¿Alguna vez te pusiste a pensar en que los problemas de pareja no siempre vienen de ideas erróneas, sino sobre lo que en verdad implica el amor? En muchas ocasiones, hay quienes tratan este afecto como una mercancía que se puede dar, recibir e intercambiar, sin pensar que requiere esfuerzo, práctica y voluntad para que salga adelante. En su libro más famoso, “El arte de amar” (publicado en 1956), el psicoanalista Erich Fromm aborda cómo las personas ven el amor desde la perspectiva del amado y no desde la capacidad de amar. De ahí sale una de sus frases más importantes que es “el amor es un acto de fe, y quien tenga poca fe también tiene poco amor”. Entendamos en esta nota lo que quiere expresar.
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El amor es un acto de fe porque no existen garantías en la relación
Amar a otro significa comprometerse totalmente y hacerlo sin pedir nada a cambio, confiando ciegamente y hasta con fe sin saber lo que pasará. Para el también filósofo, actuar con amor requiere de la convicción y en la confianza de cada persona en su capacidad para despertar amor en el otro.
Y es que, amar no ofrece seguridad matemática ni contratos infalibles; significa comprometerse con otra persona y con la propia capacidad de amar sin saber de antemano cuál será el resultado.

Es importante diferenciar entre controlar y poner límites. Una relación sana no consiste en aceptar cualquier cosa en nombre del amor. (Foto: cottonbro studio / Pexels)
No es fe ciega, sino un acto de valentía
Erich Fromm no habla de una creencia irracional o supersticiosa, sino de una convicción racional anclada en la propia fuerza interior, en la potencialidad del ser humano y en la firmeza del carácter para sostener el vínculo.
De esta manera, requiere de mucha valentía y de asumir la vulnerabilidad, el riesgo de ser rechazado o herido, y la decisión activa de apostar por el crecimiento del otro por encima del miedo.
Además, el psicoanalista resalta que el amor no es un sentimiento pasivo en el que uno «cae» por suerte, sino una facultad activa que exige disciplina, paciencia, concentración y un ejercicio constante de la voluntad.

Para poder lanzarnos a esa fe de la que habla Fromm, es esencial quererse primero a uno mismo, tenernos en buena estima. (Foto: Ludovic Delot / Pexels)
/ LUDOVIC DELOTNo se trata de una fe ciega ni de confiar sin criterio
Andrea Vicente, psicóloga sanitaria especialista en relaciones afectivas, autoestima y gestión emocional, explicó a ‘Hola!’ que “‘el amor es un acto de fe’ no se refiere a una fe ciega ni a confiar sin criterio. Habla de la capacidad de apostar por una relación sin tener garantías absolutas de lo que ocurrirá mañana”.
Para la experta, comenzar una relación y mantenerla es creer que esa persona no nos va a traicionar, pero dado que se trata de alguien libre (o al menos debería serlo, para poder confiar en que su amor es auténtico), podría actuar en nuestra contra si así le apeteciera. No hay una certeza absoluta de que no vaya a hacerlo, únicamente nos queda tener fe.
“En consulta veo muchas personas que quieren asegurarse de que nunca les harán daño antes de entregarse (…) pero esa certeza no existe. Amar implica aceptar un cierto grado de incertidumbre. Es confiar en que la otra persona actuará desde el compromiso, sabiendo que ambos son humanos y pueden equivocarse (...) Es una decisión consciente de construir una relación sin intentar controlar todo lo que no depende de nosotros”, agregó.
Vicente agrega que muchas personas “buscan señales, pruebas o certezas de que la pareja nunca cambiará o nunca fallará. Pero ninguna relación puede ofrecer eso (…) Lo único que podemos garantizar es el compromiso que cada uno decide poner en la relación día tras día”.
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SOBRE EL AUTOR
Periodista con más de 15 años de experiencia. Actualmente, Coordinadora de Nuevas Audiencias en el Grupo El Comercio (Lima, Perú). Escribo sobre temas de interés en EE.UU., bienestar personal y salud mental.
