Nos llamaron racistas, tramposos, violentos y matones. Y la respuesta del kirchnerismo fue: “Bueno, no nos gusta. Pero está Milei”.

Jonatan Viale

23 de julio 2026, 20:46hs

El kirchnerismo, en lugar de salir a cruzar a los anti-Messi y a los anti-Argentina, aprovechó para defenestrar al gobierno de Milei. (Foto: Presidencia)

El kirchnerismo, en lugar de salir a cruzar a los anti-Messi y a los anti-Argentina, aprovechó para defenestrar al gobierno de Milei. (Foto: Presidencia)

Está claro que en estos días hubo una poderosa campaña anti-Messi y anti-Argentina. El técnico de Egipto nos trató de “ladrones”. El alcalde de Nueva York dijo que habíamos “asaltado” a Egipto. La actriz Mia Khalifa dijo: “Ahora soy una egipcia más”. El actor Samuel L. Jackson nos trató del país “más racista del planeta”. El periodista británico Piers Morgan dijo que los argentinos somos un grupo de “matones, violentos y desagradables”.

Ahora bien, pasó algo muy interesante. El kirchnerismo, en lugar de salir a cruzar a los anti-Messi y a los anti-Argentina, aprovechó para defenestrar al gobierno de Milei. De hecho, en el programa de Rosemblat llamaron a colgarlo de la Plaza de Mayo.

Qué lindo esto de colgar gente en la plaza. Ideas republicanas y civilizadas. El origen moderno de la horca son los juicios de Salem, en el año 1600: varias mujeres acusadas de brujería, ahorcadas y quemadas en las plazas de Massachusetts. Pero el kirchnerismo tiene un viejo sueño húmedo con colgar gente en la plaza. “Pata” Medina había pedido colgar en la plaza a Mauricio Macri. Y Luis D’Elía había pedido “fusilar en el paredón” al mismo Macri. Colgar, fusilar, matar. Gente que promueve la convivencia con el otro.

Esto es lo que el filósofo alemán Carl Schmitt denominó como “matriz amigo/enemigo”: la misión de la política es identificar al enemigo, y ese enemigo debe ser marcado, perseguido y eliminado. En esa doctrina se amparó el kirchnerismo para recuperar la grieta a partir de 2008, con diferentes enemigos: el campo, la clase media porteña, Clarín, Estados Unidos, Techint, Mercado Libre, Lanata, la Corte Suprema, la Sociedad Rural, el juez Bonadío, Mauricio Macri, Javier Milei y hasta Lionel Messi.

Acá tenés un ejemplo bien concreto. El sociólogo Pablo Alabarces dijo en el programa de Tenembaum y O’Donnell: “Milei es fascista. Yo con los fascistas no quiero conversar”. Espectacular. Porque acá tenés cómo funciona la peligrosa lógica del kirchnerismo: el fascismo no corre en la democracia, Milei es fascista, hay que echar a Milei.

Axel Kicillof tiene el mismo discurso: “No me gusta la campaña anti-Argentina. Nosotros somos buenos. Pero Está Milei. Y Milei no contribuye. Y bueno, por algo será que nos pegan tanto”. (Foto: prensa Axel Kicillof)

Axel Kicillof tiene el mismo discurso: “No me gusta la campaña anti-Argentina. Nosotros somos buenos. Pero Está Milei. Y Milei no contribuye. Y bueno, por algo será que nos pegan tanto”. (Foto: prensa Axel Kicillof)

Pero Rosendo Grobo le explicó algo muy simple: Milei puede gustarte o no, pero siempre jugó bajo las reglas de la democracia. En 2021 fue diputado con el 17%. En 2023 ganó las elecciones presidenciales en balotaje con el 56% de los votos. En 2025 ganó las legislativas en 16 de las 24 provincias. De vuelta: te puede gustar o no su gobierno, te puede gustar o no lo que pasó con ANDIS, con Libra, con Espert, con Adorni. Pero no por eso podés meterlo en la categoría de “fascista”. Porque al fascista estás obligado a echarlo de la democracia. Porque el fascismo es la eliminación del otro, la censura, la persecución sistemática, la proscripción de partidos, la violencia política, el exterminio de etnias.

Pero hay algo peor. Siguen apareciendo voces que, en lugar de defender a Messi y a la Argentina, terminan justificando la campaña anti-Argentina. El nuevo discurso que bajan ahora es: “No me gusta que nos peguen. No me gusta que nos digan cosas feas. Pero bueno, está Milei”. O sea: “La chica llevaba la pollera demasiado corta”. “Por algo será que nos pegan tanto”. Argentinos justificando que extranjeros nos hagan pelota.

