Qué subidón, ganar un Mundial. Días después, uno sigue encontrando en las aceras restos desperdigados de oxitocina, de esa hormona de la felicidad compartida de cuya producción industrial hacemos bien en recelar. Ganar un Mundial es de las formas menos peligrosas de darnos un chapuzón colectivo de autoestima y también la más automática de aplicar el principio fundacional del utilitarismo: La mayor felicidad para el mayor número de personas. Qué pensaría su autor, el dieciochesco Jeremy Bentham, ante esta aritmética futbolera del bienestar. Siendo subrogada, la felicidad de ganar un Mundial tiene el don de la explosividad, sobre todo cuando hay una prórroga por medio, a pocos minutos de los penaltis, con los miocardios a pleno rendimiento. Una felicidad estruendosa y liberadora, inmerecida por el ciudadano común, ajena a los manuales clásicos, de la calidad de una escopeta de feria o de una piñata al romperse, pero una felicidad memorable de las que nunca se olvidan, de las que obran el milagro de aliviar por unos días los dolores de articulación de una sociedad polarizada. Quizá esta es la mayor felicidad simultánea a la que pueden aspirar los países que no son los primeros en poner un pie en la Luna y echarlo por la tele. ¿Cuántas veces sobre este territorio tantas personas habrán sentido al mismo tiempo similar alegría como al meter un gol Iniesta o Ferran Torres? ¿No es algo histórico, reseñable en la Historia de la Felicidad, patrocinada por Coca-Cola? Busquen un acontecimiento parecido en términos de utilitarismo benthamniano, de felicidad al peso, que no lo encontrarán.

¿A qué viene todo esto? Tras este verano en Nueva Yol y de pausas de hidratación comercial, ya queda casi todo comentado en el ámbito deportivo, político, social e incluso económico. Piergiorgio M. Sandri ya habló aquí de la relación entre el fútbol y la economía, y aquí del negocio de los mundiales. Quizá solo quede reseñar un importante detalle que ha escapado a todas las crónicas, del que se da cuenta en el último párrafo. Y ya que esta newsletter está dedicada a las empresas, quizá sea el momento propicio para hablar de las que disputan las grandes competiciones. Porque hay un ramillete de ellas en los primeros puestos a nivel internacional, aunque no sean demasiadas. ¿Cómo les va a estas grandes corporaciones en sus exigentes campeonatos globales? Estas semanas ha habido novedades.

Empecemos por el gran mundialista español, el grupo gallego Inditex. Esta semana, Bank of America elogiaba en un informe su plan de inversiones, que garantizará el crecimiento hasta el fin de la década. Decir Inditex es hablar también de un modelo de negocio en movimiento constante, al que los astrólogos empresariales perciben como un arcano de cadenas logísticas y zahoríes de tendencias. Sus directivos ofrecen señales menos esotéricas: eficiencia, velocidad, inversión, mover mucho la pelota, controlar el partido, encontrar los huecos. El campeón del negocio de la moda sumó en su último año fiscal gracias a marcas como Zara, Pull&Bear, Massimo Dutti o Bershka unos 40.000 millones de ingresos, casi tanto como la suma de sus competidores H&MUniqloGap y Primark. Capitaliza en bolsa cerca de 170.000 millones. Sus beneficios anuales superan los 6.000 millones de euros.

La compañía opera en un negocio muy exigente, en el que las tendencias cambian a toda velocidad, los imitadores son legión y los gustos van por barrios y por redes sociales. Maite Gutiérrez describe aquí el momento actual para el sector, marcado por la zozobra en la moda de masas, en la que grupos como H&M luchan contra un estancamiento de las ventas. ¿Cuál está siendo la respuesta de Inditex? Con presencia en 215 mercados y en un negocio muy fragmentado en el que es difícil alcanzar elevadas cuotas, el grupo está invirtiendo alrededor de 3.000 millones de euros al año hasta el 2030 para ampliar su presencia geográfica, su número de tiendas y su cuota de mercado, apoyado también en la tecnología, IA incluida. Pone los ojos y las luces led en cada acera mientras opera una plataforma global. Su consejero delegado, Óscar García Maceiras, hablaba en la reciente junta de accionistas de la necesidad de crecer ”proyecto a proyecto”.

Días antes, en un encuentro organizado por el Icex, el propio Maceiras apuntaba dos ideas acerca de la exigencia de este negocio. Aparecen aquí. Uno: no hay, según dijo, país en el que la compañía no haga inversiones cada año para la mejora de su imagen o tecnología. Inditex tiene por cierto cerca de 5.500 tiendas en todo el mundo. Dos: dará la batalla en el mercado más exigente, el de Estados Unidos, donde quiere alcanzar las 111 tiendas este año pese a los famélicos márgenes de aquel mercado. Por cada 100 dólares ingresados en este país, el grupo solo se queda 50 centavos en beneficio. A todo esto, en su último informe anual Inditex ofrece algo de información acerca de sus ocho fábricas españolas, sin detallar el porcentaje de producción en el exterior, en el que identifica Bangladés como clúster clave de producción.

