
Un informe emitido el 13 de agosto por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) alertó sobre la formación de El Niño más intenso desde que existen registros modernos, lo que podría provocar alteraciones climáticas a gran escala en América, Asia y Oceanía durante el otoño e invierno de 2026-2027. La advertencia afecta a sectores agrícolas, energéticos, de infraestructura y a la población general de los continentes mencionados.
Según la NOAA, respaldada por el Centro de Predicción Climática (CPC), la probabilidad de que este El Niño supere la magnitud de los eventos anteriores desde 1950 se sitúa en el 69%, con una certeza superior al 90% de que se transformará en un episodio “muy fuerte” en los próximos meses. De acuerdo con la agencia, estas condiciones elevan significativamente la probabilidad de impactos climáticos notables, aunque no todas las áreas experimentarán los mismos efectos.
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El Niño es una fase del ciclo ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), marcada por el calentamiento de la superficie oceánica en el Pacífico ecuatorial central y oriental. De acuerdo con la cobertura de Reuters, el último episodio de magnitud similar ocurrió en 1997-1998. Los especialistas advierten que la intensidad prevista para 2026 podría superar ese récord, lo que tendría consecuencias sobre la temperatura global, los patrones de precipitación y la temporada de huracanes.
El Niño constituye un fenómeno climático natural asociado al aumento de la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial central y oriental. Este calentamiento altera la circulación atmosférica y genera cambios en los patrones de lluvias y temperaturas en todo el mundo.
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El ciclo ENSO alterna entre tres fases: El Niño (cálida), La Niña (fría) y condiciones neutras. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), El Niño suele provocar sequías en Australia y el sudeste asiático, lluvias intensas en la costa pacífica de América y modificaciones en la actividad ciclónica tanto en el Atlántico como en el Pacífico. Las consecuencias varían según la estación y la región, aunque el impacto global se considera elevado en episodios de gran magnitud.
La NOAA informó que las temperaturas superficiales del mar en la región ecuatorial del Pacífico oriental superan los 2,5°C (4,5°F) por encima del promedio histórico. Este umbral se utiliza para categorizar un evento como “muy fuerte”. Además, el organismo detectó anomalías térmicas subsuperficiales que favorecen la persistencia del fenómeno.
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Michelle L’Heureux, responsable del equipo ENSO de la NOAA, detalló: “Nuestro equipo ha incrementado la confianza en la posibilidad de un El Niño muy fuerte para finales de este año”. L’Heureux precisó que “el 90% de los modelos pronostican un fortalecimiento sostenido”, según recogió la agencia Bloomberg. El informe oficial, citado por Reuters, atribuyó la evolución del fenómeno a una “acoplación vigorosa” entre la atmósfera y el océano en la franja ecuatorial del Pacífico, lo que acelera la transferencia de calor y la formación de patrones meteorológicos atípicos.
Según el Centro de Predicción Climática, los efectos de El Niño serán más notorios desde finales de otoño hasta principios de primavera en el hemisferio norte. Los impactos regionales más relevantes incluyen:
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- En el norte de Estados Unidos, la NOAA proyecta temperaturas superiores a la media invernal y condiciones más secas en áreas del noroeste y el medio oeste.
- El sur del país experimentará temperaturas normales o por debajo del promedio, acompañadas de precipitaciones superiores a lo habitual, especialmente en Texas y el sudeste.
- En el noreste y el Atlántico medio, se incrementa la probabilidad de nevadas intensas en zonas costeras, mientras que el interior verá menos nieve y lluvias.
- En la costa oeste y el suroeste, los pronósticos apuntan a inviernos más húmedos, en contraste con el déficit de lluvias previsto en las Rocosas del norte.
- Para Alaska, se espera un invierno más cálido y seco con menor acumulación de nieve.
En América Latina, El Niño suele provocar lluvias torrenciales en la costa pacífica de Sudamérica y sequías en regiones del Amazonas y el noreste brasileño, según la OMM. El fenómeno afecta la agricultura, la generación hidroeléctrica y la seguridad alimentaria de millones de personas.

La NOAA advirtió que El Niño puede modificar la frecuencia y la intensidad de huracanes en los océanos Pacífico y Atlántico. El fenómeno tiende a reducir la formación de ciclones en el Atlántico, debido a vientos desfavorables, mientras que en el Pacífico oriental incrementa la actividad ciclónica. Esto puede traducirse en un mayor riesgo de tormentas y lluvias extremas en México, Centroamérica y la costa oeste de Estados Unidos.
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El informe también señala que la intensificación de El Niño puede provocar un aumento de la temperatura media global, con posibilidad de romper récords recientes. “Es virtualmente seguro que 2027 estará entre los cinco años más cálidos jamás registrados”, indica la NOAA, que cifra en casi 100% la probabilidad de alcanzar ese hito. La OMM coincide en que los años con El Niño tienden a superar récords previos de temperatura, en combinación con el calentamiento global provocado por la actividad humana.
La NOAA y la OMM utilizan el índice de anomalía térmica en la región Niño 3.4 del Pacífico para clasificar la fuerza del fenómeno en cuatro categorías: débil, moderado, fuerte y muy fuerte. Un evento se considera “muy fuerte” cuando la temperatura promedio excede los 2°C (3,6°F) sobre lo normal durante al menos tres meses consecutivos.
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Las agencias internacionales insisten en que términos como “súper El Niño” o “El Niño extremo” no forman parte de las clasificaciones oficiales. “La terminología estándar emplea únicamente las categorías mencionadas”, aclaró la OMM en un comunicado reproducido por la agencia Bloomberg.

El episodio más intenso de El Niño registrado hasta la fecha corresponde a 1997-1998, seguido por el de 2015-2016. De acuerdo con la NOAA, el fenómeno actual ya se ubica como el segundo más fuerte para esta época del año, solo por detrás de 1997. Modelos recientes proyectan que la anomalía térmica podría alcanzar o superar los 4°C en la región de referencia, lo que supondría un nuevo máximo histórico.
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La agencia Reuters recuerda que, en esos años, El Niño causó inundaciones, sequías y cambios abruptos en la agricultura y la pesca en numerosos países de América y Asia.
La NOAA recomienda a gobiernos, organismos de protección civil y sectores productivos mantener vigilancia constante sobre la evolución de El Niño, debido a su potencial para afectar cultivos, infraestructuras, disponibilidad hídrica y servicios básicos. El organismo publicará actualizaciones periódicas para orientar la toma de decisiones en función de los escenarios previstos.