De un sorbete de frambuesa y lichi uno espera algo ligero, refrescante, ácido… con un color rosa intenso que remite a la fruta. Pero la primera cucharada cambia la idea.
La textura es más untuosa y cremosa de los previsto, casi más cercana un helado pensado como un postre que al sorbete ligero que uno imagina. La frambuesa mantiene su presencia, su ligera acidez y, por su parte, el lichi aporta dulzor y aroma. Pero lo que acaba por diferenciarlo es esa textura inesperada.
Primera colaboración en busca de un nuevo sabor
Este sabor es la primera colaboración entre Manu Jara y Ricard Martínez en Frío Fino, la heladería que Jara abrió hace algunas semanas en la calle Pureza, en pleno barrio sevillano de Triana. Abrió con 14 sabores y una idea clara: reservar uno de ellos para colaboraciones con otros profesionales nacionales y vincularlo a una iniciativa solidaria.
Ricard Martínez, actualmente al frente de Ricmaiz Estudio, y también residente en el barrio, ha sido el encargado de inaugurar esta serie y aportar su experiencia y conocimiento. Su trayectoria está ligada al estudio del sabor y de la pastelería contemporánea y con este helado, a pesar de su aparente sencillez, juega con una textura difícil de lograr y sin usar lácteos, tal y como nos ha explicado.
Manu Jara sirviendo el nuevo sabor en su heladería Frío Fino
Por otro lado, Manu Jara, pastelero de origen francés y afincado desde hace ya años en Sevilla, decidió abrir un nuevo establecimiento dedicado al helado artesano y de autor. Así nació Frío Fino. Y de la amistad de ambos ha salido este sorbete de frambuesa y lichis, disponible tanto en tarrina como en cucurucho, desde 3,50 euros.
Ricard apuntaba que buscaba un resultado “fresco, limpio y muy aromático”. Y esa parte aromática está lograda, aunque al probarlo hay otro aspecto que también llama la atención: la sensación en boca. No es acuoso ni desaparece rápidamente. Tiene cuerpo, permanece y resulta muy cremoso y equilibrado.
Helado solidario
Las características de este sabor lo convierten casi en un postre atemporal, y aunque aún estamos en verano (y en Sevilla la temperatura lo reafirma), la idea es que permanezca en cata hasta finales de noviembre.
Sorbete de frambuesa y lichi que sorprende por su textura: muy cremoso
Y la finalidad de esta colaboración también justifica su disponibilidad durante este tiempo. Y es que los beneficios obtenidos con su venta se destinarán íntegramente a la obra social de la Hermandad de la Esperanza de Triana. Una elección que tiene sentido, puesto que la heladería (y otra de las pastelerías de Jara) se encuentra ubicada en la misma calle, a pocos metros de la mencionada Hermandad. Además tanto Manu como Ricard desarrollan su actividad en el barrio y justifica la decisión.
La idea continuará con otros profesionales, sabores y entidades beneficiarias, pero de momento tenemos este sorbete de frambuesa y lichi presentado en un verano tardío pero que sorprende por su sabor y su fin solidario.
Fotos | Jesús León y NextGastro
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