Parecía ser una tarde más para Brian Muñoz, Mario Calfulén y José Gallardo desde que salieron de Manzano Amargo. Una tarde más en la rutina de lo extraordinario del norte neuquino, porque iban por la Ruta Provincial 54, una maravilla de apenas 95 km que avanza entre montañas, puestos de veranada y picos nevados mientras la traza bordea el Neuquén, el río que pasa cristalino desde que nace 50 km aguas arriba como un hilito que baja de la montaña y después suma otros hilitos y arroyos y ríos para dar vida a un caudal cada vez más potente. Es un tesoro de la Patagonia que de a poco deja de ser el secreto mejor guardado.

Imagen de Épica aventura en una joya escondida de la Patagonia:  hicieron cumbre en el cerro Corona y lo bajaron esquiando
El lugar donde nace el río Neuquén. Foto: Brian Muñoz.

Vista de Manzano Amargo. Foto: Brian Muñoz.

Aquí practican escalada y rappel.

Ellos tres iban a El Panteón, un espacio habilitado para escalar y hacer rappel, una técnica de descenso por superficies verticales para las que utilizan cuerdas y equipo especializado. Estacionaron el auto, bajaron las mochilas y se prepararon para trepar esos paredones de rocas de basalto volcánico de unos 25 metros de altura.

Fue entonces cuando la vieron.

La hembra juvenil se posó en esta roca.

Conocedores de la zona y sus habitantes, enseguida supieron que por el tamaño y el tono del pelaje era una hembra juvenil de cóndor, de cara más alargada y aún sin la cresta, el plumaje más oscuro y las alas y el cuello blanco que tendrá cuando crezca. Esa hermosa pichona los miró con curiosidad, pero no pareció asustarse. Solo los miraba mientras ellos la miraban.

Unos segundos después levantó vuelo y empezó a planear. Parecía que iba a cruzar el río, pero cuando pensaban que se alejaría, giró hacia la izquierda para posarse con toda su deslumbrante belleza sobre una roca a apenas tres metros de ellos, que se quedaron inmóviles, con miedo de asustarla.


A tres metros de la hembra juvenil de cóndor. Foto: Brian Muñoz.

Se acercó ella hasta nosotros, No lo podíamos creer, rara vez pasa una cosa así, no entendíamos nada -dice Brian. Sorprendidos, la fotografiaron y filmaron mientras ella permanecía allí, tranquila con tres humanos a tres metros.

-Al ratito apareció un condor macho adulto de cuello blanco -agrega Brian. Y cuenta que después otras hembras más se sumaron. Enseguida todos los cóndores volaron y ellos se fueron a hacer escalada y rappel. Y que cada tanto, la bandada sobrevolaba los paredones donde ellos practicaban. «No pudo haber sido una tarde más linda», dice Brian.