad consecuencia y tenía una profundidad muy particular. Desde la cámara yo tenía que anticipar cómo se iba a mover. Un buen camarógrafo intuye cómo se va a mover el actor.

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—¿Y con Hugo Arana?

—Una vez lo vi encontrar el tono de un personaje borracho que hacía en Cybersix. Estábamos charlando y, de repente, vi que empezaba a encontrar ese estado. Cuando el director dijo “acción”, él ya estaba en el punto justo. Eso es compromiso. Ahí la cámara ama al actor.

—¿Cómo dirigís hoy?

—Me gusta trabajar muy cerca de los actores. Antes estaba desde el switcher y muchas veces intervenía, cortaba y volvíamos a empezar. Ahora, con los monitores al lado del set, puedo estar más cerca. Eso permite explorar, experimentar y pedir algo más.

—¿Recordás alguna escena reciente que sintetice esa forma de trabajo?

—En Soy Luna hicimos una escena con Karol Sevilla y Carnaghi. Se nos iba el sol en Puerto Madero; era invierno y quedaba un minuto y medio de luz. Él estaba inseguro con la letra, dejé los monitores, me tiré al piso con el guion y dirigí la escena desde ahí. Lo miraba a los ojos, le daba la frase y él hacía su oficio como los dioses.

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PORTADA - Entrevista al director Martín Saban
El director Martín Saban junto a Karol Sevilla, en Soy Luna

—¿Qué te lleva ahora a España?

—Después de más de 30 años volví a ser freelance. Estoy proyectando mi carrera como director creador. Creé una serie, Sé tú misma, que ganó el Martín Fierro a mejor serie musical infantil. También vine con una película, A la vez, que estoy buscando financiar y coproducir.

—¿Argentina sigue siendo tu base?

—Sí, por ahora estoy basado en Argentina, pero abriendo el juego a México y a España, donde hay más producción. Ojalá vuelva pronto la producción fuerte en Argentina y la gente se acostumbre de nuevo a ver ficción en televisión.

—¿Qué responsabilidad tienen hoy los directores argentinos?

—No solamente buscar trabajo afuera, sino acompañar a que se genere trabajo en Argentina. Hay técnicos muy buenos que no queremos que se vayan a vivir a Uruguay, Paraguay o España. Tenemos la responsabilidad de seguir generando historias, conseguir financiación como sea y contar nuestra cultura como sea. Es fundamental.

—¿Esperás apoyo institucional?

—Más allá de cualquier mirada partidaria o del gobierno que sea, nuestra obligación es esa. Si hay apoyo, mejor. Pero tenemos que hablar para que eso suceda. Si nos quedamos callados, esto desaparece. Cuando queramos hablar, puede ser tarde.