Lo mismo hizo el gobernador Axel Kicillof. El mismo discurso: “No me gusta la campaña anti-Argentina. Nosotros somos buenos. Pero Está Milei. Y Milei no contribuye. Y bueno, por algo será que nos pegan tanto”.

Repito: nos dijeron soberbios, mal educados, racistas, tramposos, delincuentes, sucios, malos ganadores, malos perdedores, detestables, prepotentes. Y la respuesta del kirchnerismo en los medios es: “Bueno, no nos gusta. Pero recordemos que está Milei”.

Con ese criterio infantil del kirchnerismo, podríamos decir: “Bancamos a Argentina, pero recordemos que tuvimos a un presidente racista”, el que hablaba de los bolivianos y los mexicanos. Pero no se nos ocurrió decir eso. (Foto: AFP/Juan Mabromata).

Con ese criterio infantil del kirchnerismo, podríamos decir: “Bancamos a Argentina, pero recordemos que tuvimos a un presidente racista”, el que hablaba de los bolivianos y los mexicanos. Pero no se nos ocurrió decir eso. (Foto: AFP/Juan Mabromata).

Con ese criterio absurdo acá podríamos decir: “Bancamos a Argentina, pero no olvidemos que está la ladrona de Cristina”, que le hizo comprar a su secretario privado 145 inmuebles en Argentina, Miami y Nueva York. Pero no se nos ocurrió decir eso. También podríamos decir: “Bancamos a Argentina, pero tuvimos como ministro de Economía a Sergio Massa, que repartió a sus amigos financistas 7.000 millones de dólares con las SIRA.” Pero no se nos ocurrió decir eso. Con ese criterio infantil podríamos decir: “Bancamos a Argentina, pero recordemos que tuvimos a un presidente racista”, el que hablaba de los bolivianos y los mexicanos. Pero no se nos ocurrió decir eso.

Por eso: a mí, como argentino, si atacan a mi país, a mi Selección, a mi capitán, a mi líder, a mi ídolo, a mi pueblo, a mi sociedad, a mis costumbres, a mi tierra, a mi familia, no se me va a ocurrir empezar a hablar de Cristina o de Massa o de Alberto. Pero lo primero que le ocurrió a Kicillof y al periodismo K fue decir “ah, pero Milei.” ¿Eso qué muestra? Que no son patriotas. Que no les importa el país. Que no les importa la gente. Que solo les interesa el carancheo, la rosca y la ventajita.

Por eso permítanme dudar sobre el origen de esta campaña brutal que incluye periodistas, influencers, el Partido Demócrata de Estados Unidos, el Partido Socialista de España, actores woke de Hollywood, militantes de la causa palestina y músicos de la progresía. Un caboverdiano que llegó a los 13 años al país y fue futbolista profesional dijo en TN que nunca, en 52 años viviendo en la Argentina, tuvo una experiencia de racismo. Pero un investigador del CONICET que estaba a su lado insistió: “Bueno, él no. Pero Argentina sí es racista”. El tipo que vino de Cabo Verde tiene pleno agradecimiento hacia la Argentina y dice que nunca en su vida tuvo un problema por su color de piel. El científico del CONICET insiste con marca en que somos una sociedad racista.

Obviamente que hay micro-racismos. Obviamente que hay clasismo y elitismo, como en todo el mundo. Pero si hay un problema estructural que no tenemos en Argentina, es el racismo sistémico. Nunca se buscó acá una raza pura como en Alemania. Nunca se colonizó medio continente como hizo Francia. No hubo esclavos negros como sí tuvo Portugal o España. No tenemos segregación racial como sí la tiene Estados Unidos.

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Pero hay sectores del progresismo argentino que, misteriosamente, contribuyen a esta campaña anti-Argentina. Para sacar ventaja política. Porque los puede más el odio a Milei o a Macri o a la derecha que el amor por el país.

Cada vez que tenemos la posibilidad de sacar adelante este país hermoso, nos dejamos psicopatear y manipular por esta gente que tanto daño nos hizo. Tenemos el octavo país más grande del mundo, la mayor reserva de agua dulce del mundo, enorme producción de alimentos, soja, maíz, trigo, carne vacuna, Vaca Muerta, litio, cobre, oro, plata, más de 5.000 kilómetros de costa marina, la Cordillera de los Andes, la Patagonia, las Cataratas del Iguazú, el Delta del Paraná, los cuatro climas, excelente educación universitaria, producción de satélites, teatro de prestigio internacional, el tango, el rock argentino, el asado, el mate. Y encima, tenemos a Messi y a Maradona.

No me van a poder convencer de que Argentina es un país de mierda. Y de ninguna manera pienso dejar pasar que el kirchnerismo se haga el distraído con la campaña anti-Argentina. Porque el coro del odio siempre grita desde afuera. Lo que más preocupa son los que tiran piedras desde adentro.

Opiniones libres; hechos sagrados.