Lawrence de Arabia, nacido Thomas Edward Lawrence (1888-1935), tuvo una vida de novela que acabó siendo de película. De hecho, es automático asociar su rostro al del actor Peter O’Toole —el parecido entre el personaje real y el intérprete era realmente notable— y su nombre al de una superproducción de Hollywood. Pero Lawrence fue, en realidad, un arqueólogo que acabó metido en política en el nunca fácil contexto de la Primera Guerra Mundial. Por eso cuando quiso regresar a la arqueología se encontró con dificultades: su nombre se asociaba al liderazgo de la Revuelta Árabe contra el Imperio Otomano, lo que no le hacía particularmente bienvenido en el periodo de entreguerras, de la misma forma que Ernesto Guevara no era un visitante querido tras la Revolución Cubana.
Lawrence cambió incluso legalmente su apellido en 1927, asumiendo el de su mujer, para pasar a ser Thomas Edward Shaw en un intento de facilitar su entrada en países que le permitieran desarrollar su labor como arqueólogo. Pero su fama estaba por encima de cambios administrativos.

Además, el fin de la Primera Guerra Mundial acentuó el recelo por los ciudadanos fuera de su país. Ante una nueva geografía política, el control fronterizo y el temor al espionaje o a los agitadores —y Lawrence de Arabia, o T.E. Shaw, no podía desprenderse de esa segunda etiqueta— dio importancia al visado como documento necesario para la entrada en un país. No hay que obviar que en 1918 muchos ciudadanos se acostaron austrohúngaros o rusos y se despertaron polacos, finlandeses, estonios o armenios. La Primera Guerra Mundial no incrementó precisamente la confianza vecinal.
Lawrence de Arabia
“No he negado ni confirmado nunca hasta ahora ninguna noticia, verdadera o falsa, publicada sobre mí”
Y eso es exactamente lo que lamentaba Lawrence de Arabia, en particular y en una carta que testimonia su decepción, y que sale a subasta esta semana en Freeman's, una casa de apuestas de Chicago (EE.UU.), a un precio de salida de 750 dólares (640 euros).

La carta, del 22 de octubre de 1932, tiene como destinatario a Montague Monty Shearman, abogado del Foering Office Británico vinculado entonces a la Royal Air Force, además de notable coleccionista de arte. En ella Lawrence de Arabia expone sus dificultades para viajar y agradece la influencia de Shearman en la aparición de un desmentido en la Agencia Wolff sobre una noticia publicada, perjudicial para sus intereses arqueológicos, sobre su actividad. “Tampoco he negado ni confirmado nunca hasta ahora ninguna noticia, verdadera o falsa, publicada sobre mí. Parece una lástima empezar a hacerlo ahora”, dice Lawrence, que firma como T.E. Shaw.

Los esfuerzos de Shearman han sido, no obstante, vanos en la mejora de la situación de Lawrence/Shaw. “Desde mi punto de vista personal, no deja de ser bastante triste que mi reputación sea tal que Francia, Alemania, Rusia, Persia, Turquía, India y Egipto me nieguen la entrada. No sé qué ocurre con Italia y los Estados Unidos: quizá ellos no tengan miedo”, escribe.
Lo doloso para Lawrence es el veto a acceder al Hiyaz (y especifica: “Asia Menor, Siria, Mesopotamia, el valle del Nilo”. Sin acceso a ese oasis de la arqueología — “Me está ahora enteramente vedado”— esconde otro tipo de frustración. Fue esa región de la península arábiga, donde se encuentran La Meca y Medina, el epicentro de la Revuelta Árabe contra el Imperio otomano iniciada en 1916. Y fue allí actuó T. E. Lawrence, Lawrence de Arabia, como oficial de enlace británico junto a las fuerzas árabes del jerife Husayn y de su hijo Fáisal.

Lawrence participó especialmente en operaciones de guerrilla y sabotajes contra el ferrocarril del Hiyaz, una de las principales vías de comunicación otomanas. De una parte, es entendible que ese terreno esté vedado al revolucionario. De otra, es terrible para un arqueólogo no poder volver a pisar el principal nutriente de su trabajo. “Es una buena advertencia para cualquiera que sea como yo: que no sobrepase los logros normales, si aprecia su integridad”, escribe Lawrence.
Lee también
Lawrence concluye la misiva pidiendo a Shearman que agradezca a Sir Robert Vansittart sus esfuerzos en aliviar su situación. Vansittart era, en 1932, el máximo funcionario permanente del Foreign Office británico, y habría intervenido o intentado intervenir en favor de Lawrence para solucionar sus problemas para viajar al extranjero y obtener visados.
Desde la escritura de la carta hasta su muerte, Lawrence de Arabia no volvió a salir del Reino Unido. Continuó en la RAF, primero en Mount Batten, en Plymouth, y posteriormente en Felixstowe, donde trabajó en el desarrollo de embarcaciones rápidas de rescate. En febrero de 1935 dejó el servicio y se retiró a Clouds Hill, la pequeña casa que poseía cerca de Bovington, en Dorset.
El 13 de mayo de 1935, pocas semanas después de su retiro, Lawrence sufrió un accidente cuando regresaba a Clouds Hill en su motocicleta. Sufrió graves lesiones en la cabeza y permaneció seis días inconsciente hasta su muerte, el 19 de mayo, a los 46 años. Fue enterrado el 21 de mayo en el cementerio de Moreton, en Dorset.
Para la historia, T.E. Lawrence —o T. E. Shaw— quedó como Lawrence de Arabia. Un hombre que, sin duda, sobrepasó los logros normales. Y que pagó el precio de su integridad.

Javier Dale Becedóniz (Santander, 1975) es periodista. Tras ser coordinador de contenidos del fin de semana en La Vanguardia (edición digital), fue Jefe de Redacción en Newtral.es y portadista en ABC