Los chimpancés y otras especies sociales desarrollan estrategias preventivas antes de enfrentarse a grupos rivales, como reforzar sus vínculos mediante el juego y el acicalamiento, aumentar la vigilancia o desplazarse en silencio, según un estudio publicado en la revista científica Trends in Ecology & Evolution.
La revisión, divulgada el 16 de julio y realizada por investigadores de la Universidad de Bristol (Reino Unido), concluye que las señales del entorno y los recuerdos de conflictos anteriores desencadenan conductas que aumentan las posibilidades de supervivencia y éxito frente a amenazas.
El autor principal, Andrew Radford, señaló que el conflicto entre grupos está presente en numerosas especies sociales, desde hormigas hasta primates. La competencia por territorio, alimento o parejas, explicó, constituye una importante fuerza que impulsa la evolución.
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Los investigadores destacan que la mayoría de estudios se ha centrado en lo que ocurre durante y después de los enfrentamientos. Sin embargo, cada vez existen más evidencias de que muchas especies también se preparan con anticipación cuando perciben un mayor riesgo.
Entre los ejemplos, los chimpancés suelen descansar en cimas de colinas ubicadas en zonas de conflicto, donde permanecen en silencio y atentos. En tanto, las mangostas enanas reaccionan a señales de grupos rivales desplazándose con mayor cautela y reforzando la vigilancia.
El estudio también identificó cambios en el uso del territorio. Algunas especies incrementan el marcaje con olor tras detectar posibles intrusos, mientras que otras regresan a lugares de enfrentamientos previos o, por el contrario, evitan las zonas ocupadas por sus rivales.
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Otra conducta preventiva son las incursiones. Los chimpancés machos penetran en silencio en territorios vecinos, avanzando en fila india hacia las vocalizaciones de otros grupos, aparentemente para evaluar o atacar a sus adversarios.
Cuando aumenta la amenaza, muchas especies también fortalecen la cohesión social. Los chimpancés juegan, se acicalan y permanecen más unidos antes de defender su territorio, comportamientos que podrían reducir la ansiedad, mejorar la comunicación y aumentar la capacidad de actuar en grupo.
El investigador Josh Arbon afirmó que estas respuestas anticipatorias ayudan a recopilar información, reducir riesgos y preparar a los animales para posibles enfrentamientos. Además, subrayó que estos comportamientos se han documentado en una amplia variedad de especies sociales.
Los autores sostienen que futuras investigaciones buscarán entender cómo los animales evalúan el nivel de amenaza y cómo combinan las señales del entorno con los recuerdos de conflictos pasados. A su juicio, estudiar estas conductas permitirá comprender mejor la evolución social y cognitiva de los animales, incluidos los seres humanos. (I)