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Vecinos de un edificio de la calle Muntaner a la altura de la calle Mallorca denuncian que el trasiego de personas drogadas por su escalera les está amargando la vida. Algunos ya planean mudarse, otros siquiera quieren marcharse de vacaciones. Esta comunidad ya instaló cámaras en algunas zonas comunes, contrató a un vigilante de seguridad que patrulla los rellanos de madrugada, presentó un montón de denuncias y de quejas ante los Mossos d’Esquadra y el Ayuntamiento de Barcelona... La emisora RAC1 se hizo ayer eco de los lamentos de estos vecinos.
Esta truculenta historia se remonta a principios del año pasado, después de que el propietario de una de las viviendas de este edificio hiciera que sus antiguos inquilinos se marcharan, la reformara y se instalara allí. “Se trata de un empresario con inversiones en la ciudad, de buena familia, de la zona alta –relatan algunos vecinos del edificio–... pero estos últimos meses se degradó mucho ¡cada día parecía más demacrado!”.
La comunidad ya contrató a un vigilante de seguridad que patrulla los rellanos de madrugada
Y enseguida, prosiguen estos vecinos, empezaron a frecuentar esta vivienda muchas personas muy venidas a menos con a todas luces serios problemas con las drogas. Algunas apenas pasan un rato en el piso en cuestión y se marchan haciendo eses por los rellanos y las escaleras, tantas que en ocasiones algunas siquiera logran alcanzar la calle y se quedan postrados en el vestíbulo. Algunos vecinos los fotografiaron incrédulos. Otros visitantes sí que se quedan en el piso unos cuantos días. Las peleas y las discusiones son habituales. “Al final después de muchas discusiones el propietario de la vivienda se marchó, y se quedaron ahí instalados de manera permanente un argelino y una italiana”.

Las llamadas al 112 se hicieron más insistentes, y también las visitas de los Mossos y de la Guardia Urbana. “Los mossos pudieron entrar en el piso en una ocasión –añaden estos vecinos–, pero no encontraron ningún útil propio del narcotráfico, de modo que no pudieron hacer nada”. Fuentes policiales reconocieron ayer a La Vanguardia que se trata de una situación de difícil gestión. El propietario de la vivienda falleció de manera reciente, después de marcharse y dejar su piso en manos de estas personas bien conocidas, además, por la policía.

Y encima, hasta ahora, agregan estos mismos interlocutores, nadie reclamó esta propiedad. De este modo esta vivienda se convirtió en un punto de encuentro de personas muy conflictivas. A los investigadores no les consta que sea punto de venta de drogas, que el tráfico que aquí pueda darse vaya más allá de los trapicheos propios de estos círculos. Todo apunta a que cada uno se trae lo suyo y se comparte. Los vecinos aún desconocen que el propietario del piso de marras murió, y todavía tratan de contactar con sus familiares, a ver si pueden hacer algo al respecto.

“Es que a estas personas que vienen y van drogadas les dices que no se pueden meter bicicletas en el ascensor y te responden de un modo muy violento con insultos y amenazas”. “Reventaron la puerta del cuarto de baño del aparcamiento para hacer la colada y llenar sus garrafas, rompieron los vidrios del portal ¡hasta desencajaron la puerta para que no pudiera cerrarse!”. “Y, además, estos últimos meses se produjeron robos en dos pisos del bloque. Estamos muy asustados. Tememos por nuestra seguridad”. “Es que esta gente que está todo el rato entrando y saliendo da mucho miedo”. “Llamad a los Mossos, que os vais a enterar... nos dicen riéndose”.
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Bajo estas circunstancias el desalojo de este inmueble se antoja complicado. Desde ayer, las patrullas de la Guardia Urbana y de los Mossos del distrito, de uniforme y paisano, tratarán de hostigar en la medida de lo posible a estas personas que vienen y van, sobre todo durante las primeras horas de la madrugada, cuando sus juergas se animan. Entretanto los vecinos de esta finca de la calle Muntaner continuarán pagando cerca de 3.000 euros al mes para que un vigilante de seguridad patrulle sus rellanos de madrugada.

Escribe y cuenta historias de la mala vida desde que empezó en el oficio del periodismo, desde los tiempos del fax. Autora de 'Desmontando el crimen perfecto'. Convive con dos perros, Simón y Lola; y con todo por aprender

Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.