10 de octubre, 2026 - 07h00
Los servicios exteriores son instituciones permanentes de los Estados. Los representan, ejecutan sus políticas exteriores, protegen sus intereses y los de sus ciudadanos y preservan la memoria institucional necesaria para la continuidad de su acción internacional.
En el Ecuador, desde el siglo XIX se desarrollaron mecanismos de regulación y selección del personal diplomático. En 1938, la Ley Orgánica del Servicio Exterior consolidó su reconocimiento como carrera pública y la creación de la Academia Diplomática en 1987 fortaleció su profesionalización.
La diplomacia requiere formación, experiencia y especialización para defender los intereses de la Patria ante una política internacional marcada por el debilitamiento del derecho internacional. En coordinación con las instituciones públicas y el sector empresarial, ha contribuido a abrir mercados, promover exportaciones e inversiones y proteger productos estratégicos en las negociaciones internacionales.
La defensa de la soberanía no depende únicamente de las armas, sino también de la diplomacia y del derecho internacional. Los intereses de la nación requieren continuidad, memoria institucional y dedicación al pueblo ecuatoriano. El servicio exterior atiende a nuestros migrantes: desde asistir a víctimas de violencia y explotación hasta gestionar la evacuación de compatriotas atrapados en zonas de conflicto y guerra. La diplomacia es un vínculo indispensable entre el Estado y sus ciudadanos, especialmente cuando su seguridad y sus derechos están amenazados.
Corresponde al Gobierno legítimamente constituido definir la política exterior, conforme a la Constitución y los instrumentos internacionales vinculantes. Es razonable, por lo tanto, que el Ejecutivo cuente con un espacio para designar personas de su confianza. Ello es compatible con preservar una columna vertebral profesional y permanente. Una carrera diplomática fortalecida es un pilar fundamental para que el Estado pueda defender sus intereses. La experiencia de otros países demuestra que debilitarla supone perder conocimientos, memoria institucional y capacidad de acción.
Frente al crimen organizado transnacional, la defensa del Ecuador, bajo las directrices del Gobierno actual, ha requerido capacidades policiales y militares, pero también una diplomacia especializada que ejecute sus políticas. Ejemplos hay varios: la participación del Ecuador en el Consejo de Seguridad durante el bienio 2023-2024, su papel en la Comunidad Andina y el fortalecimiento de la cooperación internacional desde la Cancillería demuestran la importancia de la acción diplomática y de los acuerdos bilaterales, regionales y multilaterales. El servicio exterior debe liderar la defensa de la soberanía en estos graves momentos que vive el Ecuador y convocar a la comunidad internacional a sumar esfuerzos para combatir el flagelo del narcotráfico.
En lo personal, ha sido un honor pertenecer al servicio exterior y compartir la defensa de la Patria con colegas que dedicaron y dedican su vida a proteger los intereses y el prestigio de la Nación. (O)