El cambio de clima generado por el fenómeno de El Niño ha marcado el ritmo de Puerto López, en el sur de Manabí, durante los últimos meses.
Mientras las familias aprovechan los fines de semana para bañarse en el mar, los operadores turísticos han visto cómo la temporada de avistamiento de ballenas jorobadas terminó antes de lo habitual.
Además, la tradicional época de garúa y frío, que suele extenderse durante varios meses, no se presentó este año.
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Ambos cambios coinciden con el calentamiento del océano asociado con el desarrollo de El Niño y sus efectos tienen diferentes consecuencias: el clima cálido puede favorecer el turismo de sol y playa, mientras que las alteraciones del ambiente marino afectaron directamente la permanencia de las ballenas, señalan habitantes del cantón.
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La temporada de ballenas se acortó en Puerto López
Para Ángel Pincay, director de Turismo del Gobierno Autónomo Descentralizado (GAD) de Puerto López, la temporada de ballenas de este año comenzó más tarde y duró menos tiempo que en años anteriores.
Según su registro de la actividad turística, el periodo de mayor movimiento se concentró entre julio y agosto, mientras que en temporadas anteriores se extendía desde junio hasta el feriado del 9 de octubre.
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Entre 2015 y 2020, según Pincay, los primeros avistamientos solían coincidir con el Festival de Ballenas, que se celebraba en junio. La actividad se mantenía hasta el feriado de octubre, cuando muchos operadores cerraban la temporada. En 2016, en cambio, las ballenas comenzaron a llegar más tarde (julio) y la mayor actividad se concentró en julio y agosto.
“La temporada de este año fue corta”, explicó.
De acuerdo con los datos que maneja, el cantón recibió entre 32.000 y 33.000 turistas durante el periodo de avistamiento, por debajo de la meta de 40.000 visitantes que se habían propuesto alcanzar. Como referencia, Pincay recordó que en 2019 Puerto López registró alrededor de 53.000 turistas durante esta actividad.
La garúa desapareció y el calor favoreció las visitas a la playa
El otro cambio que identifican los habitantes de Puerto López es la ausencia de la tradicional temporada de garúa, un periodo de días fríos, humedad y lloviznas frecuentes que, según Pincay, suele extenderse de mayo a noviembre.
“Este año no se ha dado”, afirmó. En su lugar, durante buena parte de los meses que normalmente corresponden a esa época, los habitantes experimentaron temperaturas cálidas y jornadas soleadas, aunque hacia finales de septiembre comenzaron a registrarse lluvias y días nublados.
Pincay explicó que la garúa constituye un microclima característico de la zona. Su ausencia, junto con el calentamiento del mar, forma parte de las señales que los habitantes relacionan con el desarrollo de El Niño en la costa ecuatoriana.
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La presidenta de los hoteleros del cantón, Margarita Vidal, también describió una temporada intensa, pero concentrada en menos semanas.
Afirma que julio y agosto registraron bastante movimiento, mientras que en septiembre disminuyó la presencia de visitantes que llegaban específicamente para observar cetáceos.
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Vidal señaló que los hoteles alcanzaron una ocupación cercana al 80 % durante la temporada de ballenas. Sin embargo, la reducción del periodo de permanencia afectó el trabajo de los operadores que ofrecen recorridos marítimos.
A esa situación se sumaron los costos. La dirigente hotelera explicó que el incremento del combustible encareció las salidas en lancha y obligó a ajustar las tarifas de los recorridos. De esta manera, una temporada más corta coincidió con mayores gastos para quienes viven de las excursiones.
Efectos del calentamiento del mar en las ballenas
En su informe técnico del 29 de julio, el Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (Erfen) reportó anomalías de temperatura superficial del mar de aproximadamente 2,2 °C en la región Niño 3.4 y 3,8 °C en la región Niño 1+2. Frente a la costa ecuatoriana, las temperaturas superficiales se ubicaron entre 25 y 28 °C, con valores superiores a los habituales para esa época en varios sectores.
El informe también identificó una menor disponibilidad de nutrientes en las capas superficiales del océano, relacionada con el calentamiento y la estabilidad de la columna de agua. Estas condiciones pueden modificar la productividad marina y la distribución de los organismos que forman parte de la cadena alimentaria.
En el caso de las ballenas jorobadas, la temperatura y las corrientes marinas forman parte de las condiciones ambientales que pueden influir en sus desplazamientos. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) explica que los cambios en la temperatura del agua y las corrientes pueden alterar las señales ambientales que intervienen en la navegación y la migración de estos mamíferos.
Cambios en el turismo recreativo
El cambio también modificó las condiciones para el turismo recreativo.
Steven Parrales, operador turístico de Puerto López, señaló que los días soleados han favorecido las visitas de familias y viajeros que buscan bañarse en el mar, disfrutar de la gastronomía local y recorrer la bahía.
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Los visitantes de la provincia que llegan durante los fines de semana dinamizan los restaurantes, hoteles y servicios turísticos, incluso cuando ya terminó el periodo de mayor demanda para observar ballenas, señaló.
Sin embargo, el efecto no ha sido uniforme. Parrales explicó que los turistas extranjeros que organizan sus viajes con anticipación continúan llegando al cantón, mientras que la demanda espontánea de visitantes nacionales en días de semana ha disminuido.
Entre los factores que mencionó figuran el inicio de clases en la Sierra, el costo de los desplazamientos y la situación de seguridad del país. (I)