Entre el 8 y el 17 de septiembre de 1976 un grupo de 10 estudiantes de colegios secundarios de La Plata fue secuestrado, brutalmente torturado y la mayoría, desaparecido. La fecha que se conmemora hoy, 50 años después, conmemora a “La noche de los lápices” como uno de los emblemas de la sangrienta huella que la dictadura militar dejó en nuestra ciudad.
Claudio de Acha, Gustavo Calotti, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Patricia Miranda, Emilce Moler, Daniel Racero, Horacio Ungaro y Pablo Díaz, todos de entre 16 y 18 años, fueron las víctimas. Durante esa semana los adolescentes, estudiantes de distintos colegios platenses, fueron secuestrados individualmente, cada uno, de sus hogares. Sólo sobrevivieron a los tormentos Moler, Miranda, Calotti y Díaz. Trasladados a distintos centros clandestinos de detención, fueron derivados luego a establecimientos penitenciarios, donde quedaron a “Disposición del Ejecutivo Nacional”, para ser liberados uno o dos años más tarde.
EL TESTIMONIO CLAVE
Recién en 1985 fue Pablo Díaz quien reveló lo ocurrido durante el Juicio a las Juntas, provocando que el caso se hiciera conocido más tarde como “La noche de los lápices”. Según la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas (Conadep), “los adolescentes secuestrados habrían sido eliminados después de padecer tormentos en distintos centros clandestinos de detención, entre los que se encontraban: Arana, Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes, Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires y las Comisarías Quinta, Octava y Novena de nuestra ciudad, así como la Tercera de Valentín Alsina, en Lanús, y el Polígono de Tiro de la Jefatura de la Provincia de Buenos Aires”. Se presume que habrían sido fusilados a principios de enero de 1977.
La mayoría militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), los jóvenes se encontraban movilizándose desde el año anterior en reclamo del boleto estudiantil. A raíz de esta declaración de Díaz, la Comisión Nacional Sobre Desaparición de Personas (Conadep), estableció que la Policía bonaerense había preparado un operativo represivo para los que habían participado un año antes de la campaña por el boleto estudiantil, considerada por las Fuerzas Armadas como “subversión en las escuelas” la cual era fundamental “erradicar” y terminó popularizándose la hipótesis de que los secuestros hayan sido consecuencia directa de aquel reclamo.
Los “lápices”, otra sangrienta herida que la dictadura militar dejó en nuestra ciudad
Sin embargo, otros sobrevivientes, como Emilce Moler, afirman que ese reclamo específico no tuvo ninguna incidencia en el episodio del 16 de septiembre sino que su disparador fue la militancia política.
Sancionada por la Legislatura bonaerense, el 31 de agosto de 1988 se promulgó la Ley 10.671, que establece esta fecha como el “Día del estudiante secundario”, al recordar el secuestro y desaparición de estos jóvenes y ampliarlo a muchos otros que sufrieron la misma tragedia.
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