Es diferente. Flick lo conoce y lo marca de cerca. Él lo sabe, pero a la vez se siente comprendido. Se llama Karim Adeyemi, no era un desconocido, pero vive una segunda oportunidad en el Barça tras un pequeño bache en su carrera que lo sacó de las primeras filas del escaparate internacional.
No ha tardado en dejar su huella en estos primeros pasos como blaugrana. A la sombra de Gordon, que ha encajado más colectivamente con sus desmarques, presión, disciplina táctica y complicidad combinativa, él contrapone impactos en el partido. Justo lo que le falta al inglés. Seguramente Adeyemi no tiene tanta continuidad, sus decisiones a veces no responden a las necesidades tácticas, se mueve más por impulsos individuales. Sin embargo, rompe los esquemas, no obedece a las convenciones. Se trata de un agitador con éxito.
Sus condiciones físicas son privliegiadas. Es más rápido que nadie tanto en sus ofertas al espacio como en sus conducciones, a veces notablemente atropelladas; es tan intenso como el que más para activar la presión, no siempre ajustada a sus obligaciones; es muy atrevido, algo que le da más de lo que le quita en los metros finales. Todo ello en una coctelera le convierte en un futbolista con un perfil imprescindible para cualquier plantilla. Algunos grandes entrenadores han verbalizado la necesidad de tener elementos “que huyan de lo racional” por si la vía más reflexionada falla.
El peso de los goles
Nadie ve extraño que Mbappé sea el máximo goleador de la Liga, se entiende que Lamine Yamal empiece a tener cifras anotadoras de jugador diferencial, incluso que Raphinha haya encontrado el vestido ideal como ‘nueve’ para sumarse a los candidatos al Pichichi. Todos ellos han marcado seis goles en cinco partidos. Lo que parece un milagro es que Camello tenga los mismos números cuando el Rayo sólo ha ganado un partido. O incluso que Zabiri y Aubameyang hayan marcado cinco en los recién ascendidos Racing y Deportivo. O que Roberto haya convertido cinco de los ocho del Espanyol. Son delanteros que se encallarán, no podrán seguir el ritmo de los mejores, pero nadie les quita el gusto de la foto de septiembre. Comparten mesa con los escogidos, incluidos Haaland o Malen. No pasemos de puntillas.
Durante todos los minutos que ha jugado, la mayoría desde el banquillo, ha generado opciones de gol. Ha acelerado el ataque, ha mostrado instinto para aparecer en zona de remate y ha destacado por el uso de las dos piernas en todas las asignaturas de ataque. Con menos delicadeza que efectividad, parece que le es indiferente con qué pie controla, conduce, pasa y remata. Bueno, en la finalización incluso ha mostrado preferencia por el diestro aunque él sea zurdo.
Tres goles, todos con el derecho. Parece que no es casualidad, como tampoco su facilidad para cerrar el partido en el campo del Levante, que se había removido de modo inesperado. Cuando la tendencia del momento amenazaba la estabilidad blaugrana, él apareció para inventar un gol que devolvió la calma. Adeyemi, a su manera.