Europa corre el riesgo de debilitar su tejido industrial si el Reino Unido queda apartado de las cadenas de suministro europeas como consecuencia de la política 'Made in Europe' de la UE, ha advertido a 'Euronews' el ministro británico de Relaciones Europeas, Hamish Falconer.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Desde Estrasburgo, donde este miércoles ha mantenido conversaciones con sus homólogos de la UE, entre ellos el comisario de Comercio, Maroš Šefčovic, Falconer ha asegurado que mantener abiertas las cadenas de suministro "beneficia claramente tanto a la UE como al Reino Unido".

"Creo que es vital que no hagamos nada que debilite a la industria europea", señaló Falconer. "No sería beneficioso para ninguna de las dos partes que surgieran nuevas barreras en nuestras relaciones económicas".

La UE quiere proteger sus industrias nacionales frente a la competencia exterior desleal mediante la introducción de una preferencia por los fabricantes europeos en los contratos públicos. Las normas propuestas, que forman parte de la Ley de Aceleración Industrial (Industrial Accelerator Act, IAA) de la Comisión Europea, se consideran, en términos generales, una respuesta a las políticas comerciales cada vez más contundentes de China y a la competencia subvencionada por el Estado.

Sin embargo, existen discrepancias sobre qué debe considerarse "europeo" y sobre si las empresas de fuera de la UE pueden recibir el mismo trato que sus homólogas europeas. El Gobierno de Burnham ha convertido la inclusión del Reino Unido en el plan en una de sus principales prioridades en las conversaciones con Bruselas.

"Las industrias que más han presionado para defender esta postura ante mí son las europeas", explicó Falconer, antes de añadir que existe "una clara conciencia" de que la base industrial europea es compartida con el Reino Unido, que es el segundo mayor mercado de exportación del bloque y el principal destino de los vehículos nuevos fabricados en la UE.

"Si rompiéramos esa base industrial, eso significaría simplemente una Europa más débil, tanto en el Reino Unido como en la propia UE", añadió.

La semana pasada, el primer ministro británico, Andy Burnham, trasladó directamente sus preocupaciones sobre el plan a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Antes de ese encuentro, afirmó: "No somos vuestros enemigos".

Mientras Francia ha abogado por un enfoque más estricto, se considera que el Gobierno alemán está más abierto a un modelo que ampliaría las normas de origen a los socios comerciales de la UE, siempre que, a cambio, ofrezcan a las empresas europeas un acceso equivalente.

Está previsto que Burnham se reúna este jueves en Berlín con el canciller Friedrich Merz para mantener conversaciones.

Según fuentes comunitarias, las conversaciones sobre la inclusión del Reino Unido en el plan se han acelerado desde que Burnham asumió el cargo en julio, pero aún está por ver si podrán lograrse avances hacia un acuerdo antes de la próxima cumbre UE-Reino Unido, que se espera que tenga lugar antes de finales de año.

Preguntado por si el Reino Unido estaría dispuesto a hacer concesiones para acceder al plan, Falconer dijo que "hablar de concesiones es precisamente el punto de partida adecuado" y subrayó que se trata de una "base industrial europea compartida".

Un "deseo compartido" de estrechar lazos

El ministro Falconer también celebró un "deseo compartido" de acercar de nuevo al Reino Unido a la Unión Europea, pocos días después de que Burnham abriera la puerta a que el país acabe regresando al bloque.

Dijo compartir la opinión de Burnham de que "la relación actual que tenemos no es lo bastante buena". "Somos vecinos para siempre, tenemos intereses realmente compartidos y estamos abordando esta relación con una auténtica determinación y ambición", explicó.

Falconer añadió que Burnham detallará algunas de las opciones sobre la futura relación que esbozó la semana pasada "en torno a" la cumbre UE-Reino Unido, que se espera que se celebre en Bruselas antes de finales de año.

La cumbre estaba inicialmente prevista para julio, pero se canceló de forma abrupta en junio, cuando el ex primer ministro Keir Starmer anunció su dimisión, lo que frustró los planes de ambas partes de cerrar una serie de acuerdos, incluidos los relativos al comercio agroalimentario, los mercados eléctricos y los intercambios juveniles.

El ministro Falconer expresó su confianza en que el Gobierno de Burnham avance "más y más rápido" en este reinicio de la relación y afirmó que su objetivo es que en la cumbre se acuerde "el paquete más ambicioso posible".

Sin embargo, las recientes declaraciones de Burnham han cambiado el rumbo de las conversaciones en curso, y la atención se centra ahora en una posible relación mucho más estrecha a largo plazo.

Los sondeos recientes apuntan a que una mayoría de los votantes británicos podría apoyar el regreso a la UE si la cuestión se sometiera a referéndum. Una encuesta del Messina Group (TMG), publicada la semana pasada, indicaba que casi la mitad de los electores apoya ese paso.

Sin embargo, abrir la puerta a un regreso se considera un movimiento político delicado, ya que la mayoría de los ministros de Burnham, incluido Falconer, representan circunscripciones que apoyaron el Brexit en el referéndum de 2016.