Óscar García Maceiras, consejero delegado de Inditex 

Óscar García Maceiras, consejero delegado de Inditex Ep

Iberdrola también juega finales. La compañía es la mayor eléctrica cotizada de Europa y la segunda del mundo, solo por detrás de la estadounidense NextEra Energy. Su negocio se ha centrado en los últimos años en las redes eléctricas y en las renovables, dos actividades con fuerte componente regulatorio, con retornos predecibles, sobre todo en el primer caso y cuando las inversiones se orientan a países como Estados Unidos y Reino Unido. Mientras batalla en los tribunales con el trumpismo por sacar adelante sus parques eólicos y tiende nuevas interconexiones eléctricas en Estados Unidos, insiste en el modelo que tanto éxito le ha dado en los últimos años. Todo ello tras distanciarse de los ciclos combinados de gas y vender su negocio en México a la empresa presidida por Enrique Riquelme. En España pugna por la ampliación de la vida de las centrales nucleares en España, disputa que se libra hito a hito, expediente a expediente, incluido el del CSN a favor de la prórroga de Almaraz.

Esta semana mundialista ha habido importantes novedades en torno a Iberdrola, que ha anunciado una de las mayores operaciones del año, por 5.000 millones de euros. Consiste en la compra del 80% de la mayor distribuidora de electricidad de Finlandia, Caruna, de lo que informa Pilar Blázquez. ¿Por qué cuesta tanto? Esta empresa gestiona 89.000 kilómetros de cables, buena parte de ellos soterrados. Las renovables exigirán también en este país nórdico un esfuerzo adicional en redes. Para Iberdrola, la empresa finlandesa será el combustible que eleve de forma adicional cada año un 7% sus beneficios. Por cierto, los países nórdicos están de moda para las empresas españolas. Allí, Audax, de José Elías, ha lanzado una opa de 400 millones por una comercializadora, la noruega Elmera, aunque la operación tiene pocas opciones de salir adelante ante la presentación de ofertas competidoras.

Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola 

Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola LV

Otro de los mundialistas españoles es ACS, que gana en los ranking de constructoras. Es líder internacional apoyado en varias filiales, sobre todo la estadounidenses Turner, la alemana Hochtief y la australiana Cimic, concesiones de Abertis al margen. La compañía tiene a Florentino Pérez y Criteria como principales accionistas y también ha ofrecido novedades estos meses. La más interesante es su ampliación de capital de 1.800 millones para, con apoyo de los inversores, invertir con fuerza en los centros de datos. Es una muestra de que se encuentra centrada en las infraestructuras del momento, incluidas las relacionadas con las baterías de coches eléctricos, la sanidad, la defensa o los minerales críticos. Hay que equipar el nuevo mundo. Por cierto, como comenta aquí Paula Solanas, ACS estudia hacerse con una participación mayoritaria del grupo tecnológico catalán Openchip al tiempo que forma parte de las empresas que impulsan el proyecto de gigafactoría de IA de Móra la Nova, en Tarragona.

Otra de las actividades compulsivas de ACS ha sido la de levantar estadios en Estados Unidos. De fútbol americano, de béisbol o incluso de los que han acogido el Mundial. El grupo ha construido o remodelado cinco de las sedes del campeonato, de estos colosos que tanto han asombrado en las retransmisiones televisivas con sus pantallas, graderíos y capotas retráctiles. La presencia de las constructoras españolas en Estados Unidos es muy notable. Destaca también Ferrovial, que construye la nueva terminal del aeropuerto JFK de Nueva York y que incluso ha propuesto levantar un nuevo aeropuerto de cerca de 12.000 millones de dólares en Washington, el Donald J. Trump International Airport, como han propuesto bautizarlo los republicanos.

El presidente de ACS, Florentino Pérez 

El presidente de ACS, Florentino Pérez Ep

Queda otro gran mundialista español, el Santander. Aparte de ser uno de los bancos sistémicos globales, es la mayor entidad cotizada de Europa. Su posición es más modesta en la clasificación internacional, en la que ocupa el decimocuarto puesto. El escaso peso relativo de los bancos europeos en estos rankings es un elemento que denuncian los defensores de corporaciones europeas de mayor tamaño, incluido el BBVA. Entre grandes retos tecnológicos, sobre todo el relacionado con la IA, Ana Botín ha emprendido junto al sector una cruzada contra la densidad normativa en Europa. Las normas, asegura, equivalen a “cien veces el Quijote”. La Comisión Europea está por la labor de simplificar un negocio sobre el que pululan fantasmas del pasado. ¿Dónde acaba la simplificación y dónde empieza la desregulación?

