El frigorífico forma parte del día a día de cualquier hogar. Se utiliza para conservar alimentos que necesitan frío y mantener en buen estado productos que se consumen durante la semana. Aunque normalmente se presta atención a la temperatura seleccionada o al espacio disponible en los estantes, hay otros elementos que también influyen en su funcionamiento. Algunos pasan bastante desapercibidos, pese a que intervienen cada vez que se abre o se cierra el electrodoméstico.

Uno de los aspectos que conviene revisar es que la puerta quede bien ajustada. No basta con que parezca cerrada desde fuera: para conservar el frío en el interior, debe existir un buen contacto entre la puerta y el cuerpo del aparato. Cuando ese cierre no es correcto, parte del aislamiento puede perder eficacia. El problema puede pasar inadvertido durante un tiempo, sobre todo si no hay una separación visible o si la puerta continúa cerrándose con normalidad.

En ese ajuste tienen un papel importante las gomas que rodean el borde interior. Su función es adaptarse al marco y cerrar el espacio que queda entre ambas superficies. Son piezas flexibles que están sometidas al uso diario del frigorífico y, con el paso del tiempo, pueden desgastarse o dejar de encajar como antes. Aunque el aparato siga funcionando, una junta deteriorada puede hacer que el frío no se conserve con la misma eficacia.

La limpieza también influye. Estas gomas suelen quedar fuera de las tareas más habituales, que normalmente se centran en retirar restos de comida, limpiar las baldas o colocar los productos. Sin embargo, conviene prestarles atención de vez en cuando. Revisarlas permite detectar suciedad, deformaciones o señales de desgaste antes de pensar que cualquier problema de refrigeración se debe a una avería interna. En ocasiones, un mal sellado de la puerta puede tener una explicación bastante más sencilla.

Un cierre deficiente también puede hacer que el frigorífico tenga que trabajar más para mantener la temperatura. Por eso, comprobar cómo encaja la puerta puede ayudar a detectar un problema que no siempre se aprecia a simple vista. No es necesario desmontar ninguna pieza para hacer una primera revisión: existe una prueba casera que permite comprobar si la goma ejerce suficiente presión contra el marco. Solo hace falta una hoja de papel y unos minutos.

Cómo comprobar el cierre de la nevera con una hoja de papel

La prueba puede hacerse con un folio. Primero hay que abrir la puerta y colocar una parte de la hoja sobre el borde del frigorífico, justo en la zona donde apoya la goma al cerrarse. Antes conviene despejar ese punto para evitar que algún objeto interfiera. El resto del papel debe quedar fuera, de manera que pueda sujetarse después. A continuación, se cierra la puerta con normalidad, sin empujarla ni ejercer una presión diferente a la habitual. La hoja quedará atrapada entre el marco y la junta si ambas superficies hacen contacto en ese punto.

Con la puerta cerrada, se agarra el extremo que sobresale y se intenta sacar el folio tirando suavemente. Lo importante no es comprobar si finalmente puede retirarse, sino fijarse en la resistencia que ofrece al moverse. Si queda bien sujeto y cuesta desplazarlo, significa que la goma está ejerciendo presión sobre esa parte del marco. Si sale con demasiada facilidad y apenas ofrece fricción, puede haber un ajuste insuficiente en esa zona.

La comprobación puede repetirse en otros puntos del contorno de la puerta. Esto resulta útil porque el desgaste no tiene por qué ser igual en toda la junta. Puede ocurrir que una parte retenga bien el papel y otra apenas ejerza presión. Por eso conviene probar en los laterales, en la zona superior y en la inferior, en lugar de sacar conclusiones a partir de un único intento. También es recomendable tirar siempre con una fuerza parecida para poder comparar mejor el resultado. Así resulta más fácil localizar dónde puede estar el problema.

El resultado debe tomarse como una orientación. Que el folio se deslice sin apenas resistencia indica que conviene revisar el sellado, pero no significa automáticamente que haya que sustituir la goma. Antes es recomendable comprobar si tiene suciedad, daños visibles o zonas que no apoyan correctamente sobre el marco. Esta prueba tampoco sustituye una revisión técnica: sirve para comprobar la presión de la junta en determinados puntos, pero no permite saber si el resto de componentes del frigorífico funciona correctamente.

Si se detecta algún fallo, el siguiente paso es revisar el estado de la junta y limpiarla si fuera necesario. Cuando está deteriorada y ya no consigue adaptarse correctamente al marco, puede ser necesario cambiarla. En cambio, si el papel ofrece una resistencia clara en todos los puntos comprobados, no se observan señales de falta de presión en esas zonas. Es una forma sencilla de revisar una parte del frigorífico que suele pasar desapercibida y de detectar si merece la pena prestar más atención al cierre de la puerta.