
Entre el 24 y el 26 de julio, la localidad de Alton, en las afueras de Londres, fue sede de la Jalsa Salana, la convención anual de la Comunidad Musulmana Ahmadía y el mayor encuentro de este tipo en Europa Occidental.
Bajo el lema “Oraciones por la paz, voces por la paz”, el evento reunió a decenas de miles de fieles y a invitados de más de 100 países en un momento en que los ahmadíes —perseguidos en distintas partes del mundo por musulmanes que no reconocen su fe como islámica ortodoxa— buscan visibilizar su mensaje de rechazo a la violencia y de convivencia interreligiosa.
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La Jalsa Salana no es un acto menor: este año convocó a cerca de 50.000 personas en un predio de más de 200 hectáreas en Hampshire, y se realizó con un fuerte operativo de seguridad reforzado por cientos de efectivos adicionales, en coordinación con la policía, los servicios de emergencia y las autoridades locales.
La decisión de sostener el encuentro se tomó pese al clima de creciente hostilidad hacia los musulmanes en el Reino Unido —las agresiones a mezquitas y el delito de odio antimusulmán vienen en aumento— y apenas semanas después de que otra gran convención islámica debiera suspenderse anticipadamente por una amenaza de extrema derecha que derivó en varios arrestos.
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El imán Marwan Gill, presidente de la Comunidad Musulmana Ahmadía de Argentina, remarcó la vocación de diálogo del encuentro frente a lo que describió como una época de “fisuras” y “muros” que amenazan la convivencia armónica entre religiones.
Gill sostuvo que uno de los objetivos centrales de la convención es que los invitados no musulmanes conozcan de primera mano los preceptos de la fe ahmadí, y llamó a “construir más puentes, y menos muros” en tiempos de desinformación.
Rafiq Hayat, titular de la rama británica de la Comunidad Musulmana Ahmadía, explicó que la comunidad nunca dudó en seguir adelante y recordó décadas de hostigamiento, desde los movimientos skinhead hasta las protestas del Partido Nacional Británico durante la construcción de la mezquita de Morden en los años 90.
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Según relató, la respuesta de la comunidad fue siempre la misma: tender puentes con los vecinos en lugar de replegarse, a través de reuniones periódicas con la policía, las iglesias y las autoridades locales que con el tiempo transformaron el vínculo con el entorno.

Hayat también señaló que la hostilidad hacia los ahmadíes no proviene únicamente de sectores de extrema derecha, sino también de otros musulmanes que los consideran herejes: el caso más extremo fue el asesinato en 2016 de Asad Shah, un comerciante ahmadí asesinado en Glasgow por otro musulmán en un crimen de motivación religiosa. Los ahmadíes enfrentan además persecución legal en países como Pakistán, donde su credo está proscrito.
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El movimiento Ahmadiyya fue fundado en 1889 por Mirza Ghulam Ahmad y la Jalsa Salana se celebra desde 1891. La comunidad tiene presencia en el Reino Unido desde 1913 y construyó allí una de las primeras mezquitas del país en 1926.
Este año la convención llegó a su 60ª edición y contó con la presencia de su líder espiritual, Mirza Masroor Ahmad, jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía, además de legisladores, obispos y otras figuras públicas. El rey Carlos III envió un mensaje de apoyo a los participantes, y la jornada de apertura incluyó oraciones, discursos y el izamiento de la bandera británica en el centro del predio.
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Entre los invitados especiales se destacó la participación de Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, en representación de la Santa Sede.