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Japón, Filipinas, Venezuela, Colombia y Granada. En cuestión de semanas, un terremoto tras otro en diferentes partes del mundo volvió a encender las alarmas globales. Cada vez que las alertas de evacuación se multiplican y las imágenes de edificios tambaleándose inundan los celulares, la misma pregunta regresa a la mesa: ¿por qué parece que todo el planeta está temblando al mismo tiempo?

La inquietud colectiva suele apuntar a una sombra mucho mayor: si estos eventos representan la antesala del coloso geológico que la ciencia lleva décadas estudiando, el temido “Big One”, un megaterremoto de subducción capaz de alcanzar una magnitud de 9,5 y liberar mil veces más energía que los sismos recientes.

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Sin embargo, para entender lo que realmente sucede bajo nuestros pies, es necesario recurrir a los datos y las fuentes sismológicas oficiales. La Tierra no es una bola de piedra estática; la litosfera se encuentra fragmentada en placas tectónicas que se desplazan de forma continua unos centímetros al año. Cuando estas placas se empujan, se enganchan y acumulan tensión hasta que la roca no aguanta más, liberando energía de golpe en forma de ondas sísmicas.

A pesar del impacto de las noticias recientes, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) confirma de manera categórica que la cantidad de terremotos grandes se mantiene notablemente estable a lo largo del tiempo. En un año promedio, el planeta registra alrededor de 16 terremotos mayores: unos 15 de magnitud 7 y uno de magnitud 8 o superior. En 2025, se registraron 17 sismos de magnitud 7 o más –incluido un potente evento de 8,8 en la península de Kamchatka, Rusia– y en 2026 la dinámica continúa dentro de los márgenes estadísticos habituales, acumulando algo más de una decena de eventos de gran escala en puntos que van desde Indonesia y la isla de Mindanao hasta México, Colombia y Venezuela.

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Japón, Filipinas, Venezuela, Colombia y Granada. En cuestión de semanas, un terremoto tras otro en diferentes partes del mundo volvió a encender las alarmas globales (Foto: AP)
Japón, Filipinas, Venezuela, Colombia y Granada. En cuestión de semanas, un terremoto tras otro en diferentes partes del mundo volvió a encender las alarmas globales (Foto: AP)

Si la frecuencia de los grandes terremotos no está aumentando, ¿por qué hay una firme sensación de que la Tierra tiembla todo el tiempo? La respuesta obedece a un fenómeno de percepción amplificado por la tecnología y la hiperconectividad. El Centro Nacional de Información de Terremotos detecta alrededor de 20.000 sismos al año en todo el mundo, lo que equivale a unos 55 temblores diarios o más de dos por hora. La gran mayoría se produce en el océano o en zonas despobladas y es imperceptible para el ser humano.

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría hace un siglo, hoy existe una red global de monitoreo sumamente densa, capaz de registrar hasta los movimientos más pequeños. A esto, se le suma que cualquier evento relevante en el Cinturón de Fuego del Pacífico es grabado en alta definición y difundido globalmente en cuestión de segundos. Registramos más porque escuchamos más.

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Asimismo, la ciencia aclara que un gran terremoto en un extremo del mundo no genera una reacción en cadena para desencadenar otro al otro lado del planeta. Un sismo genera réplicas locales mientras la falla se reacomoda y, en casos muy puntuales, sus ondas pueden producir un “disparo remoto” en fallas adyacentes que ya estaban al límite de romper, pero no existe un dominó sísmico global.

El Centro Nacional de Información de Terremotos detecta alrededor de 20.000 sismos al año en todo el mundo (Foto: Colprensa)
El Centro Nacional de Información de Terremotos detecta alrededor de 20.000 sismos al año en todo el mundo (Foto: Colprensa)

Por último, es fundamental diferenciar la predicción de la alerta temprana: la ciencia aún no puede determinar el día, la hora o la magnitud del próximo gran sismo. Los sistemas avanzados, como los de Japón o México, no predicen con días de anticipación, sino que detectan las ondas iniciales para dar valiosos segundos de aviso antes de que llegue la sacudida principal. El planeta siempre ha estado en constante movimiento; la diferencia es que hoy podemos escuchar cada uno de sus latidos en tiempo real.

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