Escalandrum llega este sábado al Teatro Ópera (58 entre 10 y 11) para presentar “Piazzolla 74”, su homenaje a los dos discos que Astor Piazzolla grabó en Italia hace medio siglo. El año que eligió el grupo no es uno cualquiera: en 1974, en Milán, Piazzolla grabó “Libertango”, el disco que lo puso en las vitrinas de todo el mundo, y “Reunión cumbre”, un encuentro con el saxofonista estadounidense Gerry Mulligan que cruzó de manera explícita el tango con el jazz. Un disco que se volvió leyenda y otro que funciona casi como el manual de lo que Escalandrum viene haciendo desde 1999.
“Reunión cumbre es un disco al que tuvimos acceso de muy jóvenes, sobre todo los vientistas del grupo, y es una música que nos gusta desde la adolescencia, tal vez desde la infancia”, cuenta el saxofonista tenor Damián Fogiel. “El repertorio es espectacular, y es una gran excusa para tocar temas de Astor que no se tocan tanto en el mundo”. Entre ellos, “Años de soledad”, “Cierra tus ojos y escucha” y “Deus Xango”.
Con “Libertango” el desafío era el inverso: cómo volver sobre la pieza de Piazzolla más versionada, junto con “Adiós Nonino”, que el propio grupo ya había grabado en “Piazzolla plays Piazzolla”. La respuesta la encontró el saxofonista alto Gustavo Musso, que propuso llevarla a un compás de 7/4 y cruzarla con “Vayamos al diablo”, otro tema de Astor. “Hay mucha gente que toca Libertango sin saber que es de Piazzolla. Se toca en escuelas, la tocan músicos callejeros. Se fue convirtiendo en un clásico universal, y es paradójico, porque dicen que Astor lo escribió en muy pocos minutos”, dice Fogiel.
“Para mi abuelo el Colón siempre fue lo máximo. Su sueño era ser compositor de música clásica”
Pipi Piazzolla, Escalandrum
Para abordar el diálogo con Mulligan, el sexteto descartó imitar al bandoneón. “Lo hicimos con un enfoque más jazzístico, respetando el swing que le es tan característico al saxo y llevando esa manera de tocar a las melodías de Astor”, explica. Y agrega que Piazzolla “es un antecedente de cualquier cosa que se te ocurra”: en su obra confluyen la formación clásica, los años en Estados Unidos, el contacto con Gardel y el jazz.
Viajar al 74
El proyecto nació de una propuesta del Teatro Colón, donde el grupo estrenó el repertorio y lo registró en vivo para un disco que está a punto de salir. Para Daniel “Pipi” Piazzolla, nieto de Astor, baterista y director del grupo, la sala tiene un peso propio: en 1983 acompañó a su abuelo al concierto que dio allí, y esa noche Astor le escribió en el programa de mano que sentía que había triunfado. “Para mi abuelo el Colón siempre fue lo máximo. Su sueño era ser compositor de música clásica”, recordó.
Antes de llegar a La Plata, el sexteto (completan la formación Nicolás Guerschberg en piano, Mariano Sívori en contrabajo y Martín Pantyrer en clarinete bajo) llevó el material a Resistencia, Posadas, Rafaela, San Francisco y Bolivia. En el camino superó los mil conciertos en 27 años con su formación original. “En un país donde es difícil que los proyectos perduren, nos llena de orgullo mantener el grupo junto y andando”, dice Fogiel.
¿Y el tango, que parece volver a sonar entre los jóvenes? Fogiel no sabe cuánto pesa ese regreso frente al mainstream, pero lo celebra: “Es una música con componentes que no están muy de moda, como la melodía, el ritmo y la armonía. Que aparezcan donde hacen música los jóvenes me parece muy sano”.
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