El Santander se encuentra inmerso estas semanas en la mayor operación del año realizada por una corporación española, la compra del banco estadounidense Webster Bank. Pondrá 9.000 millones de euros para ganar tamaño en un mercado muy exigente, en el que solo es posible competir con economías de escala. Si el BBVA se retiró del país tras recibir una buena oferta, el Santander ha decidido emprender el camino contrario y apostar por un banco de Connecticut que cimente su ofensiva online a través de Openbank. El breve encuentro de Botín con un influencer en el Mundial en el que intentó convencerle de que se abriera una cuenta en Openbank es una muestra del esfuerzo comercial. Esta semana por cierto el Santander ha recibido el visto bueno del BCE para comprar Webster Bank y en unos meses espera lograr el plácet de la Reserva Federal. Lo hace mientras digiere la reciente compra al Sabadell del británico TSB por 3.000 millones y gracias a la pólvora de la venta de su negocio en Polonia por unos 6.000 millones. Una gran reordenación del perímetro.

Las dos grandes operaciones del Santander se suman a la anunciada esta semana por Iberdrola. Suman 17.000 millones dirigidos a esos países de la OCDE que concentran las apuestas inversoras. Y si se añaden los 1.800 millones de ACS, el importe ronda los 20.000 millones. El nuevo friendshoring de los tiempos de autonomía estratégica sigue mirando a Estados Unidos y deja algo más de lado por ahora Latinoamérica, pese a los nuevos lazos comerciales en torno a Mercosur. Las operaciones de este año, pese a la guerra en Irán, están a la altura de la gran oleada de adquisiciones previa a la crisis del 2008.

Ana Botín y Juan Roig saludan al influencer IShowSpeed en el Mundial 

Ana Botín y Juan Roig saludan al influencer IShowSpeed en el Mundial LV

En fin, estos son los grandes mundialistas. Hay además otras compañías españolas que figuran entre los líderes mundiales de sus respectivos negociados. Están los hoteles de Meliá, la plataforma tecnológica de reservas de Amadeus, las pastas de Ebro Foods, los envoltorios cárnicos de Viscofan, los hemoderivados de Grifols, las piscinas de Fluidra o las cerámicas de Porcelanosa. Incluso Puig estuvo a punto de alumbrar este año junto a Estée Lauder el segundo grupo mundial de la cosmética y perfumería, como comenta aquí Elisenda Vallejo. Las negociaciones se desarrollaron por cierto en la misma ciudad en la que España disputó la final. Como diría Mariano Rajoy, Nueva Yol está muy bien, aunque no tiene neoyorquinos.

Nada más. Tras el confeti de felicidad colectiva de estos días, solo queda cumplir con el segundo párrafo y dejar constancia de un trascendente fenómeno que con mucho supera en importancia toda la actividad económica de las empresas: el peinado de los futbolistas. No solo en el autobús de la rúa, sino también entre el público agolpado e insolado era posible observar una comunión estética, la de este rapado hemisférico a la altura del lóbulo occipital con degradado incluido resuelto en tazón. El corte de pelo de moda se llama low fade y ojalá en el futuro, cuando los cineastas recreen lo ocurrido estos días, tengan la decencia de adornar a los extras con él. Low fade significa degradado bajo, como el degradado de las defensas rivales que intentaron detener sin éxito el hostigamiento de la selección española. Cucurella y sus rizos no son más que la excepción que confirma la regla del low fade. No confundir con lawfare. La felicidad era eso, Jeremy Bentham, el mayor low fade para la máxima cantidad posible de gente.

Esta newsletter hace su propia pausa de hidratación hasta la segunda semana de septiembre. Si España ha logrado meter goles entre abigarrados jugadores caboverdianos, uruguayos, franceses y argentinos, le animamos a encontrar el pase y el hueco en la playa o en el pueblo, de hallar el lugar donde extender la toalla y clavar el banderín de córner vacacional, como este otro banderín tronchado de una patada por la euforia de Ferran Torres, el banderín de la felicidad desatada.

Otros titulares de la semana

Josu Jon Imaz, consejero delegeado de Repsol

Josu Jon Imaz, consejero delegeado de RepsolDani Duch / Propias

Repsol, “muy preocupado” con los problemas de suministro de queroseno este verano, informa aquí Pilar Blázquez.

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Iñaki De las Heras

Redactor de la sección de Economía y Empresas de La Vanguardia. Licenciado en Periodismo (UCM) y en Psicología (UNED). Ha trabajado en Europa Press y en Expansión